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Bolivia, ¿revés del expansionismo bolivariano? |
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Ernesto F. Betancourt
Por medio de desesperadas maniobras, el actual presidente de Bolivia,
Carlos Mesa, ha retado al líder cocalero Evo Morales, a quien acusa de
crear el caos a través de los bloqueos de caminos que han paralizado
todas las ciudades bolivianas. La excusa ha sido una demanda de que se
aprobara una Ley de Hidrocarburos que eleva las regalías petroleras a 50
por ciento, lo que agregado a los impuestos implicaría que las empresas
petroleras recibirían solamente un 15 por ciento de ingresos. Eso
vestido de un nacionalismo imbécil que ignora que Bolivia carece de la
tecnología y el capital de inversión para desarrollar su inmensa riqueza
energética.
Bolivia es un polvorín socio-económico y étnico. La gran masa indígena
vive en condiciones pavorosas de miseria y la izquierda, principalmente
representada por el Movimiento al Socialismo (MAS), que encabeza Evo
Morales, ha tenido éxito en convertirla en una fuerza de presión
política, con un alto contenido nacionalista.
El MAS surge con la resistencia de los cocaleros a erradicar el cultivo
de la coca, acción promovida por Estados Unidos en el Valle de Chapare.
El conflicto viene de la época de Gonzalo Sánchez de Losada, quien
renunció después de reprimir motines contra la inversión extranjera en
el gas. Pero el nacionalismo que se movilizó en contra de la explotación
del gas es basado en un odio ancestral de los bolivianos a Chile por la
pérdida del acceso al mar. Los embarques de gas se iban a hacer a través
de Chile.
Las fuerzas armadas han sido un elemento estabilizador en la balanza del
juego político. Y también de autoritarismo y corrupción. Cuando se
produce el derrocamiento de Sánchez de Losada hay dos factores
inhibidores que, en cierta forma, anulan ese papel estabilizador. Uno,
que se producen acusaciones de abuso de la fuerza y, en estos momentos,
hay un juicio por genocidio contra el presidente derrocado. El otro es
que Carlos Mesa carece de una base política propia. Además, los partidos
que controlan el legislativo perdieron apoyo popular en elecciones
locales en las que tuvo mayoría el voto indígena de Evo Morales. Mesa,
consciente de lo precario de su legitimidad, anunció que prefería
renunciar antes que apelar al uso de la fuerza, como su predecesor.
Morales decidió aprovechar esa renuncia al uso de la fuerza para
promover el caos.
A nivel interamericano, Evo Morales se suma como líder boliviano del
movimiento bolivariano regional que promueve Chávez, con Fidel en el
trasfondo. Ya, antes, había sido financiado por Muammar Gadafi, vía
Fidel. Pero la situación tiene complicaciones. Primera, que los
principales inversionistas extranjeros envueltos en este caso
representan intereses regionales izquierdistas, Petrobras de Brasil y
Repsol/YPF de Argentina. Segunda, que la riqueza energética está en
departamentos como Santa Cruz de la Sierra y Tarija donde prevalecen
fuerzas conservadoras que se veían enriquecidas por la bonanza de
explotar el gas, lo que ha generado un movimiento secesionista. Y,
tercero, que el caos de los bloqueos acaba afectando la vida cotidiana
de todos, pequeños productores y consumidores.
Consciente de estos tres factores, Mesa reta a Morales. Planteó su
renuncia a menos que hubiera un pacto social. Eso se discutió en una
sesión de tres horas, en el Banco Central, entre todos los diputados y
senadores y el presidente. De ahí surgió la ratificación unánime de Mesa
para que terminara su mandato en el 2007 y un programa de cuatro puntos,
incluyendo una Ley de Hidrocarburos razonable, elecciones
departamentales para legalizar la autonomía y evitar la secesión, una
constituyente y cese a los bloqueos. Sólo se opuso el MAS y algunos de
la izquierda. Acto seguido, Mesa hizo un llamado a la población para que
salga a la calle a retar a los bloqueos. Eventualmente, Mesa tendrá que
volver a poner a las fuerzas armadas en la balanza política. El Congreso
pasó una Ley de Hidrocarburos que evadía lo planteado por Mesa y los
fiscales sabotearon la invocación de la ley que requería Mesa para
recurrir a los militares para acabar con los bloqueos.
Al momento de escribir esta columna, Mesa ha alzado la parada de nuevo
convocando a elecciones presidenciales. El pulseo continúa. Aun si gana
Morales, será una victoria pírrica. Bolivia encara la posible ruina por
la parálisis de la inversión energética y bordea el abismo de una
secesión.
A nivel internacional, Lula, Kirchner, Vázquez y Duarte dieron su
respaldo a Mesa. Lagos tuvo la sensatez de guardar silencio. Al final,
aislado, Chávez tuvo que apoyar a Mesa, a pesar de que Evo es el hombre
de la revolución bolivariana en el altiplano. ¿Y Fidel? Automarginado de
la inauguración de Vázquez --dicen se ofendió porque Tabaré le pidió
limitara su verborrea-- decidió hablar de las ollas de presión.
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