En defensa del neoliberalismo

 

El disidente cubano Raúl Rivero dice que no se siente comprometido a portarse "bien"

 

Milagros López de Guereño, desde La Habana.

Al poeta y periodista recientemente ex carcelado, el ‘Gordo’, para sus amigos, se lo ve como un hombre tranquilo, reposado, exento de rencor.

Arrestado en marzo del 2003 junto a otros 74 opositores, Rivero recobró la libertad, junto con otros 6 disidentes, por intervención del gobierno español al cabo de 20 meses de prisión, pese a que estaba condenado a 20 años.

--¿Cuándo supo que lo iban a liberar? ¿Intuyó algo antes?

--No, yo trataba de no ilusionarme con la posibilidad. Era optimista y tenía confianza y paciencia. El día que me trasladaron a La Habana y me dijeron que Blanca estaba allí, entonces ya me imagine. Sabía que el método para las liberaciones es que te recoja un familiar.

--¿Cree que debe su liberación a las gestiones del gobierno español?

--Sí, estaré eternamente agradecido. Pero también con José María Aznar, porque cuando nos detuvieron Europa tomó esas medidas duras en respuesta a otras medidas muy duras. Sin aquello hoy no hubiera habido nada que negociar. Eso ha permitido que ahora José Luis Rodríguez Zapatero pueda tomar posiciones más mesuradas. Tanto Aznar como Zapatero enviaron cartas de aliento a mi esposa y a mi madre.

--Su liberación se concede bajo “licencia extrapenal indefinida” por motivos de salud, pero considerando que se encuentra bien, formalmente le faltarían cumplir 18 años de prisión. ¿Eso le va a obligar a ‘portarse bien’?

--No, yo no me siento con ese compromiso.

--¿Cree que es una liberación en toda regla?

--Legalmente no lo es, pero yo lo percibo, porque no se me advirtió que no debía hacer esto o lo otro. Me dijeron que podía hacer mi vida normal aquí.

El oficial de seguridad tampoco me dijo que me iba a obligar a que me quedara. Yo nunca me he querido ir de Cuba, nunca, pero sí quiero salir a ver a ver a mi hija, y a mi nieta que no conozco, y volver.

--¿Cómo fueron sus condiciones de vida en la cárcel?

--Al final me las suavizaron, podía ver la televisión y el periódico, pero el primer año estuve en una celda incomunicada. Fueron 11 meses en una celda de castigo. Me sacaban una hora al día a coger sol, estrictamente custodiado y esposado.

--¿Qué lección o experiencia le deja la prisión?

--Primero, una gran amargura. Son prácticamente dos años de mi vida. Ahora sí tengo una idea de lo que vale un año en la vida de una persona. Nunca antes había estado en prisión. Como ser humano, fueron muchos sufrimientos, por lo que significó para la familia, para mi madre que tiene 85 años, para mi mujer. Pero como escritor y periodista fue una experiencia insustituible y enriquecedora. Soy más conocedor de los cubanos, de la vida de este país en una zona de la sociedad bastante olvidada. La viví desde dentro con toda su intensidad, con las cosas buenas y malas.

--¿Piensa salir del país definitivamente?

--Estoy viendo qué va a pasar. Tengo una leve inclinación a que, en algún momento, me voy a tener que ir. Pero hay reglamentos y leyes establecidas que impiden, hasta ahora lo han impedido, hacer lo que yo creo que debo hacer. Quiero seguir escribiendo como yo estaba escribiendo, sin limitaciones.

--¿Su temor es que no pueda trabajar como usted quiere?

--Exactamente. O que me dejen y que después esos mismos textos puedan servir para volver a la cárcel.

--¿Cómo ve a la disidencia interna?

--Tengo poca información, pero creo que la razzia (batida) contra nosotros golpeó a la disidencia. Fue un freno repentino, una llamada de atención.

--¿Cómo se define: disidente u opositor?

--Yo soy un periodista y escritor cubano, que vive aquí y que quisiera poder trabajar normalmente. Lo que quiere decir estrictamente en español: sí lo soy, porque yo disiento de muchas cosas. También disiento de mi familia y de mis amigos.

--¿Pensaba que iba a estar preso los 20 años de condena?

--No, pero según la ley penal cubana yo pensaba que como mínimo debía estar siete.

--¿Pudo escribir en prisión?

--Yo pude escribir de todo, pero sacar solo podía sacar poemas de amor.

Conservé todos los escritos. Nunca traté de sacarlos. Yo en prisión hice lo que me parecía más coherente y lo más inteligente: cumplía con el reglamento. Mis poemas de amor, de desamor, de ex amor y nostalgias se van a publicar en España con el título de Corazón sin furia.

--¿Dé qué va a vivir?

--Hasta ahora yo siempre he vivido de los artículos, ahí están las facturas.

Si yo gano 100 dólares por un artículo que me pagan en el Herald ahora mismo, y llevo ocho años haciendo eso, y hago cuatro al mes, por qué voy a recibir 50 dólares de una organización de unos tipos que yo no conozco. A mí no me hace falta eso.  Y si escribo para el periódico Esta Semana de Suiza, como estaba escribiendo, y me pagan 200 dólares, con una vez al mes me basta. Yo he trabajado para muchos periódicos, para muchas revistas. Con eso es suficiente. No así con la poesía, porque nadie vive de la poesía.

--¿Qué premios de los que ha recibido agradece más, ¿aquellos que le reconocen como poeta o los concedidos por su activismo político?

--Como poeta, sin dudarlo.

--¿Se atreve a predecir el futuro de Cuba?

--No puedo predecirlo, pero sí puedo decir que aspiro a la modernización de la sociedad cubana. Que se abran las puertas, que haya un pensamiento plural, que se respete la soberanía individual del ser humano, que la gente tenga una alternativa decente de trabajar. No hablo de enriquecerse, hablo de trabajar y ser feliz. También que yo pueda decidir qué tipo de educación le doy a mi hija.

--¿Eso será con Fidel Castro en el poder?

--No le puedo decir, yo no creo que pueda pasar así. Hay muchas estructuras ya rígidas y hay también mucha gente que vive de esas estructuras, que ha aprendido a vivir eso. Y es más fácil gobernar sin tener que dar explicaciones, por eso es la importancia de la prensa. En todas partes pasan cosas duras, pero son más duras donde no se pueden decir.