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Argentina: Alegría Destituyente
Nicolás Márquez*
Todo aquel que tuviese una concepción política, filosófica o moral
distinta de la que encarna el matrimonio presidencial, ha sido
etiquetado ex cathedra como un elemento “destituyente”, tal la
curiosa acusación que el régimen ha colocado a toda manifestación de
pensamiento disidente o alternativo.
Pues los “destituyentes”, que son más del 70% de los votantes del
país, en los adelantados comicios del pasado domingo acabaron por
aplastar de manera fulminante el proyecto político capitaneado por
los cónyuges patagónicos, cuyo costo letal arrastró también a la
corte de alcahuetes inmediatos del matrimonio de marras, puesto que
los adulones antedichos oficiaron de indecorosos títeres aceptando
sumisamente parodiar de candidatos “testimoniales” en la derrotada
lista bonaerense del oficialismo.
De los cinco distritos electorales más importantes del país, el
kirchnerismo salió cuarto en la Provincia de Córdoba, tercero en
Santa Fé, cuarto en la ciudad de Buenos Aires, fue destrozado por
las tropas de Julio Cobos en Mendoza y como golpe de gracia, en el
único bastión en donde la banda kirchnerista podía practicar
clientelismo y traficar miseria con total descaro e impunidad,
también fue derrotada por la lista de Unión-Pro, encabezada por el
empresario (y sepulturero ad hoc) Francisco de Narváez.
Pero Néstor Kichner, aun en su noche más negra, tuvo su golpe de
suerte: en Buenos Aires llovió a cántaros y las decenas de miles de
ciudadanos “destituyentes” no pudieron abarrotar las calles con
banderas argentinas festejando la derrota electoral del despotismo
iletrado a manos de las fuerzas republicanas.
Al no poder esconderse en el Calafate (tal como hizo siempre
Kirchner ante cada papelón), no le quedó más remedio al patagónico
que dar la cara y exponer su adusta efigie ante las cámaras, la cual
apareció pasadas las dos de la mañana.
En efecto, en la naciente y oxigenante noche de lunes 29 de junio de
2009, un desencajado Néstor Kirchner secundado por Daniel Scioli y
Sergio Massa (cuyos desarticulados rostros hacían coro con el de su
mandamás), salió a reconocer la derrota electoral recitando
artificialmente un libreto pretendidamente moderado con un forzado
tono pastoral apenas contenido y controlado.
Tras seis años de absolutismo, la mayoría absoluta de los votantes
del país celebraron con júbilo el haber puesto fecha cierta al final
irreversible de un emprendimiento familiar que, salvo rebrote de
bipolaridad renunciante, culminará el 10 de diciembre del año 2011
conforme lo normado en la Carta Magna.
Sin embargo, quien parece no haber tomado nota de la tunda
electoral, es precisamente la bachiller Cristina Fernández de
Kirchner (quien parodia de Presidente de la República bajo las
órdenes de su marido), quien la tarde del día siguiente de los
comicios, en acotada “conferencia de prensa” (verdadero monólogo sin
posibilidad de repregunta) minimizó (prácticamente desconoció) la
escandalosa derrota padecida.
Pero más allá del cúmulo de tonterías verbalizadas por la mujer de
Néstor (praxis frecuente en susodicha consorte), en las atmósferas
de la Patria se respira un inequívoco clima de júbilo gracias al
multitudinario voto opositor (“destituyente” según la jerga
regiminosa), cuyos sufragistas, independientemente de matices o
excepciones, apostaron masivamente a la recuperación del sistema
republicano, la propiedad privada y la libertad individual.
Así las cosas, tras la contienda cívica acontecida todo indica que
el kirchnerismo (o lo que queda de él), ha quedado convertido, tal
como lo dice el tango, en “la vergüenza de haber sido y el dolor del
ya no ser”.
(*) Periodista, abogado, escritor.
Próximo libro del autor “El Canalla – la verdadera historia del Che
Guevara”. Disponible en las principales librerías en los próximos
días.
Julio,
2009 |