| En defensa del neoliberalismo |
Carlos Fernández P. El gobierno de Venezuela se rasga las vestiduras y genera una tormenta en un vaso de agua, a causa de la captura en suelo venezolano de un líder guerrillero de la FARC colombiana, en una operación que puso en evidencia fallas en el sistema policial venezolano, y, lo más grave, demostró la protección que gozan esos terroristas de parte del gobierno chavista. Hugo Chávez quiere ser el líder de un nuevo capítulo comunista en América Latina; el heredero de Fidel Castro. Su verbo insolente cautiva a las masas empobrecidas con las mismas promesas retaliativas del discurso izquierdista de la década de los 60, sin siquiera asimilar los cambios de la dinámica de la historia sobre el tiempo. En otras palabras, quiere incendiar el continente con una guerra de clases, ya que le faltan ideas y planes para erradicar esa pobreza mediante la prosperidad en lugar de la inmolación. Venezuela se ha tornado con el gobierno de Hugo Chávez en la promotora de un nuevo terrorismo. Los recursos que obtiene, gracias a los altos precios del petróleo, no se destinan a resolver los problemas de hambre, desempleo y pobreza, sino a financiar la perturbación sistemática del sistema democrático, con apoyo a los movimientos guerrilleros existentes (declarados como terroristas por el mundo libre), como las FARC y el ELN colombianos, o con las constantes protestas indígenas en Bolivia, donde la anarquía es total y no hay salida que, aparentemente, sea capaz de complacerles, obstaculizando todas las iniciativas del gobierno. El caso del guerrillero apresado en Venezuela destapó una realidad que se escondía al país. Ese personaje y otros como él, bajo la protección del gobierno de Chávez, residía y hacia vida política desde Venezuela. Recibió la nacionalidad y hasta votó en los recientes eventos electorales. El sentido común dice que es imposible que una persona, perfectamente identificada y solicitada internacionalmente, pueda pasar desapercibida ante las narices de un gobierno que se preocupe por contribuir contra el terrorismo. Tal realidad puede darse únicamente cuando la política oficial es de protección a esos parias de la humanidad. ¿Qué se puede esperarse de un gobierno cuyo Ministro de Relaciones Exteriores, Ali Rodríguez Araque, o “Comandante Fausto”, forma parte del Comité Directivo de una publicación internacional de extrema izquierda, compartiendo ese “honor” con el señor Marulanda “Tirofijo”, el comandante de las FARC? Estamos ante un caso patético. El show de Hugo Chávez pone en evidencia que su verdadero interés es servir a los terroristas y al conflicto permanente en América Latina. Venezuela mientras tanto se debate ante la falta de empleo, ante la paralización de la economía productiva, falta de vivienda, inseguridad, carece de un sistema se seguridad social, etc., al tiempo que sus gobernantes juegan a neo comunistas, neo tiranos, neo dictadores, en línea con los terroristas islámicos y con los gobiernos más opresores de la tierra, como China, Corea del Norte, Libia, Irán, Irak… y, por supuesto, Cuba. Venezuela, internamente, padece además de una nueva ofensiva contra la propiedad privada en el sector rural. El gobierno chavista ha levantado de nuevo la bandera de la guerra contra el latifundio… con la variante de dirigir sus baterías contra la propiedad privada desarrollada y en plena producción… para confiscarla y repartirla entre campesinos reclutados por el régimen. Se busca destruir la propiedad como concepto y como factor de producción económica. Se engaña al campesino con promesas de “tierra para quien la trabaja” cuando en realidad, legalmente, no se le otorga la propiedad sino el derecho de usufructo. Además, esos campesinos son estimulados hacia la práctica de una agricultura arcaica y primitiva, totalmente divorciada de la realidad económica que define el mercado tanto venezolano como internacional. El gobierno venezolano logró sobrevivir a las gigantescas manifestaciones de quienes se oponen al comunismo en Venezuela, porque tal oposición siempre se manifestó de manera pacífica y dentro de los cánones de la ley, mientras el gobierno hacia uso de todo su poder de represión policial, militar y judicial… convirtiendo toda expresión de divergencia en un acto de traición a la patria. O sea, una actitud típica de un régimen dictatorial. No es una tarea fácil. Es una batalla desigual. Sin embargo, el venezolano sabrá sacar fuerza de la adversidad y recuperar su convivencia democrática más temprano que tarde. Quienes nos miran desde el extranjero pueden ayudar. Hay que detener el terrorismo que el gobierno de Hugo Chávez quiere regar por todo el continente.
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