Desinformación sobre KiotoRichard S. Lindzen La semana
pasada, la Academia Nacional de Ciencias publicó un informe sobre el
cambio climático, preparado en respuesta a una solicitud de la Casa
Blanca, que la prensa ha interpretado como un apoyo tácito al Protocolo
de Kioto. Michelle Mitchell de CNN fue una reacción típica al afirmar
que el informe representaba “una unánime decisión de que el
calentamiento global es real, está empeorando y es debido al hombre. No
hay forma de evadirlo.” Como uno de
los 11 científicos que prepararon el informe, puede afirmar que eso
simplemente no es cierto. De entrada, la Academia nunca le pide a sus
participantes que se pongan de acuerdo en todos los elementos de un
informe sino más bien que el informe represente todos los puntos de
vista. Esto fue lo que hizo, dejando bien claro que no hay consenso, ni
unánime ni de ningún tipo, sobre las tendencias climáticas a largo
plazo y lo que las ocasiona. Como de
costumbre, se ha prestado demasiado atención pública al sumario
apresuradamente preparado más bien que al cuerpo del informe. El
sumario empieza con una bomba – los gases que provocan el efecto de
invernadero se están acumulando en la atmósfera de la Tierra como
resultado de las actividades humanas, provocando una elevación de las
temperaturas superficiales de la atmósfera así como de la temperatura
de oceánica, etc., - antes
de ofrecer las salvedades necesarias. Por ejemplo, el texto del informe
observó que 20 años es un período demasiado corto para estimar
tendencias a largo plazo. Pero el sumario olvidó mencionarlo. Nuestra
conclusión primaria fue que, pese a tener algún conocimiento y estar
de acuerdo en algunas cosas, la ciencia no ha llegado a conclusiones
definitivas. Estamos muy seguros (1) que la temperatura media global es
alrededor de 0.5 grados Celsius más alta que hace un siglo; (2) que los
niveles de dióxido de carbono de la atmósfera han subido en los últimos
dos siglos; y que (3) el dióxido de carbono es un gas de invernadero
cuyo aumento probablemente caliente el planeta (uno de los múltiples
gases de invernadero, los más importantes de los cuales son el vapor de
agua y las nubes). Pero – y no
puedo subrayar esto lo suficiente – no estamos en posición de
atribuir con confianza el pasado cambio climático al dióxido de
carbono o pronosticar lo que va ser el clima en el futuro. Es decir, al
contrario de la impresión que transmiten los medios de comunicación,
estar de acuerdo con estas tres declarciones básicas casi no nos dice
nada relevante para las discusiones en torno a la política a seguir. Una razón de
esta incertidumbre es que, como plantea el informe, el clima siempre está
cambinado. El cambio es la norma. Hace dos siglos, gran parte del
Hemisferio Norte estaba emergiendo de una pequeña edad glacial. Hace un
milenio, durante la Edad Media, la misma región estaba en un período cálido.
Hace 30 años, estábamos preocupados por el enfriamiento
global. Distinguir
los pequeños recientes cambios en la temperatura media global de la
variabilidad natural, que nadie conoce, no es una tarea trivial. Hasta
ahora, todos suponen que los modelos computadorizados de clima imitan la
variabilidad natural pero dudo que nadie verdaderamente lo crea. Simplemente
no sabemos qué relación existe, si alguna, entre los cambios climáticos
globales y el vapor de agua, las nubes, las tormentas, los ciclones y
otros factores, incluyendo los cambios climáticos regionales, que
generalmente son mucho mayores que los globales y no están
correlacionados con ellos. Ni tampoco sabemos cómo pronosticar los
cambios en los gases de invernadero. Esto se debe a que no podemos
pronosticar los cambios económicos y tecnológicos en el próximo
siglo, y también porque hay muchas sustancias artificiales cuyas
propiedades y niveles no son bien conocidas pero que pudieran ser
comparables en importancia al dióxido de carbono. Lo que sí
sabemos es que la duplicación
del dióxido de carbono, por si misma, sólo produciría un modesto
incremento de temperatura: un grado Celsius. Aumentos mayores
proyectados dependen de la “amplificación” del dióxido de carbono
por gases más importantes pero para los que no hay buenos modelos: las
nubes y el vapor de agua. Frecuentemente,
la prensa ha vinculado la existencia del cambio climático a la
necesidad de Kioto. El
panel de la Academia no afrontó esta cuestión. Mi propia opinión,
consistente con el trabajo del panel, es que el Protocolo de Kioto no
representaría una sustancial reducción del calentamiento global. Dada
las dificultades de limitar significativamente los niveles de dióxido
de carbno atmosférico, una política más efectiva pudiera ser
concentrarse en otra sustancias de invernadero cuyo potencial para
reducir el calentamiento global a corto lazo pudiera ser mayor. Finalmnte, al
panel se le encargó evaluar el trabajo del Panel Intergubernamental
sobre Cambio Climático (PICC) concentrándose en el Sumario para
Dirigente Políticos, la única parte que se lee o se cita. El Sumario,
que es visto como un apoyo a Kioto, se presenta ordinariamente como el
consenso de miles de los principales meteorólogos del mundo. Dentro de
los confines de la cortesía profeisonal, el
panel de la Academia esencialmente llegó a la conclusión de que el
Sumario no brinda orientación adecuada para el gobierno de Estados
Unidos. El informe
completo del PICC es una admirable descripción
de las actividades de investigación sobre metereología pero no
está específicamente dirigido a la política. El Sumario sí pero
también es un documento muy diferente. Representa el consenso de los
representantes de gobiernos (muchos de los cuales también son los
representantes de sus naciones en Kioto), más bien que científicos. El
documento resultante tiene un fuerte tendencia a ocultar las
incertidumbres, y plantea varias aterradoras posibilidades para las que
simplemente no existen pruebas. En la arena pública,
la ciencia es frecuentmente utilizada como fuente de autoridad con la
que aporrear a los opositores políticos, y hacer propaganda a
ciudadanos sin información. Esto es lo que se ha hecho tanto con los
reportes del PICC como con el de Academia. Es una práctica censurable
que corroe nuestra capacidad de tomar decisiones racionales. La realidad
científica es que todavía existe una enorme incertidumbre – mucho más
de la que los defensores de Kioto quisieran reconocer – y que el
informa de la Academia de Ciencias no cierra ningún debate. Ni se suponía
que lo hiciera. El
Sr. Lindzen es un profesor de meteorología en MIT y fue miembro del
panel sobre cambio climático de la Academia Nacioanl de Ciencias. Publicado
en The Wall Street Journal el 6/11/01. Traducido
por AR. Nota: Todos
los países industrializados han firmado el Protocolo de Kioto,
incluyendo a Estados Unidos que lo firmó en noviembre de 1988. Pero hay
una diferencia entre firmar un
tratado (los negociadores están de acuerdo) y ratificarlo (la aprobación gubernamental que lo hace obligatorio).
En Estados Unidos, si el ejecutivo firma un tratado, el Senado tiene que
ratificarlo por una votación de las dos terceras partes (no muy
probable puesto que el
Senado votó 95-0 a favor de una resolución no obligatoria diciendo que
no apoyaría Kioto a no ser que también incluyera a los países en
desarrollo). Los
signatarios de Kioto, además de Estados Unidos, son las 15 naciones
europeas más Australia, Canadá, Japón, Nueva Zelanda, Noruega y
Suiza. Pero
ninguno de ellos lo ha ratificado. El
19 de marzo, Rumanía se convirtió en el único país europeo que haya
ratificado el tratado. La mayoría de los 34 países que lo han
ratificado son países en desarrollo que están exentos de todas las
restricciones aconsejadas por el Protocolo. |
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