En defensa del neoliberalismo
 

La internacional del terror

 

Adolfo Rivero


La semana que viene empieza en La Habana la X Reunión del Foro de Sao Paulo. No es casual que en su primera reunión después del 11 de septiembre, el foro sólo haya podido encontrar anfitrión en uno de los baluartes del terrorismo mundial. La agenda incluye ``una evaluación del trabajo desarrollado por el Foro desde su creación en 1990''. En efecto, tras la disolución del imperio soviético en la Europa del este y el colapso de la Unión Soviética, Fidel Castro y el brasileño Luis Ignacio Lula da Silva convocaron a todos los grupos guerrilleros y partidos de izquierda de América Latina a una reunión en la ciudad de Sao Paulo. Allí convino una abigarrada representación de asesinos, timadores, secuestradores y narcotraficantes que comprendía desde las FARC de Colombia y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional hasta los representantes de los Túpac Amaru (MRTA) del Perú. Todos devotamente instruidos por los teólogos de la liberación en los misterios del robo a mano armada como expresión de la caridad, y del tiro en la espalda como forma de amor al prójimo. Casi 40 años antes, Fidel Castro había organizado la Conferencia Tricontinental (1966) para aprovechar ``la existencia de condiciones para la lucha armada revolucionaria'' en América Latina. Así que, como dijera Yogi Berra, ``es otra vez déj vu''.

El objetivo del Foro de Sao Paulo fue impedir la dispersión y disolución práctica de las fuerzas anticapitalistas, tradicionalmente agrupadas en torno al movimiento comunista internacional, y obviamente desmoralizadas por el inesperado final de ``la crisis general del capitalismo''. Sin duda, ha tenido éxito. En el orden práctico, tienen prácticamente sojuzgada a Colombia. Han conseguido un poderoso aliado en la Venezuela de Chávez. Y trabajan incansablemente en la extensión y consolidación de vastas redes políticas, económicas y culturales. En enero del año pasado, en la ciudad de Porto Alegre, al sur de Brasil, tuvo lugar el llamado Foro Social Mundial donde participaron delegados de 122 países, incluyendo a todos los terroristas islámicos. Tras la sesión de apertura, los participantes hicieron una alegre manifestación por el centro de la ciudad agitando banderas con la hoz y el martillo y enarbolando retratos de Lenin.

Durante la reunión de Porto Alegre se efectuó el 1er. Foro Parlamentario Mundial, con la asistencia de 400 legisladores izquierdistas de casi 30 países. Allí anunciaron la formación de una ``red internacional'' para garantizar que las propuestas emanadas del FSM tuvieran ``una verdadera traducción legislativa''. Legislación cuyo objetivo, por supuesto, nunca es estimular la creación de riqueza, sino obstaculizarla. Se distribuyen beneficios entre los trabajadores que elevan los costos de la empresa privada, disminuyen su capacidad de contratación y aumentan el desempleo. El resultado es el estancamiento económico. El fundamento ideológico de estos disparates es la teoría marxista de la lucha de clases, la tesis de que los intereses de los empleadores y los empleados son contradictorios y que ayudar a los empresarios, a los ``ricos'', es inmoral. Esto no es teórico. Es lo que dicen los dirigentes demócratas del Congreso de Estados Unidos. Nadie reconoce que éstas son ideas marxistas e históricamente fracasadas porque se han incorporado a la cultura popular. Y porque muchos intelectuales las reproducen constantemente hipnotizados por el señuelo marxista del ``imperialismo'' y ``el capitalismo explotador''.

Estados Unidos está atravesando una recesión económica y sus efectos se están sintiendo en todo el mundo. Por consiguiente, el centro del foro de La Habana va a estar en la crítica de la economía y, específicamente, en combatir el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), elemento fundamental para que América Latina salga de la pobreza y el subdesarrollo (y los revolucionarios profesionales se queden desempleados). Todas estas reuniones son variantes de una internacional anticapitalista que tiene complejas redes de apoyo en el mundo entero. Sus objetivos no han cambiado: son la destrucción del sistema capitalista, con su sociedad de libre mercado y su democracia política. En ese objetivo coinciden marxistas occidentales y fundamentalistas islámicos. En Occidente, sin embargo, ya no se habla de nacionalización de empresas y planificación estatal. Ahora se lucha por el fraccionamiento del estado nacional, bajo el pretexto de lucha por los derechos de los indígenas y de otros grupos minoritarios. O por el feminismo y el ecologismo radicales. Es curioso cómo muchos intelectuales, influidos por la academia norteamericana, no se dan cuenta de que éstas son las nuevas causas de los tontos útiles. O, al menos, de que son ideas que pudieran tener una discutible validez en los países desarrollados, pero que resultan un lastre mortal para los que todavía están luchando por el desarrollo.

La guerra mundial contra el terrorismo ha puesto en remojo las barbas de Castro y de sus amigos. Así que probablemente decidan recordar que los comunistas nunca fueron simpatizantes del terrorismo. El mismo Lenin lo criticó calificándolo de ``blanquismo'' (por Augusto Blanqui, un revolucionario francés del siglo XIX). Olvidarán decir que la objeción es esencialmente pragmática: el terrorismo provoca el repudio de las masas y estimula la represión contra los revolucionarios. (Exactamente lo que ha sucedido tras el 11 de septiembre.) Una vez en el poder, el mismo Lenin recurrió a un terror implacable y nunca se molestó en ocultarlo (el libro a leer es The Unknown Lenin de Richard Pipes). El repudio del estado de derecho, alegando que se encuentra al servicio de intereses malignos, y de la moral, a nombre del relativismo histórico, constituyen la justificación intelectual del terrorismo. Son también las ideas de Fidel Castro y del Foro de Sao Paulo, esa moderna internacional del terror cuyos días pudieran estar contados.