En defensa del neoliberalismo
 

El Fondo Monetario Internacional

 

El Fondo Monetario Internacional fue fundado después de la II Guerra Mundial, como parte de Bretton Woods, con la misión de ayudar a apoyar un sistema de intercambio fijo entre los países desarrollados. La idea era que una moneda estable promovería el libre comercio y, a su vez, enriquecería al mundo. Todo funcionó perfectamente hasta 1971, cuando Estados Unidos sacó al dólar del patrón oro. Eso dejó al FMI sin un objetivo definido. Pero tenía oficinas, tenía personal y tenía mucho dinero "a préstamo" de los países miembros. Y empezó la diversión.

Más bien que simplemente desaparecer, el fondo empezó a inventar nuevas misiones y adquirir nuevas naciones miembros, muchas de las que se transformaron rápidamente en clientes. Para mediados de los años 90, el FMI se había convertido en una agencia de planificación central con alcance global que trataba de microadministrar la política económica de los países en desarrollo como condición para préstamos baratos. Eso pudiera haber funcionado mejor si el FMI no hubiera favorecido recetas tan profundamente erróneas como aumentos de impuestos, devaluación de monedas y rescates financieros.

Estas políticas del FMI ayudaron a estimular lo que empezó en 1994 como la Crisis de México y explotó en 1997 en la Crisis de Rusia y la Crisis de Brasil. Al demandar, y en 1997 conseguir, un aumento del 45 por ciento de sus fondos, el FMI organizó una serie de rescates financieros que costaron más de $180,00 millones, acompañados por las usuales y detalladas recetas políticas que en algunos casos -como los masivos cierres bancarios en

Indonesia- sólo sirvieron para que situaciones malas se volviera peores. En Rusia, fue sólo después de que el programa del FMI fracasara estrepitosamente, y fuera abandonado, que el Kremlin empezó a poner su casa fiscal en orden.

Cuando finalmente estas crisis cedieron (aparte de la reciente desastre de Argentina y de los problemas en Turquía), el FMI se encontró en necesidad de más misiones para ocupar sus decenas de miles de millones y su personal en constante expansión. No pasó mucho tiempo antes de que el fondo se casara con el estupendo objetivo de la "reducción de la pobreza''. Ahora nos encontramos con que Horst Koehler, uno de sus pricipales directores, insiste en que "para mostrar solidaridad entre las naciones ricas y los ciudadanos más pobres del mundo", las naciones desarrollas debían aumentar considerablemente sus fondos de ayuda. Es lógico que necesiten más dinero pero la solidaridad no tiene nada que ver con el asunto. A tres cuadras de la Casa Blanca se va a levantar un nuevo edificio del FMI a un costo de $250 millones. En el 2005, cuando esté terminado, podrá albergar los 2,680 funcionarios que el FMI tiene en su nómina. Pero no será la sede del Fondo, sino sólo una ampliación. La sede está en otro edificio que queda frente al nuevo.