En defensa del neoliberalismo
 

Moral y liberalismo

 

Respuesta a un estudiante peruano

Al neoliberalismo se le critica mucho la "crueldad", la "implacabilidad" y el carácter "despiadado."El problema es el siguiente:

Adam Smith y los fundadores del pensamiento liberal en realidad no elaboraron ninguna "teoría"económica sino que simplemente generalizaron lo que mostraba la experiencia. Y la experiencia mostraba que el mercado libre, la libre competencia era lo mejor para los consumidores. "No recibimos el pan, la carne o la lecha que comemos de la generosidad del panadero, el carnicero o el lechero", escribió Adam Smith, "Cada uno sólo está preocupado por sus intereses personales y, sin embargo, parece  como si una mano invisible guiara todos esos intereses personales para que el resultado de su intercambio fuera lo más conveniente para la sociedad en su conjunto."

¿Por qué dicen que el neoliberalismo es cruel?  Porque el neoliberalismo dice que no hay nada mejor para la sociedad en su conjunto que dejar que funcione la libre competencia, que dejar que funcione el libre juego del mercado. Y, desgraciadamente, en ese juego, que es el de la vida, tiene que haber ganadores y perdedores. ¿Acaso son crueles los jugadores de un equipo de fútbol cuando le ganan a un adversario? ¿Acaso no se respetan, e inclusive se admiran, mutuamente? Así mismo es la competencia capitalista. 

Imagínate cuando Ford inventó el automóvil. La humanidad se había estaba transportando a caballo desde hacia miles y miles de años. ¿Te imaginas cuantas familias vivían de hacer herraduras, de atender a los caballos, de fabricar coches? 

Los neoliberales dirían que hay que dejar entrar libremente los automóviles en el Perú. Dirían que iba a traer inmensas ventajas a los peruanos y que esa nueva industria iba a crear muchísmos puestos de trabajo (más, a la larga, que la industria del transporte a caballo). ¿Te imaginas lo que dirían los socialistas o los populistas? Pondrían el grito en el cielo. Entrevistarían a las familias que se iban a quedar sin trabajo. Organizarían marchas de indígenas. Dirían que los caballos peruanos eran los mejores del mundo y que los que querían introducir el automóvil en el Perú no eran sino agentes del imperialismo yanqui. Acusarían a los neoliberales peruanos de crueles y despiadados.

Dentro de la Iglesia, habría distintas posiciones. Algunos dirían que no se puede vivir corriendo detrás de los placeres materiales, que si a Jesucristo le bastó con un burro, nadie debería de estar pidiendo más, que había que defender a los herreros y sus familias. Otros católicos dirían que el automóvil es bueno, un progreso, que facilitará visitar a las familias a los amigos, disfrutar más del mundo, de las creaciones de Dios. Y que, como con todas las cosas buenas, basta con darle su lugar y con no exagerar su papel. Dirían que el automóvil le iba a dar trabajo a muchos y que se deberían de  organizar, inmediatamente, formas de ayudar a las familias que se iban a quedar sin trabajo.

No hay ninguna contradicción entre estos últimos católicos y los neoliberales. La principal preocupación de los neoliberales es la libertad. A su vez, están convencidos de que la libertad es la mejor forma de elevar el nivel de vida de la gente. El neoliberalismo llega hasta ahí. ¿Qué hará la gente con su libertad? ¿Qué hará la gente con su bienestar económico? El neoliberalismo no tiene respuesta. Cada quien tiene que tratar de encontrar sus propias respuestas a la búsqueda de la felicidad. La Iglesia católica es otra cosa. Su principal preocupación es, justamente, la búsqueda de la felicidad. Y la máxima felicidad (muy imperfecta) , en esta vida, es la vida recta, el respeto por los 10 mandamientos. Y, más allás, la Iglesia ofrece una perspectiva mayor, la vida eterna.

Durante todo el siglo XIX, católicos y liberales estuvieron en bronca. A los liberales no les gustaba que la Iglesia le impusiera cortapisas a la libertad. La Iglesia, a su vez, les decía a los liberales que la libertad sin un propósito trascendente sólo llevaba a un terrible vacío existencial, y a la frustración del destino humano. Luego vinieron los comunistas y los nazis, y los liberales y los católicos fueron asesinados juntos.

Los nuevos liberales (los neoliberales) ya no son anticlericales. Una parte importante de los católicos ya no es anti-liberal. La teología católica se basa en la libertad individual, eso, precisamente, es el libre albedrío. Los católicos no imponen sus ideas, las llevan al mercado de las ideas, seguros de que no tienen nada que temer de la competencia. Ese respeto por la libertad es esencial para los neoliberales.

Qudan, por supuesto, muchos liberales antireligiosos y muchos católicos anti-liberales. A mi juicio, representan un camino equivocado y superado por la historia. Pero la historia, por supuesto, no es otra cosa que lucha.

Saludos cordiales,

Adolfo Rivero Caro
www.neoliberalismo.com