Andres Oppenheimer
WASHINGTON -- Aunque en la capital de Estados Unidos a nadie parece
importarle nada que no empiece con la letra ''i'' --Irak, Irán,
Israel-- hay un dato novedoso y poco conocido en el frente comercial
que debería hacer grandes titulares: la cifras del primer año del
tratado de libre comercio con Chile muestran excelentes resultados.
Contrariamente a lo que auguraban los proteccionistas en el congreso
norteamericano, según los cuales el libre comercio con América Latina
produce la pérdida de empleos en Estados Unidos, las nuevas cifras
oficiales de comercio muestran que las exportaciones de Estados Unidos
a Chile crecieron un 37 por ciento el año pasado.
Y contrariamente a los presagios de los globafóbicos en América
Latina, según los cuales el libre comercio perjudicará a América
Latina, las exportaciones chilenas a Estados Unidos crecieron un 31
por ciento el año pasado. Chile aún mantiene un significativo
superávit en su comercio bilateral con Estados Unidos.
En otras palabras, ambos países aumentaron sus exportaciones --en
alrededor de $1,000 millones cada uno-- desde que el tratado de libre
comercio bilateral entró en vigor el 1ro de enero del 2004.
Las cifras fueron mencionadas por Regina Vargo, una alta funcionaria
de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, en una
reunión a puertas cerradas del Banco Interamericano de Desarrollo el
martes. Pero, según me dijo Vargo luego, forman parte de las
estadísticas comerciales anuales que acaban de ser dadas a conocer por
el Departamento de Comercio.
''Las cifras demuestran que el comercio puede servir a ambas partes'',
me señaló Vargo. ``Ganaron los dos lados''.
Preguntado sobre las nuevas cifras en una entrevista, el jefe de
asuntos latinoamericanos del Departamento de Estado, Roger Noriega, me
dijo que los datos ``superaron nuestras expectativas''.
¿Tendrán algún impacto estas cifras en el Congreso, que tan pronto
como el mes próximo podría estar votando sobre el tratado de libre
comercio de Estados Unidos con cinco países centroamericanos y la
República Dominicana?
Los funcionarios del gobierno de Bush esperan un arduo debate en el
Congreso. El déficit comercial de Estados Unidos creció un 24 por
ciento el año pasado a una cifra récord de $617,000 millones, y muchos
legisladores Demócratas podrían votar en contra del Tratado de Libre
Comercio con Centroamérica para demostrar su enojo por la creciente
brecha comercial.
Los críticos del tratado con Centroamérica dicen que es potencialmente
mucho más peligroso que el suscrito con Chile, o el firmado en 1993
con México, porque los países firmantes tienen leyes laborales y
ambientales más débiles. En otras palabras, será más difícil para
Estados Unidos controlar que los países centroamericanos no hagan la
vista gorda al trabajo infantil, o que atraigan plantas manufactureras
ofreciendo a los inversionistas total libertad en materia ambiental.
Noriega, el encargado de asuntos latinoamericanos del Departamento de
Estado, me dijo que el tratado con Centroamérica tiene muchas más
salvaguardas laborales y ambientales que los tratados anteriores.
''Pertenece a una nueva generación de acuerdos comerciales. Es el más
ambientalista que hemos firmado'', me aseguró.
Mis conclusiones: una marea comercial en alza hace subir a todos los
botes. Tanto Chile como Estados Unidos se están beneficiando de
mayores exportaciones, así como tanto Estados Unidos como México han
visto crecer significativamente sus respectivas exportaciones desde la
firma de su acuerdo de libre comercio.
Entonces, ¿por qué hay tanta gente opuesta a los tratados de libre
comercio? Uno de los motivos es que producen ganadores y perdedores, y
estos últimos son los que más gritan. México, por ejemplo, no ha
logrado que los frutos del aumento de sus exportaciones a Estados
Unidos, que se ven más que nada en sus estados fronterizos del norte,
se filtren hacia los estados más pobres del centro y sur del país.
Lo más preocupante, sin embargo, es que Washington y América Latina
sigan debatiendo sobre el libre comercio como el punto central de su
agenda bilateral. Estamos centrados en el tema equivocado: el libre
comercio ya no es el factor clave para las economías latinoamericanas,
sino la competitividad.
¿De qué le sirve a los países de América Latina firmar nuevos acuerdos
comerciales con Estados Unidos si no pueden competir con Asia en el
mercado norteamericano porque no han hecho las reformas económicas que
necesitan para atraer inversiones, y producir exportaciones cada vez
más competitivas?
Las nuevas cifras del comercio de Estados Unidos con Chile prueban que
el libre comercio puede ayudar a los países que han modernizado sus
economías. Pero, para el resto de América Latina, quizás haya llegado
la hora de hablar un poco menos sobre libre comercio, y más sobre lo
que deben hacer para hacerse más competitivos.