En defensa del neoliberalismo

EL SOMNÍFERO DE LOS INTELECTUALES: A PROPÓSITO DE CHOMSKY, DELEUZE Y ANTONIO NEGRI.

 Carlos Alberto Romero Sánchez*

¿Qué es un intelectual y a quiénes se les endilga tal calificativo? El diccionario Larousse lo define como aquella persona que se dedica a actividades que requieren especial empleo de la inteligencia. Esto no nos dice mucho, pues entre estos podríamos reunir a muchos asesinos que han hecho un uso especial de su inteligencia para llevar a cabo su acto. Pero se pude deducir del significado del diccionario que las actividades que requieren especial empleo de la inteligencia apuntan a un empleo positivo de ella.

El calificativo de intelectuales se les ha endilgado a filósofos y escritores; no obstante, la gama ha crecido y a éstos se les a unido sociólogos, teólogos, periodistas, psicólogos, antropólogos, abogados y un sin fin de personajes[1] que con un libro a cuestas y unas cuantas declaraciones farragosas comienzan a gozar de una cierta aureola de dignidad y sus palabras se les tiene muy en cuenta así pronuncien disparates.

Como verán dar una definición de qué es un intelectual y así saber quienes son no es fácil, aún así, aunque es contradictorio, damos por sentado quienes son los intelectuales. Sigamos dando posibles respuestas a las formuladas líneas arriba: a qué época me voy remitir: al siglo veinte y en el que estamos. El siglo XX se le ha tratado de definir como el siglo del gran progreso, el siglo del totalitarismo, denominaciones que describen muy bien el siglo pasado, pero también es cierto que fue, y el siglo veintiuno lo es por la herencia de su antecesor, el siglo de la información, el de la ciencia. Es decir, del conocimiento y de su divulgación cada vez más rápida e igualitaria. Sin lugar a dudas, la libertad de información está repartida de manera desigual en el planeta y para que tal libertad sea una realidad es requisito indispensable la democracia. En los lugares donde la utopía o gobiernos autoritarios toman el poder el conocimiento es reemplazado por la ideología y la información por la propaganda.

Ahora bien, el intelectual, al ser tomada en cuenta su voz, tiene un deber moral para con los demás y para su labor cotidiana. Pero esto no se cumple no por falta de información, sino por que prefieren la comodidad de sus prejuicios ideológicos desviando así la atención de las personas que están atenta a sus declaraciones dando como resultado que la mentira que se repite constante se transforme en verdad, mas no por su certeza sino por la repetición que estos intelectuales faltos de integridad moral e intelectual hacen.

Existen dos maneras de ver al intelectual: la primera: se le reprocha su falta de sentido de responsabilidad en el ejercicio de sus influencias, ignorando o falsificando la información. Esta tesis se considera de derechas. La segunda: como ventaja por su distanciamiento crítico frente a la práctica, se le considera la conciencia moral de su sociedad, servidor leal de la verdad, enemigo de cualquier dictadura, de los dogmas, de la censura y de las desigualdades. Esta tesis se considera de izquierdas.

Esta división ignora que hay tantos intelectuales de izquierda y de derecha que han propalado utopías irrealizables y han defendido a capa y espada y contra toda evidencia dogmas pseudocientíficos todo ello en nombre de una sociedad mejor y una felicidad futura que no se sabe cuando vendrá pero de próximo advenimiento. En este punto la misma frase tiene la semilla de su refutación ¿Cómo es posible que no se sepa cuando vendrá pero su advenimiento está próximo? Pasemos un velo tupido para que el intelectual se sonroje solo.

No obstante, en las sociedades democráticas los intelectuales poseen una resistencia a la información y han construido un muro de contención donde las aguas de la información chocan vehementemente contra el muro. Observemos:

En la conversación tripartita sostenida entre Foucault, Chomsky y Elders[2] uno de los asistentes pregunta a Chomsky: ¿Cómo puede alguien con su actitud hacia la guerra de Vietnam sobrevivir en una institución como el MIT, conocido como uno de los grandes contratistas y autores intelectuales de esta guerra? Y sin rechistar al asistente, Chomsky se lanza a responder sin corregir a su interrogador. Dejemos nos cuente la serie de fascículos hecha por el centro Jean Francois Revel de Uruguay y publicada por el diario El País de Montevideo: 

En mayo de 1954 se reunieron en Ginebra, Suiza el primer ministro francés Pierre Mendès-France, el jefe del Departamento de Estado estadounidense John Foster Dulles, el ministro de Relaciones Exterio­res chino Zhou En-lai y representantes de la Unión Soviética , el Reino Unido, Camboya, Laos y los dos Vietnam. Las discusiones concluyeron en un acuerdo alcanzado el 21 de julio, que dividía a Vietnam en dos territorios al norte y al sur del Paralelo 17. La zona norte, con capital en Hanoi, quedaba bajo control del Vietminh (Comunista). La zona sur, con capital en Saigón, quedaba bajo control francés, aunque tenía como jefe de estado a Bao Dai. Entre ambos territorios se creaba una zona desmilitarizada. También se establecía un régimen de frontera abierta durante 300 días, para que la población se ubicara donde quisiera. El acuerdo afirmaba que la división de Vietnam era transitoria y que el país sería unificado tras la realización de elecciones nacionales en 1956. Luego de haberse formado un gobierno único, Francia se retiraría. El norte gobernaría Ho Chi Minh y en el sur Bao Dai.

Sin embargo, las elecciones desestabilizadas por Ho Chi Minh dio como resultado que Ngo Dinh Diem tomará el poder e hizo del Vietnam del Sur una dictadura. Ho, incómodo por no lograr su objetivo de tener toda Vietnam y con la experiencia de Corea de que la invasión directa era inadecuada, en 1959 toma la determinación junto con la dirección política del partido de los trabajadores del Vietnam del norte de lanzar la insurrección armada en el sur con ayuda de la Unión soviética y la China que apoyaban con miles de dólares y armamento de punta (incluyendo fusiles AK- 47 y misiles tierra-aire).

El pacto de Manila firmado por Nueva Zelanda, Australia, Pakistán Filipinas, Gran Bretaña, Francia y Tailandia que dio origen al SEATO una organización similar a la OTAN , pero con hegemonía estadounidense hizo que el presidente Kennedy enviara una misión de 55 asesores militares. No obstante la injerencia mayor de la URSS en la ayuda de desestabilizar el sur en convivencia con Ho Chi Minh y la toma de Laos por parte de las fuerzas comunistas del Vietnam del Norte hizo que el Presidente Johnson tomara tres decisiones: la primera consistió en convocar a una alianza de “muchas banderas” para defender a Vietnam del Sur. Casi 40 países respondieron a la iniciativa y ofrecieron ayuda económi­ca, pero solo cuatro aportaron tropas: Corea del Sur, Tailandia, Australia y Nueva Zelanda. Su segunda decisión consistió en mantener un escenario de guerra controlada: Estados Unidos no usaría en ningún caso armas atómicas y evitaría a todo precio una confrontación directa con China o la Unión Soviética. Su tercera decisión (la que marcaría la historia) fue aumentar sensiblemente la presencia estadounidense en Vietnam: el número de soldados pasó de 16 mil a más de medio millón entre el momento en que asumió el cargo en 1963 y el mo­mento en que lo dejó en 1969.

El paso decisivo en la pendiente hacia la guerra comenzó a darse el 2 de agosto de 1964. En aguas del golfo de Tonkín, a solo 10 millas de la costa de Vietnam del Norte, el destructor USS Maddox fue atacado con torpedos por tres lanchas patrulleras del régimen de Hanoi. No hubo bajas estadounidenses y tampoco hubo respuesta, porque se suponía que ese barco no debía estar en aguas terri­toriales de Vietnam del Norte. Pero, dos noches después, el Maddox y otro destructor se internaron nuevamente en el golfo, en medio de una tormenta que alteró las señales de radar. Hoy está claro que esa noche no hubo un segundo ataque, pero los mandos navales infor­maron que sí había ocurrido. Entonces Johnson denunció las reiteradas agre­siones de Vietnam del Norte, autorizó que se bombardeara la costa y solicitó al Congreso autorización para tomar “to­das las medidas necesarias para rechazar cualquier ataque armado” a fuerzas de Estados Unidos, así como para “preve­nir futuras agresiones”. La Cámara de Representantes la votó por 414 a 0 y el Senado por 88 a 2. Fue la llamada “reso­lución del golfo de Tonkín”, que aportó una indefinida base jurídica para todo lo que siguió. Fue también el inicio de la “segunda guerra de Indochina”, que se prolongó durante nueve años.

Como queda visto ni los EE. UU ni la MIT son los autores intelectuales de la guerra de Vietnam ¿Por qué esta aclaración no la hacen Foucault, Chomsky o Elders? La propaganda ha cumplido con su cometido; sin embargo esta conversación se desarrolla en una nación democrática, Holanda, donde la circulación de la información no está en absoluto restringida. ¿Este falseamiento es inconsciente o Chomsky obra adrede sabiendo que la URSS y la China comunista estaban haciendo de la suyas en Vietnam para implantar el comunismo? Con tales ejemplos se ve uno en la obligación de reflexionar por estos comportamientos de los intelectuales.

Cuando ellos mismo rechazan la información, lo que está comprobado por los hechos y por estudios concienzudos logrados por historiadores serios que toman su oficio con ahínco y dedicación, lo que hacen los grandes pensadores es mancillar el oficio del historiador e insultan a la sociedad con estos fallos que no son debidos a la ingenuidad, sino que más parecen ser motivados por la mala fe. Así, de esta manera, uno queda tentado a decir que nuestra cultura está en peligro.

Los intelectuales albergan un deseo nefasto: ver sólo lo que se quiere para que su teoría resulte coherente a la luz de la abstracción pero no de los hechos. Uno de estos es el de querer ver fascismo o peligros fascistas en cada esquina. Veamos a Deleuze y Guatari:

…pero el fascismo es inseparable de núcleos moleculares que pululan y saltan de un punto a otro, en interacción antes de resonar todos juntos en el Estado nacionalsocialista. Fascismo rural y fascismo de ciudad o de barrio, joven fascismo y fascismo de ex combatiente, fascismo de izquierda y de derecha, de pareja, de familia, de escuela o de despacho… El cine americano ha mostrado a menudo estos núcleos moleculares, fascismo de banda, de gang, de secta, de familia, de pueblo, de barrio, de automóvil, y del que no se libra nadie.[3]

Señoras y señores: el fascismo nos ha invadido. Esto me recuerda la campaña lanzada por Stalin luego de terminada la segunda guerra mundial: todo aquel que criticara el comunismo era fascista. Los partidos comunistas en Europa hicieron lo que el amo ordenaba acuñando la frase de que todo aquel que estuviera en contra del comunismo le estaba haciendo “juego al fascismo” neutralizando así toda crítica al comunismo,[4] pues al hacerla estaba creando un foco para que el fascismo reverdeciera. ¿Esto es lo que pretenden Deleuze y Guatari?  Es de una total inanidad intelectual que por los núcleos moleculares, según ellos, el fascismo se materializa de cualquier manera haciendo presencia en la vida cotidiana, pues “Es muy fácil ser antifascista al nivel molar, sin ver el fascista que uno mismo es, que uno mismo cultiva y alimenta, mima, con moléculas personales y colectivas”.[5] El fascismo, o los fascismos, siempre están ahí, al acecho, dispuestos a salir puesto que lo hemos creado y mimado sin darnos cuenta y sólo Deleuze y Guatari han dado con la fórmula para detectarlo. Aquí me surge una pregunta ¿No es la cultura el medio para alcanzar la autonomía y el pensador nos precediera en ella? No. Los teorizantes, los pensadores, los intelectuales tienen la extraña pretensión de reconstruir de arriba a bajo al hombre y la sociedad sin que nadie rechiste nada, pues para ellos el triunfo de la cultura es la facultad de imponer sus concepciones a todos los demás hombres, y no la de liberarlos intelectualmente. ¿Por qué dejan de lado los estudios de sistemas totalitarios y autoritarios para señalar una abstracción?

Ahora bien, entre los intelectuales se encuentran los ideólogos. Aquí viene una pregunta importante ¿Qué es una ideología? Dejemos que Jean Francois Revel dé la que considero la mejor definición de ideología: “Es un triple dispensa: dispensa intelectual, dispensa práctica y dispensa moral. La primera consiste en retener sólo los hechos favorables a la tesis que se sostiene, incluso en inventarlos totalmente, y en negar los otros, omitirlos, olvidarlos, impedir que sean conocidos. La dispensa práctica suprime el criterio de eficacia, quita todo valor de refutación a los fracasos. Una de las funciones de la ideología es además, fabricar explicaciones que los excusan… la dispensa moral abole toda noción de bien y de mal para los actores ideológicos; o más bien, el servicio de la ideología es el que ocupa el lugar de la moral”[6]     

Estas tres dispensas han sido muy bien utilizadas en el siglo XX, pero no sólo ha sido licencia única para el siglo pasado. Jules Michelet en su historia de la revolución francesa en el volumen V libro X capítulo VII escribe acerca de los intelectuales y la aprobación del terror jacobino por parte de los letrados. El título es muy sugestivo: La ferocidad de los letrados. Si hay un legado directo de la revolución francesa y la revolución rusa es la utilización sistemática del terror y la aprobación de los intelectuales a estos métodos. Engels lo deja muy en claro y sin pestañear citando a Saint Simon escribe que “Saint Simon sienta ya, en su cartas ginebrinas, la tesis de que todos los hombres deben trabajar. En misma obra, se expresa ya que la idea de que el reinado del terror era el gobierno de las  masas desposeídas [7](subrayado mío) Y su fiel discípulo, Lenin, citando a Marx anota que:

La doctrina de Marx y Engels sobre el carácter inevitable de revolución violenta se refiera al estado burgués. Este no puede sustituirse por el estado proletario… mediante la extinción, sino sólo, por regla general, mediante la revolución violenta… recordaremos la crítica del Programa de Gotha… (de) la necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels[8]

Las tres dispensas han sido utilizadas de manera inequívoca ¿Pero el intelectual ha aprendido algo? Lo dudo, y la historia del siglo XX ha demostrado con lujo de detalles como la borrachera ideológica sustituyó a la moral. Veamos el caso de Antonio Negri que cumple a cabalidad las tres dispensas ideológicas: “Hoy vivimos en una etapa en la que se empieza a recoger la crisis del pensamiento  único y de la ideología y la práctica neoliberal… La crisis del pensamiento único y de la ideología de la práctica neoliberal ha llegado aun punto crítico”[9]. Para Negri, el liberalismo, o como el lo llama el neoliberalismo, es una ideología. Para alguien como él que ha estado imbuido en el marxismo leninismo, o en su defecto en el maoísmo es decir, en la actividad ideológica, no puede concibe otros modos de pensar. El liberalismo no es una ideología ni tiene la pretensión de construir una sociedad perfecta, sino que hace un estudio comparativo de las diversas sociedades y saca conclusiones de las que funciona o han funcionado menos mal. Un socialista vocifera: el mercado no soluciona todos los problemas. Pues claro que no, o sino que nos muestre cual es el liberal que ha tenido semejante pretensión. Que nos muestre los escritos de Von Mises o de Hayek o de Aron o de Friedman o de Sowell o de Smith o de Locke o de Becker donde esté escrito o haya emitido una opinión acerca de que el mercado debe resolver todos los problemas.

Jean Francois Revel aclara la cuestión: “el liberalismo no es ni ha sido jamás una ideología es por que no es una teoría basada en conceptos previos a toda experiencia, ni un dogma invariable e independiente del curso de las cosas o de los resultados de la acción… Adam Smith al comenzar al comenzar a escribir La riqueza de las naciones constata que algunos países son más ricos que otros y comienza se esfuerza en distinguir en su economía los rasgos y los métodos que pueden explicar ese enriquecimiento superior para intentar extraer indicaciones recomendables”[10]

El liberalismo no es pensamiento único, no es el revés del totalitarismo socialista o nacional socialista que si son pensamiento único. Sólo en las sociedades liberales es posible la diversidad del pensamiento. Las sociedades liberales dan campo a partidos o facciones que abogan –utilizó aquí el vocabulario marxista- por arrasar con el orden existente, por derribar el capitalismo y los derechos individuales; en cambio, las sociedades cerradas, las totalitarias como las comunistas, no permiten más partido que el partido comunista, o sino que Negri nos muestre los partidos de oposición que existen en Cuba o en Corea del norte o es que no recuerda que les sucedía a los opositores en la URSS. La Italia de los años 70 del siglo XX permitía la existencia de diversos partidos entre ellos el partido comunista, además estaban en su apogeo las Brigadas rojas, grupo terrorista italiano que práctico a sus anchas todas las tácticas del marxismo leninismo en una sociedad democrática como la italiana. ¿De esto no se acuerda Negri?

A Negri le hago una aclaración: no todo capitalismo es sinónimo de liberalismo. La economía de mercado, basada en la libertad de empresa es la que está distanciada del poder político pero asociado al Estado de derecho es la economía que puede considerarse liberalismo. Lo que sucede hoy en día en China no es economía de mercado pues no existe el Estado de derecho, aún así, nuestras democracias occidentales les encanta darles respiración boca a boca a sistemas moribundos que no respetan los pactos ni la dignidad humana. Así pues, es bueno declarar que las sociedades liberales donde existe el capitalismo no reina el pensamiento único ¿No será más bien que los que nos quieren imponer el pensamiento único son personajes como Negri?

Sigamos: Negri dice: “Yo creo, estoy convencido, que las nuevas reglas del unilateralismo norteamericano, las nuevas reglas que se están estableciendo a nivel  mundial, en el mercado mundial, tienen que ver con la con la concepción de la guerra como estrategia soberana fundamental del imperio global norteamericano”[11] (Subrayado mío). Comencemos con la misma frase. ¿Si hay unilateralismo norteamericano como se pueden estar “con las nuevas reglas que se están estableciendo? Si existe unilateralismo no se estarían estableciendo reglas se estaría imponiendo; el “están estableciendo” supone un interlocutor y para que haya unilateralismo no se supone un interlocutor: se le obvia. La frase de Negri tiene la semilla de su refutación.[12]

En su falta de información por pereza Negri dice lo siguiente: “En diciembre de 2001, la larga agonía de la nación argentina acabó explotando cuando las multitudes arrastraron la pavorosa política de De la Rúa (bajos los auspicios del FMI y del BM), al mismo tiempo que negaron cualquier legitimidad al nacionalismo peronista”[13]

Para poder dar sus cuatro tesis del quilombo argentino Negri se basa en este subterfugio del FMI y BM como auspiciadores de la crisis argentina. Como observé al inicio de este ensayo la información en las democracias es libre y se pude cotejar lo mendaz de lo veraz y así emitir un juicio con gran probabilidad de certeza. Sin embargo, Negri, como buen intelectual, sólo recaba lo que le conviene y no quiere informarse y, de esta manera, se basa sólo en sus juicios a priori ¿o será en sus prejuicios?

Veamos: la década del noventa Argentina fracaso en su intento de salir del atolladero. Dejemos a los que saben que nos informen y nos ilustren, Sorman es el encargado:

Junto con Menem y su ministro de Economía, Domingo Cavallo: comprobaron que el país estaba estancado des de hacía cincuenta años por falta de instituciones previsibles, en particular, por una verdadera moneda… Cavallo optó por una solución… que resultó fatal[14]: fijó un valor del peso equivalente a un dólar estadounidense, garantizado por reservas en dólares… los argentinos continuaron redactando sus contratos de largo plazo en dólares y…  el peso quedó reservado a las transacciones de corto plazo… Desgraciadamente el Estado argentino era irresponsable y esquizofrénico. Por un lado, Cavallo estabilizaba la moneda con éxito; por otro, el presidente de la República gastaba el dinero público desenfrenadamente. En tradición peronista… hacer política consistía en comprar votos con el dinero público… Los bancos argentinos prestaban sin evaluar los riesgos… los préstamos otorgado al país se hacían cada vez más costosos…En 2001, los sucesores de Menem decidieron declararse en quiebra y no reembolsar la deuda… y Duhalde agregó una estratagema: los dólares depositados en los bancos por los argentinos fueron convertidos a 1,40 pesos… los deudores sus deudas quedaron reducidas en dos tercios… da la casualidad que los deudores eran esencialmente alas grandes empresas y los gobiernos provinciales… Lo más lamentable es que ese desastre monetario no haya provocado, salvo cierto círculo de economistas, un análisis serio… se impusieron las pasiones políticas… desplazaron las responsabilidades a Domingo Cavallo que se convirtió en el chivo expiatorio de la política argentina. Puesto que Cavallo se había declarado defensor del liberalismo para justificar su intento de dotar al país de una moneda sana, ¿no había dado pruebas de que le liberalismo no era aplicable en la Argentina ? En realidad, el liberalismo habría exigido que se crearan instituciones políticas y económicas independientes, lo contrario de lo que había sucedido; pero en Argentina, las luchas políticas apelan con más frecuencia a las pasiones nacionalistas que a la reflexión serena.[15]

Observemos que la crisis viene de muy atrás. Negri señala a De la Rúa. No es ninguna novedad que el peronismo ha sido un lastre para Argentina y los manejos de Menem es prueba pesada y la crisis Argentina no es debida al FMI o a uno conspiración de la CIA junto a la Interpol , sino a un largo pasado del que no se deshace y a malos manejos financieros de sus dirigentes. Negri por qué no se empeña en informarse. No, él recurre a las tres dispensas y sin sonrojarse legitima el peronismo, es decir, una dictadura con sus lastres que hoy perviven en la política argentina, o sino miremos los Kichner. ¿Cómo es posible que un intelectual con tanta audiencia no se informe y se conforme con sus prejuicios ideológicos para dar una conferencia en un país que requiere visiones lúcidas?

Preguntémonos ¿Los intelectuales tiene un papel en las sociedades democráticas? Si tienen un papel deben asumir la responsabilidad de sus declaraciones y no emitir mentiras para satisfacer una audiencia que desea escuchar lo que quiere. Así se comportan como unos oportunistas y la tan mentada función crítica sólo es un barniz para darse una aureola de infalibilidad que no deja campo a ninguna contrarrespuesta. De lo que si estoy seguro es que el intelectual, y esto abarca a cualquier profesión y oficio, debe tener una integridad intelectual y moral consigo mismo, al violarla cualquier dislate puede salir de sus labios o de su pluma, y la desinformación por el fallo moral hará su trabajo lento en la sociedad.

Ahora bien, los intelectuales al tener éxito en sus respectivas actividades creen que es suficiente para hablar acerca de los asuntos públicos. Es decir, abusan de su prestigio que han ganado en el ámbito académico, científico, investigativo para luego lanzarse a dar directrices de cómo resolver los problemas de la sociedad y como debe dirigirse la humanidad. Esto es frecuente en escritores y filósofos pues consideran que leer a Dostoyevsky, Baudelaire o las grandes obras de la literatura; o leer a Hegel, Aristóteles y Heidegger, más la obra de Karl Marx bajo el brazo es condición suficiente para dictaminar y diagnosticar acerca de la situación mundial, de la economía, de la paz y de la guerra y allí cometen un error flagrante: el creerse que por su sólo prestigio o por estas lecturas no necesitan informarse ni tener un mínimo de formación para emitir declaraciones sobre temas que requieren una cualificación mínima y terminan diciendo lo que cualquier mortal pude decir.

Y aquí comienza la integridad moral. Si desconoce sobre algún tema lo poco que debería hacer sería informarse acerca de lo que va a declarar. No obstante, esto lo cumple muy pocos intelectuales. Los intelectuales honrados son los que las nuevas generaciones, y también las anteriores, deberían mirar y seguir su ejemplo y no atenerse a la mentira totalitaria o a los cantos de sirena de que están muy bien equipados muchos de estos intelectuales que acaparan los medios de comunicación y ostentan las grandes cátedras de las más prestigiosas universidades de sus respectivos países y, como no, del mundo.

Sin embargo, aprovechando las mentes jóvenes que en su fuero interno desean un cambio los Negri se presentan “llevando jóvenes desocupados delante de la fábrica, y los obreros, de manera corporativa, rechazaron este contacto. Hubo peleas algunas ‘palicitas’ ”[16]. En su apetito de mesianismo revolucionario, Negri rechaza la guerra cuando habla contra Bush[17] pero al presentarse con jóvenes al frente de una fábrica “las palicitas” son de una necesidad única. Es al mismo tiempo favorable a la no violencia y a la violencia y, concretamente, en el caso de Negri es favorable al terrorismo y favorable al pacifismo. Este travestismo intelectual sólo es una mera apariencia, pues su aprobación del terrorismo es bastante conocida. Su condena por parte de la justicia italiana es prueba de ello. No es en vano que cite la coalición de Seatle[18] (donde los manifestantes llevaban estandartes de las brigadas rojas) y Gotemburgo donde los grupos antiglobalizadores protagonizaron la destrucción  “pacífica” del centro de la ciudad. Excelente ejemplos de resistencia arguye Negri!!!

¿Esta es la clase de intelectuales que necesitamos? A mi juicio, no. Y si algunos intelectuales siguen por esa dirección no asistiremos al mejoramiento del mundo sino a su empobrecimiento. Y si hay que hacer un grupo de resistencia es contra esta camarilla de intelectuales, mas no utilizando las armas del terrorismo que en los años 70 del siglo XX tantos intelectuales italianos aprobaron, recomendaron y practicaron, sino con la lucidez ejemplar de Tocqueville, Raymond Aron, Jean Francois Revel, Octavio Paz, Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, Plinio Apuleyo Mendoza o de un batallador incansable que fue objeto incesante de calumnias por parte de los intelectuales progresistas, pero que el gran cúmulo de investigaciones serias y los hechos históricos le dieron la razón acallando a la ceguera voluntaria: Alexander Solszhenitsin. Pues para que la democracia goce de buena salud sólo la verdad debe prevalecer, sin ella la democracia está en peligro.

*(Bogotá, Colombia 1973) Profesional en Estudios literarios de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Actualmente adelanta maestría de Estudios políticos en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

 

 

Regresar a la portada