|
Venezuela y la Argentina Mariano Grondona Las semejanzas entre la crisis venezolana y la crisis argentina saltan a la vista. Hay, sin embargo, significativas diferencias. Mirar a fondo a Venezuela es una manera de conocernos mejor a nosotros mismos. Semejanzas y diferencias A semejanza de radicales y peronistas entre nosotros, dos partidos han dominado la historia reciente de Venezuela. Uno, Acción Democrática (AD), tiene por su inspiración socialdemócrata afinidad con el radicalismo. El otro, Copei, abreva en la doctrina socialcristiana a la que también apela el peronismo. Hasta 1958, la intolerancia política fue tan intensa en Venezuela que medio país llamó una y otra vez a los militares para desplazar al otro medio. De este modo, las intervenciones militares fueron en Venezuela más frecuentes aún que en el resto de América latina. Con el odio político entre conservadores y radicales primero, entre peronistas y radicales después, éste fue también el rasgo saliente de la Argentina militar, de 1930 a 1983. Después de la época de la intolerancia, AD y Copei se acercaron demasiado uno al otro, protegiéndose recíprocamente hasta compartir una imagen de corrupción. La gente empezó a verlos no ya como rivales sino como cómplices. Cuando el coronel Chávez intentó el frustrado golpe militar de 1992, la mayoría de los venezolanos lo miró con simpatía. En las elecciones presidenciales de 1998 lo votó masivamente. En la Argentina, la excesiva proximidad entre radicales y peronistas, emitiendo una similar imagen de corrupción, culminó en el escándalo de los "sobres" en el Senado, el año 2000. Unos cobraban, los otros pagaban. En las elecciones de octubre de 2001, el 40 por ciento de los votantes les dio la espalda a los dos partidos. En diciembre de ese mismo año, una sinfonía de cacerolas derrocó a De la Rúa. Es que, cuando los dos partidos principales intiman demasiado, la gente deja de ver en uno de ellos la alternativa del otro y sale a pedir "que se vayan todos". Odio primero, reconciliación después, imagen de complicidad más tarde, condena popular finalmente: las historias partidarias de Venezuela y la Argentina han recorrido la misma senda. Pero hay diferencias. La primera tiene que ver con el papel de los militares. Desde 1992, con el golpe de Chávez, los militares reingresaron en la escena política venezolana después de una ausencia de varias décadas. No hubo ingredientes militares, en cambio, en la crisis argentina. Si existió el "golpe" del 20 de diciembre que el ex presidente De la Rúa acaba de denunciar en su presentación judicial, fue enteramente civil y habría consistido en todo caso en la omisión de los debidos recaudos por parte de la policía bonaerense ante los saqueos que le dieron origen y en la presunta participación en ellos de activistas partidarios también venidos de la provincia de Buenos Aires. A partir de los saqueos, los "cacerolazos" fueron civiles, masivos y espontáneos. La segunda diferencia se vincula con la primera. De la Rúa renunció. También lo hizo, después de él, Rodríguez Saá. A Chávez, en cambio, lo echaron. En tanto el gobierno de Duhalde, a quien eligió el Congreso, continúa siendo constitucional, el empresario Pedro Carmona, que disolvió al Congreso, preside un gobierno de facto.
|
|