En defensa del neoliberalismo

La supervivencia de Kadafi
Adolfo Rivero Caro

La ausencia de liderazgo norteamericano frente a las matanzas en Libia y la crisis en el Medio Oriente, ha hecho que Nicolás Sarkozy haya tenido que encabezar la reacción occidental. Francia ha sido el primer país en reconocer formalmente al rebelde Consejo de Transición Nacional de Libia y abrirá una embajada en Bengazi, según anunció el gobierno de Sarkozy tras reunirse con representantes del CTN en París. Francia es el primer país en reconocer formalmente el nuevo gobierno interino.

El reconocimiento se produce cuando los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea se reunían en Bruselas el jueves y los ministros de Defensa de los 28 estados miembros de la OTAN lo hacían en la capital belga para considerar la imposición de una zona de no vuelo sobre Libia. La AFP reportó que Sarkozy propondría “golpes aéreos selectivos” en Libia, como forma de terminar con la violencia.

Infortunadamente, no se espera ninguna acción rápida puesto que los líderes de la OTAN quieren apoyo de Naciones Unidas pero Rusia y China se oponen y vetarían la medida. Establecer una zona de no vuelo sería un acto de guerra que requeriría eliminar el sistema libio de defensa aérea, que es el segundo mayor del Medio Oriente con 31 grandes emplazamientos de misiles tierra aire. Mientras tanto, las tropas de Kadaffi seguían ganando terreno y parecían haber capturado el gran puerto petrolero de Ras Lanouf.

Muchos analistas hablan de la dificultad de establecer una zona de no vuelo sobre Libia. Sería bueno que reflexionaran sobre lo que significaría la permanencia de Moamar Kadafi en el poder. Ya no es tan improbable como parecía. Recientemente, hasta el director de Seguridad Nacional, James Clapper, manifestó que Kadafi debería imponerse a largo plazo. Pero la permanencia de Kadafi en el poder significaría amigos perdidos, enemigos en el poder y nuevos gobiernos preguntándose qué ventaja significa ser aliado de Estados Unidos. Ciertamente transmitiría el mensaje a los otros dictadores del Medio Oriente que es provechoso ser implacable. La moraleja a deducir por el Irán de Komeini y la Siria de Assad sería la de que es mejor para ellos luchar a toda costa y, de ser necesario, morir luchando.

Probablemente no haya habido un peor momento para que Estados Unidos desaliente la producción nacional de petróleo y gas natural. El descenso de Libia en el caos está estimulando un rápido aumento en los precios del petróleo. La situación en otros países productores de petróleo en el Medio Oriente y Africa del norte ha hecho que algunos analistas pronostiquen un próximo aumento sin precedentes de los precios del crudo. La explosión de los precios tendría consecuencias devastadoras para la economía americana.

En este sentido, nada más preocupante que la situación en Arabia Saudita. Podemos sobrevivir la pérdida de los dos millones de barriles diarios de Libia, aunque con graves problemas para la economía mundial. Pero perder los nueve millones de barriles diarios de Arabia Saudita sería una catástrofe mundial. Y la monarquía saudita pudiera ser la próxima baja en la ola revolucionaria del Medio Oriente. El rey tiene 86 años y está muy enfermo. Los dos que pudieran sucederlo tienen más de 80 años y también están enfermos. Detrás de ellos hay 7,000 príncipes en guerra unos contra otros. ¿Hasta cuándo podrá la monarquía seguir comprando a la oposición con subsidios en efectivo?

Mientras el suministro mundial de petróleo pende en la balanza, el gobierno de Obama ha detenido las perforaciones en el oriente del Golfo de México por siete años, ha interrumpido exploraciones de petróleo y gas en muchas regiones de Colorado, Utah y Wyoming; y no reconsiderará perforar regiones pequeñas, pero ricas en petróleo, en Alaska. En su lugar, oímos las mismas cansadas fantasías sobre la energía solar y eólica mientras que los precios de la gasolina se aproximan a $4 el galón en tiempos de recesión, con escenarios de pesadilla del doble de ese precio si el Golfo Pérsico deviene caótico. Es curioso que los medios de comunicación que asediaban al gobierno de George W. Bush con el aumento del precio de la gasolina, cuando valía la mitad de lo que vale ahora, ignoren la responsabilidad del gobierno de Obama tanto en la situación actual como en su perspectiva.

Ha llegado el momento de que el gobierno de Obama hable con una sola voz a favor de una transición pacífica hacia un gobierno constitucional y secular en el Medio Oriente. Mientras tanto, para preservar nuestra autonomía y opciones, Estados Unidos necesita perforar frenéticamente, en busca de petróleo y gas, a la vez que aceleramos las opciones de carbón y energía nuclear.

Menos que eso sería incurrir en negligencia criminal.

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