En defensa del neoliberalismo
 

Cuba: una nueva época

 

ADOLFO RIVERO CARO


Aunque no resulte evidente, la Cumbre de los Disidentes, como la han calificado algunos periodistas extranjeros, ha creado en Cuba una situación radicalmente nueva.. Se empieza a reconocer que en la isla existe una oposición de masas con derecho a optar por el poder. Es posible que esta afirmación pueda parecer exagerada e, inclusive, grotesca. No lo creo, e invito a mis lectores a reflexionar sobre el asunto.

Los regímenes totalitarios no son omnipotentes aunque lo parezcan y trabajen infatigablemente para convencernos de que lo son. La dictadura cubana, es un buen ejemplo, encabezada por un caudillo iracundo, no ha sido capaz de liquidar a la disidencia. Y la disidencia no solo sobrevive. En los días de la Cumbre, Castro tuvo que tomar duras medidas represivas para impedir la celebración de un congreso de campesinos independientes. Es decir, que la oposición no solo sobrevive sino que crece y se desarrolla. Ahora bien, si los disidentes -que solo pueden esperar persecución, hostigamiento y eventualmente cárcel- se cuentan por centenares si no por miles, ¿cuántos no habrá que piensen como ellos aunque no quieran arriesgarse como ellos? No parece arriesgado afirmar que en la isla existe una oposición de masas que la represión simplemente no deja manifestarse.

Si la dictadura no ha podido exterminar a la disidencia es por que ésta tiene profundas raíces populares. Este es la conclusión a la que llegaron los dirigentes extranjeros que fueron a La Habana para la Cumbre. Ellos no han inventado una oposición, simplemente la han reconocido. ¿Por qué lo han hecho precisamente ahora? Porque ir a Cuba, a reunirse con Castro cuando este hacia alarde de aplastar la disidencia y pisotear los derechos humanos era una actitud indigna y miserable. El exilio, el gobierno de Estados Unidos y los amigos del pueblo cubano jugaron un papel decisivo al denunciar furiosamente esa actitud en todos los medios de comunicación haciéndola políticamente incosteable. Sin esa disidencia tenaz, obstinada y de largo historial, no se hubiera podido hace nada. Pero sin la posibilidad de expresarse que la dictadura les niega y el exilio les garantiza, su batalla hubiera carecido de trascendencia política.

El extraordinario reconocimiento internacional que la oposición cubana alcanzó en la cumbre tiene un enorme efecto fortalecedor, del que ni ella misma se da plena cuenta. Este reconocimiento repercute significativamente sobre tres importantes sectores de la sociedad cubana. En primer lugar, sobre la nomenklatura cubana. Muy pocos, si alguno, de los dirigentes de esa nomenklatura se han reunido con mas jefes de estado e importantes dirigentes políticos que Gustavo Arcos, Elizardo Sánchez, Paya Sardinas o Héctor Palacios. ¿Qué estarán pensando estos dirigentes ahora? Serian bienvenidos en la disidencia.

La Iglesia, por su parte, ha menospreciado empecinadamente a los disidentes, empezando por Osvaldo Payá. Pero ahora muchos ministros del gobierno se quedaron sin conocer a Aznar mientras este conversaba cordialmente con el valeroso disidente católico. ¿Podrá la Iglesia seguir ignorando públicamente a Payá y al resto de la disidencia?  Quizás, pero no parecería prudente. Por consiguiente, el acercamiento entre la Iglesia y la disidencia, de enorme importancia estratégica, se ha hecho mucho más probable.

Y, por ultimo, aunque sea lo más importante, está el pueblo de la isla. El gobierno ha acusado a los disidentes prácticamente de malhechores. Pero ahora resulta que esos "malhechores" son usualmente estimados y distinguidos fuera de la isla. Tan es así que el gobierno ha mantenido el más estricto hermetismo sobre el papel que ha jugado la oposición en la cumbre.. Es lógico. ¿Qué sucedería si los disidentes se volvieran súbitamente populares?

Las detenciones, las palizas y la necesidad de recabar solidaridad con las nuevas víctimas van a volver. Pero eso no significa, bajo ningún concepto, que estemos regresando a la situación anterior. La nueva situación no tiene marcha atrás. Los gobiernos de España y América Latina han tomado un nuevo rumbo. Lo han hecho porque están hartos de los desplantes y de la brutal intransigencia de Fidel Castro, y porque se presento la coyuntura apropiada para que dieran el paso.

Porque, en definitiva, ¿qué es lo que mundo entero le esta pidiendo a Fidel Castro? ¿Que renuncie? ¿Que se ponga a la disposición de los tribunales? ¿Que desmovilice su ejército y su aparato represivo? ¿Que desmantele su partido y sus organizaciones? ¿Cuáles son esas "humillantes" condiciones que tanto lo indignan? Celebrar una elecciones o un plebiscito con supervision internacional? Eso lo ha hecho Mexico, El Salvador, Nicaragua, Chile, y Guatemala. ¿Liberar a los opositores que solo ha cometido "delitos de opiniones"? ¿Dejarlos que se organicen libremente? No se trata sino de derechos elementales, de condiciones mínimas. .

Los disidentes tienen que seguir luchando por hacerse conocidos y populares. La burocracia comunista -despótica, ignorante e ineficiente- ejerce una influencia destructora y corrosiva sobre prácticamente todos los aspectos de la sociedad cubana. Por consiguiente, la disidencia puede defender los intereses populares en todos los aspectos de la sociedad. No debe haber una sola causa popular donde la disidencia no este presente - sean las bibliotecas, los campesinos, la proteccion del medio ambiente o cualquiera de los innumerables problemas de la sociedad cubana. La oposición cuibana representa la autodefensa popular. Su misión histórica es impedir que la burocracia comunista termine de destruir al país. Es en esa lucha donde puede alcanzar el masivo reconocimiento, nacional e internacional, que ya está empezando a conquistar. En este sentido, la cumbre ha demostrado que la lucha no ha sido estéril y que, pese a la ferocidad de la represión, la oposición cubana se está conviritiendo, cada vez más, en una verdadera alternativa política.