|
El liberal francés que
pronosticó Mary Anastasia
O’Grady ¿Es el presidente de Venezuela Hugo Chávez un líder democrático al que hay que apoyar a nombre del derecho constitucional? ¿O es una amenaza para la libertad? Los liberales del siglo XIX que tanto hicieron por promover la filosofía política de la democracia bien pudieran haber estado de acuerdo con lo segundo. Pero no es probable que hubieran considerado la eliminación de Chávez como el remedio para los males que afectan la democracia venezolana. A corto plazo, la crisis en Venezuela gira en torno a Chávez. Pero, a largo plazo, los problemas sólo terminarán cuando el país tenga una constitución que restrinja el poder del gobierno. Sin esa salvaguardia, Venezuela se arriesga a cambiar un sistema tiránico por otro. En 1815, el liberal francés Benjamín Constant advertía que un gobierno sin claras limitaciones, independientemente de cualquier sistema o tipo de líderes, iba a tender al despotismo. “Los hombres de partido, no importa cuan puras sean sus intenciones, siempre son renuentes a limitar su autoridad’’, escribió. “Desconfían de este o aquel tipo de gobierno, de esta o de aquella clase de gobernantes pero si les dejan organizar el gobierno a su antojo, no van a querer ponerle límites de ningún tipo”. Constant nunca visitó Venezuela pero lo que escribió sobre lo que sucede cuando el estado carece de limitaciones resultó una profecía para la nación sudamericana. Una razón por lo que la oposición venezolana, aunque unida en contra de Chávez, no parece capaz de encontrar un programa más allá de llamar a su derrocamiento es porque no puede imaginar un ambiente político estructurado de manera diferente. La oposición dice que procederá con el referéndum consultivo del 2 de febrero, ya aprobado por el Consejo Nacional Electoral aunque Chávez haya rehusado financiarlo. Probablemente esto deje en claro la voluntad popular y pueda acelerar un proceso pacífico para la eliminación de Chávez. Con todo, aun si el presidente saliera para Cuba, las raíces de la crisis política seguirían existiendo mientras los venezolanos no consigan un consenso en torno a la noción de un gobierno limitado. Esto no es tarea fácil para un país que durante décadas ha tolerado, e inclusive alentado, el poder arbitrario. La constitución de 1999 elaborada por el partido de Chávez es particularmente mala porque amplía las responsabilidades del gobierno como proveedor y, por consiguiente, su alcance. Pero el menoscabo de la libertad no empezó con ese documento. El sutil desmantelamiento de las protecciones gubernamentales ha estado avanzando desde hace décadas. En una columna en 1999, Carlos Ball escribió que los congresistas venezolanos “a lo largo de sus carreras se han confabulado para suspender – desde hace 30 años – cláusulas constitucionales específicas que protegían la propiedad privada, y la libre empresa”. (*) Cuando Chávez estuvo listo para postularse para presidente, el terreno se hallaba abonado para su radicalismo. Los asaltos contra la constitución habían empujado a infinidad de venezolanos a la pobreza. Para el senador por Connecticut Christopher Dodd - como para los otros 13 congresistas demócratas que le han escrito al presidente Bush a favor de Chávez, y para la izquierda americana en general - la democracia venezolana sólo parece significar que los funcionarios electos puedan hacer lo que les plazca. Y, sin embargo, hace mucho tiempo que Chávez ha perdido su legitimidad como líder democrático. Sus asaltos verbales y sus agresiones gubernamentales contra los propietarios, los opositores políticos, la iglesia, el poder judicial y los medios de comunicación demuestran su concepción sobre la democracia. Al fomentar la división, el presidente alienta la violencia y socava el poco orden institucional que tenía el país. Sus partidarios, armados con palos, piedras y armas de fuego han sido filmados mientras atacaban manifestaciones pacíficas de la oposición. Su mejor amigo en la región es el dictador Fidel Castro, un hombre que ha perfeccionado el uso de los agentes provocadores para hacer su trabajo sucio. Esta semana, un antiguo piloto del avión del presidente de la república dijo - aunque sin poder probarlo – que Chávez había canalizado fondos para Al Qaida. Lo que está pasando en Venezuela podía pronosticarse. Constant lo hizo cuando escribió sobre los peligros de conceder autoridad. “Es necesario, en realidad es imperativo, comprender la exacta naturaleza de la autoridad así como su precisa extensión”. Si uno hace leyes que pongan un poder ilimitado en la manos de funcionarios electos, advirtió, uno está creando e introduciendo en la sociedad un grado de poder demasiado grande en si mismo, un poder destinado a convertirse en algo malvado, sean cuales sean las manos en que se ponga”. Donde hay un poder absoluto, “cualquier poder popular es simplemente una violenta tiranía”. Los venezolanos se quejan frecuentemente de que el tejido moral de su sociedad se ha deteriorado. Constant también pronosticó esto. “El poder arbitrario destruye la moralidad porque no puede haber moralidad sin seguridad’, escribió. “Cuando un poder arbitrario golpea sin escrúpulos a los que han despertado su suspicacia, no persigue sólo a un individuo, es a toda la sociedad a la que primero humilla y luego degrada”. De la misma forma, Constant pronosticó cómo el poder absoluto, y por consiguiente arbitrario, fomentaría los privilegios pese a sus promesas de aumentar la igualdad. Al referirse a la pérdida de libertad que significa cualquier gran autoridad, dijo: “Al entregarnos por entero no nos convertimos en iguales puesto que algunos derivan ventajas exclusivas del sacrificio de los demás”. Para Constant no había ningún valor en defender una constitución que no restringiera al estado. “¿Por qué queremos castigar a los que conspiran contra el estado Porque tememos la sustitución de una organización legal por un poder opresor. Pero si el mismo gobierno está ejerciendo un poder opresor, ¿qué ventaja nos puede ofrecer?” Esto es muy parecido al argumento usado por el mismo ex golpista de Chávez que, cuando juró como presidente. Se comprometió a deshacerse de la “morbosa”constitución. Ahora la oposición, muy justificadamente, está diciendo lo mismo. Pero los venezolanos no parecen haber aprendido la lección que hay en todo esto. Los ejecutivos de la industria petrolera estatal están alzados ante la intervención de Chávez en su negocio pero nadie ha llamado a que el gobierno renuncie a la propiedad del petróleo. Sus protestas tendrían más peso si estuvieran comprometidos a cambiar algo más que el hombre en el poder. (*) De la misma forma, la constitución de 1940 en Cuba ya había menoscabado la protección a la protección privada. Pero fue. sobre todo el entusiasmo de los cubanos en 1959 el que le dio al nuevo gobierno revolucionario grandes poderes que éste luego utilizó para instaurar su dictadura totalitaria. Y desde hace más de 40 años no hay forma de deshacerse de esa dictadura. .
10 de
enero, 2003
|
|