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The Wall Street Journal
Noviember 30,
2005; Página A18
El
dinero no podrá comprar amor, a no ser que usted sea Anna Nicole
Smith. Pero en estos días un poco de combustible para la
calefacción puede comprar amigos en Washington, especialmente
cuando salen tan baratos como el demócrata William Delahunt.
Massachusetts quiere petróleo barato para ayudarle a pasar al
invierno. El tirano venezolano Hugo Chávez quiere influir en
Washington. El representante por Massachusetts y Ted Kennedy se
ocuparán de cerrar el negocio.
La
semana pasada Venezuela anunció que Citgo Petroleum, radicada en
EEUU, vendería 12 millones de galones de combustible para la
calefacción a un descuento de 40% con el supuesto objetivo de
ayudar a los pobres de Massachusetts. El acuerdo fue anunciado por
el Sr. Delahunt en el jardín de un asilo, antes del Día de Acción
de Gracias, con el representante Ed Markey a su lado. "Esto tiene
que ver con el pueblo, no con la política," dijo el Sr. Delahunt
de lo más serio. Citizens Energy, basada en Massachussets y
dirigida por el clan Kennedy, será uno de los distribuidores de
ese petróleo.
"Para Citgo, para el pueblo de Venezuela, nuestra deuda," dijo el
congresista. Realmente, Delahunt debía sentirse en deuda con el
pueblo de Venezuela, cuyo ingreso per
cápita
es quizás una décima del de Massachussets, y cuya única fuente de
divisas duras es ese petróleo cuyo dirigente está prácticamente
regalando al segundo estado más rico de los Estados Unidos. Pero
Delahunt no tiene ninguna deuda no pagada con Chávez. Desde hace
años, el congresista demócrata ha estado cabildeando duramente a
favor del déspota venezolano, al que describe como un humanitario
incomprendido. Cuan francés.
Hugo Chávez llegó al poder en 1999. En siete años ha acumulado un
historial de abusos de derechos humanos, fraude electoral,
confiscaciones de propiedad estilo el Mugabe de Zimbabwe, erosión
del poder judicial independiente, limitaciones a la libertad de
prensa y militarización del país. Sus mejores amigos incluyen a
Fidel Castro, los ayatolas de Irán y los terroristas de las FARC
de Colombia.
La
administración de Bush está preocupada por todo esto, pero nada de
ello le importa al Sr. Delahunt. Tras la breve deposición de
Chávez en 2002 debido a su uso de la violencia contra los
opositores internos, Delahunt visitó Venezuela y proclamó, "Creo
que ha aprendido de esto. Creo que comprende que el espíritu de
compromiso y reconciliación son las verdaderas cualidades del
liderazgo, no el divisionismo." Desde entonces, los ataques de
Chávez contra sus críticos sólo han hecho empeorar.
Delahunt regresó a Caracas para cenar con Chávez en agosto. Le
preguntaron si pudiera estar actuando en oposición a la política
de EEUU. "Yo no trabajo para Condoleezza Rice. No reporto al
Departamento de Estado. Yo reporto al pueblo que me eligió en el
estado de Massachusetts. Yo pertenezco a una rama independiente
del gobierno."
Esto sería más exacto si fuera posible para Massachusetts tener
una política exterior separada. El cabildeo de Delahunt a favor
del dictador socava cualquier presión oficial que EEUU ejerza
sobre Chávez para que se comporte de manera más humana, que es
precisamente por lo que Chávez le está devolviendo el favor
endulzando a Delahunt con petróleo barato.
Para americanos menos acomodaticios, el jefe del Caracas tiene una
política diferente. El lunes, el gobierno le impidió tocar
territorio venezolano a una delegación del Congreso encabezada por
el presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de la
Cámara Henry Hyde y el dirigente demócrata Tom Lantos. La
delegación tuvo que permanecer dentro de su avión durante dos
horas. El itinerario del avión era conocido por las autoridades
venezolanas desde hacía semanas. Por un poco más de petróleo
descontado, quizás el Sr. Delahunt esté dispuesto a explicarle a
sus colegas que todo esto no fue sino un gran malentendido.
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