| En defensa del neoliberalismo |
Diosmel Rodríguez En las últimas elecciones presidenciales celebradas en México, así como las Bolivia, Perú e inclusive Venezuela, ha tenido un gran impacto la población rural y los marginados sociales. Una buena estrategia política debe contemplar la motivación y participación de la población rural, con planteamientos concretos e iniciativas que tomen en cuenta los intereses de las grandes masas de los menos favorecidos. La pobreza, fundamentalmente la pobreza rural, ha sido muy bien explotada por algunos movimientos políticos y sociales, no con el propósito de encontrarle una solución real sino con el de utilizarla como motor de movilización popular. Sin embargo, la experiencia de los partidos políticos y movimientos revolucionarios como depositarios de los intereses de los más pobres cuando llegan al poder no es muy alentadora. En Cuba, cuando la revolución se convirtió en gobierno, olvidó su compromiso con el campesinado, que fue el que más la ayudó a conseguir el poder. En Venezuela, un gobierno de corte populista ha ignorado los problemas de los que le habían confiado su destino y su gobierno La mayoría de las organizaciones no gubernamentales no han logrado identificarse con los intereses de las comunidades que dice representar. Los cuantiosos recursos que gastan esas organizaciones bien podrían resolver casos concretos de pobreza, principalmente en el sector rural, donde muchas organizaciones, incluyendo la FAO, invierten millones de dólares, sin establecer estructuras que ayuden a reducir la pobreza. La falta de un liderazgo honesto y capaz, y la incapacidad de los ciudadanos de ejercer su poder desde abajo permiten que un discurso viciado y una retórica obsoleta, sigan teniendo notables éxitos políticos. Debido a su poca preparación educacional, menor acceso a los medios y grandes limitaciones para movilizarse y/o manifestarse muchas veces la población rural no es tomada en cuenta políticamente. Es por eso que es en ella donde se produce el mayor abstencionismo electoral. Sin embargo, esa población rural es la que tiene las mayores expectativas ante cualquier posibilidad de un cambio que pueda mejorar su situación. En las últimas elecciones en Bolivia, el voto de la población indígena fue decisivo para el triunfo de Evo Morales. En Perú, Ollanta Humala ganó 14 de los 25 departamentos del país, precisamente los del sur peruano, de mayor población rural. Humala bien podría utilizar los posibles errores de la administración de García para tratar de desestabilizar su gobierno, movilizando a los campesinos e indígenas. En México, la población del sur del país votó mayoritariamente a favor de López Obrador, precisamente la de mayoría rural. En el caso cubano, se ha trabajado muy poco en el diseño de una política agraria incluyente, que vaya más allá del derecho de propiedad, algo que hay que tener en cuenta, pero no es el todo. La transición política en Cuba puede convertirse en una sucesión, ya no de la nomenclatura, pero sí de los cuadros intermedios, por estar mejor adistrados en los mecanismos de dirección. La política hacia Cuba debe ir encaminada a lograr proyectos concretos. La ayuda desde el exterior, incluyendo la de Estados Unidos y otras comunidades solidarias, debe dirigirse al desarrollo de programas pilotos que le posibiliten a un futuro gobierno de transición tomar las mejores decisiones. A pesar de que Cuba es un país eminentemente agrícola, la oposición no ha logrado aprovechar las fuerzas vivas de la comunidad rural. La única estructura organizativa que ha logrado sostenerse con un trabajo estable en la comunidad rural cubana ha sido el Proyecto de Desarrollo Cívico Rural, que contempla los elementos positivos y necesarios para el desarrollo rural, como son los propios campesinos, representados por la Alianza Nacional de Agricultores Independientes de Cuba, las mujeres, por medio de la FLAMUR, (Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales) en su Capítulo Cuba, la Unión de Jóvenes Rurales, el Centro Carlos Quintela de Estudios e Investigaciones Agrícolas y los académicos de la Universidad Cívica Cubana, muy importantes en todo este proceso, por su capacidad y responsabilidad intelectual y social. Es de lamentar que su abnegado trabajo sea poco conocido entre nosotros. Para lograr buenos resultados en el campo se necesita una visión moderna, del capital y el desarrollo rural progresivo, que deje atrás viejos mitos como la reforma agraria, el latifundismo, el monocultivo, la distribución equitativa de las tierras, etc, y ponga a la comunidad rural como protagonista de sus decisiones e intereses, vinculada a las concepciones modernas de los mercados dinámicos, el cooperativismo empresarial, las empresas agropecuarias privadas y el desarrollo agroindustrial, a partir del territorio como mecanismo de descentralización del poder central, que pueda enfrentar los problemas de infraestructuras, reubicación habitacional y urbanización rural. Diosmel Rodríguez Director Ejecutivo, The Development Civil Rural Project, Inc. www.proyectorural.org |