En defensa del neoliberalismo
 

El lamento de Leticia
Un artículo de interés para los argentinos
(entre muchos otros)

 

Eileen Ciesta


Leticia Casta es una modelo francesa cuya belleza es tan admirada por sus compatriotas que ha sido convertida en la nueva “Mariana”, el tradicional símbolo de la República francesa. Y, sin embargo, apenas se había revelado su busto como la encarnación de Francia cuando la famosa belleza se mudó para Londres. Poco después, en un festival en Cannes, la joven era recibida con gritos de “¡Traidora!” y  “¡Viva Francia!’ Pero una antigua Mariana, Brigitte Bardot, le dio su apoyo moral. “Bien hecho. Si fuera más joven, me iba con ella.’’ ¿Qué fue lo que impulsó a esta belleza, criada en Córcega, a salir de Francia? Los impuestos.  Los impuestos a los ingresos de los franceses son una calamidad. No importa lo bella, e independientemente de cuántas figuras mitológicas represente, una mujer francesa, o un hombre, que sólo esté ganando  $45,000 al año tiene que pagar impuestos a la tasa marginal superior de 54 por ciento, más16 por ciento por impuestos de seguridad social. Leticia, cuyo salario está estimado en unos $3 millones, ahorra entre 30 y 40% con sólo alquilar un apartamento en Trafalgar Square. Y si es lo suficientemente frugal como para acumular una significativa cuenta de ahorros,  tendrá que pagar un “impuesto de la riqueza” de hasta 8 por ciento que liquidará todo incentivo para ahorrar e invertir. Pero la verdadera furia revolucionaria está reservada contra los empresarios. Si Leticia se decidiera alguna vez, digamos, a iniciar su propio negocio de cosméticos y hacer su empresa pública en el Noveau Marche, pudiera querer estimular al talento de su empresa dándole acciones. Las autoridades francesas, sin embargo, han garantizado que nadie pueda ser motivado. Si usted gana 1 millón de francos sobre sus acciones y las vende en menos de cuatro años (el tiempo que, según los franceses, es cuando una inversión deja de ser una especulación), y usted deberá 120 por ciento sobre  las ganancias. Es decir, que tendrá que pagar el millón más 200,000 francos. Para muchos empresarios franceses esto es simplemente indigno. Alrededor de 150 empresas francesas se han reubicado en Gran Bretaña. Según un estimado, hay 250,000 franceses viviendo en Gran Bretaña. Muchos ellos son descritos por sus bancos como “individuos de alto valor neto”.

El gobierno francés tiene una solución. Ha erigido un bloqueo fiscal para detener a los empresarios en fuga. Si usted pretende arriesgare yendo al exterior, enfrenta un impuesto de salida del 40 por ciento sobre las ganancias no realizadas de las acciones de su compañía. Pese a la escena de Cannes, Bardot no fue el único apoyo de Leticia. En un editorial de la revista francesa Le Point afirmó: “Si el símbolo nacional prefiere Knightsbridge a St. Germain-de-Pres a causa de los abusivos impuestos, es que algo anda muy mal”. Señalando una seria fuga de cerebros, Le Monde señaló: “No se puede tener una cena sin que alguno de los huéspedes no hable del éxodo hacia Gran Bretaña. Es muy deprimente saber que tras los hugonotes, los realistas, los proscritos de la Comuna y los partidarios del general De Gaulle, ahora le ha llegado el turno a las grandes fortunas, los altos salarios y los empresarios de encontrar refugio al otro lado del canal”.  Hasta Laurent Fabius, ministro de Finanzas del gobierno socialista, calificó la fuga de talentos como “un fenómeno preocupante.”  Más preocupante quizás sea el crecimiento del PIB de Francia que sólo ha alcanzado 1.24 por ciento anual en los últimos 20 años, y sólo 1.5 por ciento durante la gran expansión de los años 90.El gobierno francés ha reaccionado bajando la tasa superior corporativa de 36.66 por ciento a 35.33 por ciento. Quizás hagan más en el futuro. Recientemente, España y Alemania han rebajado los impuestos. Las rebajas de impuestos han provocado un pequeño renacimiento en las nuevas empresas suecas y ha revigorizado los índices de crecimiento holandeses. Y Silvio Berlusconi, el nuevo Primer Ministro de Italia, ha prometido llevar el modelo “Thatcher-Reagan-Aznar” a la debilitada economía italiana. Francia y otros estados de altos impuestos de la Unión Europea (UE) pudieran tomar ese camino. Una modesta reforma impositiva pudiera frenar la fuga de cerebros y elevar las tasas de crecimiento de la UE, que apenas ha sido de 1.6 por ciento en las dos últimas décadas. Pero hay un problema. Se llama Irlanda. Irlanda está en medio de una tremenda expansión tipo economía de la oferta (suply-side), abochornando a los eurócratas de Bruselas que habían pronosticado grandes desastres recordándoles lo mucho que odian la idea misma de rebajar los impuestos. Irlanda no está interesada en modestas rebajas de impuestos ni en un modesto crecimiento. Desde fines de los años 80, cuando la pura desesperación empujó al gobierno en los brazos de los economistas de la oferta (supply-siders), la pequeña Irlanda ha sido la nación más agresiva en cuanto a rebajar impuestos y la de más rápido crecimiento en Europa. Desde 1990, el PIB de Irlanda ha sido más del doble del promedio anual de la UE, con excepción de un año; desde 1995, las tasas de crecimiento irlandesas ha sido más del triple del promedio anual de la UE cada año. En ese mismo período, los irlandeses han promediado una tasa de crecimiento anual del 9.4 por ciento en comparación con el 2.6 por ciento de la UE. Irlanda no tiene intención de retractarse de sus rebajas de impuestos pero algunas fuerzas en la UE quisieran frenarla antes de que la revolución se difunda. Si hay algo que los franceses y los belgas temen más que fiebre aftosa es una plaga de radicales rebajas de impuestos inspiradas por Irlanda. Irlanda le está dando un ataque de nervios a la UE. Durante mucho tiempo, Irlanda ha sido aspirante al título del país desarrollado más pobre del mundo. Para mediados de los años 80, Irlanda estaba peor que nunca. El crecimiento económico era prácticamente nulo, la inflación llegaba a 10 por ciento. El déficit comercial representaba más del 12 por ciento del PIB anual. Pese a los elevados impuestos, el gobierno caía en un déficit tras otro. La relación de deuda pública al PIB llegó al 118 por ciento del PIB en 1987. Como en siglos pasados, la única exportación exitosa de Irlanda era su pueblo: educado, de habla inglesa y fácilmente empleable. Unos 200,000 irlandeses emigraron en los años 80. Enfrentados a una  masiva crisis presupuestaria, el gobierno irlandés se abrió finalmente a soluciones drásticas. Un grupo de diez economistas, partidarios de las ideas de la economía de la oferta (supply-siders), presionó una agenda de emergencia. Entre los diez estaba el actual ministro de Finanzas Charlie McCreevy, repudiado por la UE y autor de las rebajas de impuestos irlandesas. En 1986, el crecimiento del PIB había sido de un mísero 0.4 por ciento. Ese mismo año las rebajas de impuestos empezaron en serio. En 1985, la tasa superior de impuestos a los ingresos personales era de 65 por ciento en un sistema de cinco grupos cuya tasa inferior era de 35 por ciento. En 1986, se rebajó la tasa superior a 60 por ciento; en 1987 a 58 por ciento. El PIB creció a 4 por ciento annual por primera vez en los años 80. En 1989, los economistas de la oferta tomaron firme control del gobierno. Para 1992, la tasa superior había sido rebajada a 52 por ciento e Irlanda había promediado un crecimiento de 4.5 por ciento durante seis años seguidos. Y las rebajas siguieron. Para el 2000, la tasa máxima en un sistema que ahora sólo tenía dos grupos era de 44 por ciento (la tasa inferior era de 20 por ciento) y el crecimiento del PIB llegaba al 10 por ciento. Este año, la tasa superior va a bajar a 42 por ciento.

Las rebajas en las tasas de impuestos a los ingresos sólo son parte de la historia. El impuesto general a los ingresos corporativos había sido de 50 por ciento pero en 1980 el gobierno había establecido una tasa especial de 10 por ciento para los negocios en la Zona del Aeropuerto de Shannon. Al ver la explosión en las inversiones extranjeras que esto había provocado, el gobierno amplió el programa para incluir el Centro Internacional de Servicios Financieros en Dublín, y luego empezó a rebajar los impuestos corporativos de todo el mundo. Para 1996, se había rebajado la tasa corporativa a 36 por ciento. Hoy está en el 24 por ciento, y sigue bajando. A mediados de los años 90, las naciones de la Unión Europea con altos impuestos empezaron una campaña para frenar las rebajas de impuestos apuntando particularmente a la tasa de 10 por ciento para las empresas extranjeras establecida por Irlanda. Pacíficos y  acomodaticios, los irlandeses cedieron rápidamente. Ya no habrá más tasa especial del 10 por ciento para las empresas extranjeras. En vez de eso, los irlandeses van a rebajar todas las tasas corporativas a 12.5 por ciento para el 2003, dándole a Irlanda una de las tasas de impuestos corporativos más bajas del mundo. El resultado ha sido una verdadera avalancha de inversiones directas – que es exactamente lo que irrita tanto a los países europeos de altos impuestos. Casi la mitad de todas las inversiones directas de América del Norte van a Irlanda. Mulltinacionales americanas como Dell, Gateway,Microsoft y Oracle tienen sus sedes europeas en Irlanda. De 1986, cuando empezaron las rebajas de los impuestos personales, a 1994 la máxima tasa de impuestos personales fue rebajada en 17 puntos y el PIB promedió más del 4.5 por ciento. Luego, en 1994, Irlanda bajo las tasa de los impuestos a las ganancias del capital en ventas de acciones de 40 a 27 por ciento. En 1998, rebajó la tasa máxima general de ganancias de 40 a 20 por ciento. El crecimiento promedió 10 por ciento en los seis años siguientes y triplicó el promedio de la Unión Europea en cada año.

En 1996, su peor año desde la rebaja a las ganancias del capital, Irlanda creció en 7.7 por ciento mientras Francia lo hacia al 1.6 y la UE promediaba 1.8.Tras las rebajas a las ganancias del capital, que estimularon dramáticamente las inversiones en los negocios y crearon una explosión en la Bolsa de Valores de Irlanda, las cifras de desempleo finalmente salieron de los dobles dígitos en más de una década, bajando del 15.7 por ciento en 1993 a menos de 5 por ciento el año pasado. En la Francia actual el desempleo está atascado en 10.3 por ciento y en la UE la cifra es de 8.5 por ciento. Así que con las tasas de los impuestos personales reducidas en un tercio, las tasas corporativa en tres cuartos y la tasa de ganancias del capital rebajada a la mitad, ¿Qué pasó con los ingresos del gobierno? Aumentaron enormemente. Los economistas de la oferta irlandeses llegaron al poder debido a una crisis financiera: un déficit incontrolable que llegaba al 14 por ciento del PIB, y una deuda aplastante. Los primeros esfuerzos por resolver los problemas presupuestarios mediante rebajas en el presupuesto ni redujeron el déficit ni los gastos gubernamentales como por ciento del PIB. Hubo que recurrir a las rebajas de impuestos para resolver la crisis presupuestaria de Irlanda. Entre 1980 y 1997, los ingresos por concepto de impuestos personales se quintuplicaron, pasando de $1,200 millones a $5,100 millones. Y los ingreso por concepto de ganancias del capital aumentaron en 600 por ciento entre 1993 y 1998.En 1997, el perpetuo déficit irlandés se convirtió en superávit, proyectado este año al 5 por ciento del PIB. La deuda nacional ha bajado de 118 por ciento del PIB a 39 por ciento. Bruselas, furiosamente estatista, quiere explicar la recuperación irlandesa como un efecto de los programas de gastos de la UE. Y los economistas keynesianos denuncian esta política como una burbuja inflacionaria, implicando que hay que destruir la economía irlandesa para poder salvarla. Pero la verdadera sorpresa es que alguien se sorprenda por los efectos de las rebajas de impuestos. Los Rugientes Veinte en Estados Unidos, la expansión europea de posguerra bajo Ludwig Erhardt o la Japón bajo Ishibashi, los siete Años bajo Reagan, los años de la Thatcher, y la expansión del segundo período de Clinton tras la reducción a las ganancias del capital en 1997 – todos son testimonio del  mismo principio: Las rebajas de impuestos no merman los ingresos del gobierno, los aumentan.

Un estudio del Banco Mundial hecho por Keith Mardsen en 1983 mostraba que los países de bajos impuestos aumentan los gastos gubernamentales como promedio el triple de rápido que los de altos impuestos. En los años 80, el país desarrollado con la más baja tasa de impuestos era Hong Kong con una tasa máxima de 17 por ciento. Era también el país con los ingresos gubernamentales de más rápido crecimiento y con el más rápido incremento en gastos gubernamentales.

El economista Alan Reynolds (editor contribuyente del American Spectator) estudiando los países menos desarrollados, muestra que en cada caso en los que bajaron drásticamente las tasas superiores de impuestos, la hiperinflación desapareció, el crecimiento aumentó y los ingresos gubernamentales aumentaron dramáticamente. Mauricio bajó a la mitad su tasa máxima de 60 por ciento a 35 por ciento en 1979 y vio crecer los ingresos por concepto de impuestos a un ritmo más rápido que su creciente PIB - en 10% anual- mientras que los déficits presupuestarios bajaron todavía más rápido. Cuando la India bajó su tasa máxima individual de 65 por ciento a 50 por ciento en 1985, la Bolsa de Valores de Bombay tuvo una fuerte alza, y los ingresos por concepto de impuestos  aumentaron en 40 por ciento en un solo año. Turquía bajó su tasa máxima de 75 a 50 por ciento en 1985-86, y vio saltar los índices de crecimiento a un promedio de 7 por ciento anual mientras que los ingresos por concepto de impuestos aumentaban en 23 por ciento en 1985 y 31 por  ciento en 1986. Corea del sur bajó su tasa máxima en varias ocasiones desde un 89 por ciento en 1979 a 40 por ciento en 1996. Los ingresos por concepto de impuestos crecieron de 1,700 millones de wones coreanos en 1980 a 27,100 en 1996.

¿Por qué funciona una y otra vez?  Es la economía, idiota. Reynolds muestra, por ejemplo, que independientemente de lo alta que vaya la tasa superior de impuestos en Estados Unidos, los impuestos sobre los ingresos no va a rendir ingresos que representen más del 9 al 11 por ciento de los ingresos personales. Los contribuyentes siempre encuentran formas de sortear esas tasas punitivas. El capital se marcha al exterior. Los contadores se vuelven artistas. El talento emigra. Los lugares que son refugios de impuestos proliferan.

En Estados Unidos, tras dos aumentos en las tasas de  impuestos a los ingresos en 1991 y 1995, los ingresos por concepto de impuestos a los ingresos bajó a 8.8 por ciento de los ingresos  personales, menos del 10 por ciento recaudado a fines de los años 80 cuando la tasa máxima estaba su nivel más bajo del 28 por ciento.

Si el porcentaje de los ingresos personales que el gobierno puede recaudar en impuestos es esencialmente invariable, entonces la única variante que el gobierno puede trabajar es el crecimiento. Sólo el crecimiento puede reducir los déficits y financiar programas. Y la única forma confiable de aumentar el crecimiento es elevar los incentivos para trabajar e invertir reduciendo los impuestos y sus formas ocultas como las regulaciones.

Al rechazar la fórmula, aparentemente obvia, de a menos  impuestos, menos ingresos gubernamentales, McCreevy consiguió un asombroso virajd en la suerte de Irlanda, haciendo nacer un Tigre celta. Por primera vez en siglos, más gente quiere mudarse para Irlanda que salir de ella. En promedio, 28,000 salían del país todos los años entre 1987 y 1991. Pero con políticas de inmigración tan acogedoras como sus mercados de capital, Irlanda está atrayendo unos 50,000 inmigrantes todos los años. La agencia de trabajo irlandesa, Fás, recorre el mundo celebrando ferias laborales en Alemania, Londres, Nueva Zelanda, Africa del sur, Newfoundland y, el pasado marzo, en Nueva York, con la esperanza de atraer no sólo a su diáspora sino a todo norteamericano calificado para llenar la enorme demanda de los sectores de servicios y alta tecnología. Con el desempleo al 3.7 por ciento hay unos 50,000 puestos de trabajo sin ocupar en la república, 30,000 de ellos sólo en Dublín. Como le dijo el director de Fás Gregory Craig a un reportero del Irish Times, "Me ha pasado la mayor parte de mi vida tratando de encontrar trabajo para la gente, ahora estoy tratando de encontrar gente para los trabajos''.

Y sí, por supuesto,  los socios de la Unión Europea ven esas ferias laborales como otro ejemplo de "cacería furtiva" por parte de una Irlanda que está creciendo demasiado rápido para su gusto.

En una reunión financiera de la UE el pasado diciembre, McCreevy dejó claro que Irlanda no había terminado con sus rebajas de impuestos. La UE dejó igualmente claro que no piensa dejar que Irlanda ponga en peligro sus sueños de  armonizar los impuestos del continente, es decir, de  mantener los impuestos igualmente altos. En enero, Pedro Solbes, el comisionado de Asuntos Económicos y Monetarios de la UE, exhortó a Irlanda a reconsiderar su presupuesto, alegando que las bajas tasas de impuestos irlandesas violaban las Orientaciones de Política Económica, parte del Pacto de Estabilidad y Crecimiento con e que todos los miembros se ponen de acuerdo anualmente. Y le pidió a los demás ministros de finanzas que "censuren formalmente al gobierno irlandés por las drásticas rebajas de impuestos en su presupuesto''.

La excusa, por supuesto, era que la UE quería salvar a Irlanda de si misma. Rebajas ulteriores, o aumentos en los gastos del gobierno, advirtió Solbes "sobrecalentarían la economía'', jerga keynesiana por una economía en la que la gente trabaja demasiado duro, invierte demasiado, crea demasiados puestos de trabajo y se hace demasiado rica. McCreevy, en lo más mínimo arrepentido, respondió que la UE estaba actuando "por envidia". Está equivocado. Es por miedo. Como observó el Daily Telegraph, el verdadero

motivo de la UE quedó traicionado por el ministro de finanzas de la UE Didier Reynders, que calificó la reprimenda de "un golpe preventivo de Bruselas para impedir que los partidos conservadores de Italia, Francia y Alemania lleguen al poder con una plataforma de rebaja de impuestos".

La amenaza de bajar los impuestos no viene sólo de los partidos conservadores. "Hay gobiernos socialistas que están bajando las tasas máximas'', dice Michael Darda, analista europeo de Polyconomics Inc., un grupo asesor de economía de la oferta. "Es cierto que siguen siendo demasiado altas pero son buenas noticias".

En España, el gobierno de centro-derecha de José María Aznar bajó los impuestos inmediatamente tras llegar al poder en 1997, rebajando la tasa máxima de impuesto a los ingresos al 35 por ciento. La tasa de desempleo de España bajó de un catastrófico 22.5 por ciento en 1995 a un simplemente brutal 14 por ciento (que sigue alta en gran medida por las rígidas leyes laborales españolas). Pero el PIB está creciendo a un respetable más del 3 por ciento anual y Aznar, que ganó la reelección el año pasado, se ha comprometido a seguir las reformas. En Alemania, bajo la improbable dirección del canciller Gerhard Schroeder, se está reduciendo la máxima tasa personal de 53 a 48 por ciento y la máxima tasa corporativa de 51.6 a 25 por ciento, la rebaja más dramática desde los días del “milagro económico alemán” creado por Ludwig Erhardt al rebajar la tasa superior de 95 por ciento en 1948 a 53 por ciento en 1958 (ver Erhardt y el Plan Marshall).

Ante la perspectiva de una revuelta de la economía de la oferta, Reynder parecía cada vez más desesperado por desacreditar – y castigar – el éxito irlandés. “Aquí el milagro económico se consiguió con ayuda de la Unión europea y las autoridades no deben de olvidarlo,” advirtió Reynders en una reunión de los ministros de finanzas. Quiere decir que Irlanda ha recibido más de $32,000 millones en ayuda de la UE desde 1973. La ayuda de la UE en la actualidad es igual a aproximadamente el 4 por ciento de la PNB de Irlanda. Pero la alegación de que han sido los subsidios europeos y no las rebajas de impuestos lo que motiva la prosperidad irlandesa no se sostiene. Las fechas están equivocadas. Y la mayor parte de la ayuda se va en subsidios agrícolas, cuya contribución al crecimiento irlandés es probablemente negativa; para la educación (en un país obsesivamente letrado); y para la infraestructura de transporte, que ayuda pero que ciertamente no es central a una prosperidad impulsada por la tecnología y los servicios.

Según la lógica de Reynders, Newfoundland, que recibió en cierto momento 42 por ciento de sus ingresos como donaciones del gobierno canadiense, debería de estar en medio de una maravillosa prosperidad. Como Irlanda en los años 80, Newfoundland sufre de una tasa de desempleo del 17 por ciento.

Pero Reynders estaba haciendo más que reclamar crédito, estaba planteando una amenaza, invocando una provisión de la UE que pudiera usarse para bloquear futuros financiamientos si Irlanda sigue comportándose como un rebelde con su reforma de los impuestos.

Otra acusación de la UE es que las rebajas de impuestos irlandesas están produciendo ‘’excesos de éxitos’’. Tras promediar menos de 2 por ciento entre 1990 y 1998, la inflación regresó en 1999, subiendo al 7 por ciento antes de volver a bajar recientemente al 6 por ciento.

Los keynesianos de Bruselas le echan la culpa a las “arriesgadas” rebajas de impuestos y al crecimiento “sobrecalentado.” Pero los euroescépticos en el Reino Unido, señalando que la inflación volvió el mismo año en que Irlanda se unió al euro, califican la inflación irlandesa de otro ejemplo de lo que sucede cuando una nación cede su política monetaria a un banco central extranjero. “La tasa de interés no se establece pensando en Irlanda. Irlanda representa el 1 por ciento de la población de UE’’, dice Anthony Coughlan, profesor del Trinity college en Dublín. “Las tasas se establecen en Francfort, donde la principal preocupación es Alemania y Francia que tienen un crecimiento más lento.”

Robert Mundell, Premio Nobel de economía y “padre espiritual” del euro, rechaza la idea de que Irlanda esté viendo una inflación monetaria. Señalando que la inflación monetaria sólo puede ser el resultado de un exceso en la oferta de dinero y que por consiguiente aplicaría a cualquier país dentro de la zona del euro, Mundell alega que los precios están subiendo en Irlanda porque el verdadero valor de los activos irlandeses está subiendo en relación con el resto de Europa. Cuando la bolsa de valores de Estados Unidos está en alza, los rascacielos en Manhattan suben de precio en relación con, digamos, Fargo en Dakota del norte, no porque Manhattan esté experimentado ninguna “inflación” sino por la demanda de terrenos para espacio de oficinas en el centro de la ciudad donde está prosperando la industria financiera. Como decía Mundell en el  Forum Económico Mundial en Davos, Suiza, este febrero, las tierras, la mano de obra y los recursos irlandeses se han vuelto más valiosos en relación con los de otros países del euro debido a lo vigoroso de su economía.

Descartando la inflación con una falsa amenaza, Mundell alegó que la “agenda oculta de la UE es “establecer un marco para la armonización de los impuestos.” Oficialmente, la UE se retractó de su ultima presión hacia la armonización en febrero de este año. Pero Bélgica va a tomar la presidencia el 1 de julio, y Reynders no oculta su visión euro-federalista. Su gran visión va más allá de la armonización y se mueve hacia la convergencia de planes fiscales, un euro-impuesto para un euro-presupuesto. “Si usted tiene un área europea y una moneda europea, creo que un día va a hacer falta un impuesto europeo,’’ le dijo a los periodistas en marzo.

¿A esto viene a reducirse todo entonces, al euro versus la curva de Laffer? ¿Viene necesariamente la unión europea o, por lo menos, el euro al preció de una permanente (alta) solidaridad de impuestos impuesta por Bruselas?

Mundell sugiere que la verdadera respuesta pudiera ser justamente lo contrario. Tan probable es que el euro presione hacia una revuelta de la economía de la oferta como que la evada.

Lo esencial de la visión neoclásica o de la economía de la oferta  es la importancia de dividir la política monetaria y la fiscal, y restringir cada una a su justo objetivo. El único objetivo de la política monetaria es establecer la estabilidad monetaria, no estimular o restringir el crecimiento mediante la manipulación de la “demanda agregada.” El crecimiento es adecuadamente impulsado por incentivos para trabajar e invertir, que son más fácilmente influidos por la política fiscal, especialmente las tasas de impuestos y las políticas de seguridad social. El gran error keynesiano es invertir este orden, usando la política de inflación monetaria para estimular el crecimiento y usar la política fiscal –los aumentos de impuestos – para restringir la inflación. Al unirse al euro, los estados de la UE efectivamente se despojan a si mismos de esta tentación al entregar el control de la política monetaria a Francfort, dejando de esta forma la política fiscal como el único instrumento para estimular el crecimiento.

En un reciente debate con Milton Friedman en el National Post, Mundell observó que “cuando un país fija su moneda a un gran líder monetario, consigue un timón para su politica económica, una tasa de inflación estable y una disciplina para su política fiscal.” Con el establecimiento de una moneda común, la política fiscal es la única palanca que queda para controlar la economía y la base para competir con otros socios comerciales dentro de la eurozona. Esto es lo que parece estar impulsando las rebajas de impuestos en toda Europa, independientemente de la retórica política que viene de Bruselas. De esta forma, el euro no suaviza el debate sobre los impuestos sino lo agudiza. Impulsando las rebajas de impuestos de los estados miembros, también presiona el ansia de Bruselas por centralizar los impuestos para impedir esas rebajas de impuestos.

McCreevy no muestra signos de estar retractándose – el impuesto sobre las opciones de acciones va a reducirse este año de 40 a 20 por ciento - o dejar que Bruselas oscurezca la fuente del éxito irlandés. “Es muy difícil para mí, en vista del rendimiento comparativo de la economía irlandesa, ver la justificación de cualquier recomendación (para cambiar el presupuesto. Nuestro crecimiento es de 11 por ciento, el triple del promedio de la UE; tenemos un excedente presupuestario de 5 por ciento. Ocho de los 14 estados de la UE tienen déficits. Los impuestos y los gastos son 33 por ciento del PNB – en relación con el 50 por ciento de principios de los años 80. La viceprimer ministro Mary Harney es igualmente intransigente. “Es asombroso que nuestros socios de la UE quieran castigar la economía más exitosa de Europa. Realmente deberían de pensar en formas de emular nuestro enfoque y no de asfixiarlo’’. En caso de que alguien no haya comprendido el mensaje, ella señaló el pasado julio que Irlanda “está más cerca de Boston que de Berlín.”

En el continente, el abierto desafío a Bruselas parece más difícil. La reprimenda contra Irlanda ha hecho que algunos rebeldes como Silvio Berlusconi de Italia haya bajado el tono de su retórica de la economía de la oferta. Su probable ministro de finanzas, Guilio Tremonti, asustado por las amenazas de Bruselas, se ha vuelto extremadamente prudente. “Tenemos un sueño. Pero tenemos cuidado. No somos tontos. Sabemos que estamos en Europa y que tenemos que obedecer el pacto de estabilidad (de la moneda europea única).”

Tremonti sueña con rebajar los impuestos directos a los individuos y las empresas a 33 por ciento del PNB y con la “ley de Tremonti”  que le daría exenciones fiscales a las compañías que reinviertan sus ganancias y atraigan capital a Italia. Pero ha sido cuidadoso al decir al Financial Times, “No estamos por la economía de la oferta, no nos los podemos permitir… Tenemos muchos enemigos, así que tenemos que empezar despacio.”

Mientras tanto, Leticia sigue en su exilio londinense, un elocuente símbolo del fracaso de Francia y de Europa.  ¿Por qué toleran los franceses políticas tan obviamente auto-destructivas?

“Cuatro de cada cinco franceses están empleados en el sector público. Sus salarios y beneficios consumen el 38 por ciento de todos los ingresos por concepto de impuestos. Su salario promedio es superior al salario del sector privado. ¿No mataría usted al que tratara de quitarle esas ventajas?’’ pregunta Jack Anderson, socio europeo de Ernst & Young.

Lo que Francia teme no es la riqueza sino la competencia de la globalización que inevitablemente devastará el cómodo sector gubernamental. Los eurócratas quieren las tasas de crecimiento de una economía competitiva pero no se resignas a desembarazarse de las redes de seguridad social más lujosas del mundo. Como dijera el Primer Ministro Jospin, “Sí, a la economía de mercado. No, a la sociedad de mercado”.

Pero no hay escape. No importa lo que piense Jospin, la competencia global va abrirse paso hasta el mismo corazón del status quo francés. Si quieren poder seguir pagando la red de seguridad social francesa, lo mejor que pueden hacer es empezar a rebajar impuestos, y pronto. Bajen sus impuestos y podrá tener a Leticia y sus ingresos.

Tomado de American Spectator
Traducido por AR