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Sobre la falsa oposición
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 “Tenemos que crear nuestra propia oposición, antes de que la oposición real se organice” Félix Edmúndovich Dzerzhinsky (Cheka/GPU/OGPU) 1917–1926.

Se puede considerar a Félix Edmúndovich Dzerzhinsky como el fundador de la KGB, el Comité para la Seguridad del Estado, que fue el nombre de la agencia de inteligencia, así como del órgano principal de la policía secreta en la Unión Soviética del 13 de marzo de 1954 al 6 de noviembre de 1991.

A Félix Edmúndovich Dzerzhinsky se le atribuyen muchas de las tácticas, de represión política, aplicadas en la Unión Soviética y luego implementadas en el resto de los países socialistas, ya que era consciente de conceptos como:

“Defendemos el terror organizado, hay que admitirlo francamente. El terror es una necesidad absoluta en los períodos revolucionarios... Aterrorizamos a los enemigos del poder soviético con el propósito de cercenar el crimen de raíz”.

Su visión sobre la falsa oposición se mantiene hasta nuestros días. El tema ya ha sido tratado en otras oportunidades. Incluso, el periodista independiente en Cuba, Víctor E Sánchez en el 2011 hizo un análisis muy detallado de esa condición, pero como todo evoluciona, hoy queremos actualizar las nuevas acciones de la inteligencia cubana en las circunstancias actuales.   

Lo primero para tener en cuenta es la situación de la oposición política en Cuba en estos momentos. Aunque no parece estar en su mejor momento, sigue siendo de interés político para los servicios de inteligencia. Por tanto, hay que analizar la evolución de sus métodos y estrategias, y por qué no se repiten patrones anteriores.

El modo recurrente de quemar (revelar) agentes infiltrados para descabezar organizaciones y mantener la percepción de que la oposición está totalmente infiltrada, no se está realizando hace un buen tiempo. A falta de un liderazgo opositor diverso, se prefiere la centralización y potenciación de un liderazgo único, lo que conlleva a trabajar en el manejo de su perfil.

Esta variable del falso líder opositor es novedosa y compleja. No es un simple agente infiltrado, sino que tiene que cumplir roles diferentes. Por tanto, tiene que mantener una posición y una actitud variable y a primera vista incoherente. En ocasiones tiene que enfrentar los avatares de una supuesta represión, cárcel incluida. Aquí también hay que actuar con cautela, para cumplir dos propósitos: una supuesta represión desmedida, que fortalezca su credibilidad opositora y a la vez infunda pánico, que es una condición natural de este tipo de cuerpo de inteligencia desde su fundación.

Un mecanismo muy socorrido por esos cuerpos de inteligencia es aplicar medidas diferentes por hechos iguales, donde las medidas más severas se emplean contra el falso líder opositor. Incluso, se pueden imponer sanciones muy altas, en el caso cubano, la petición fiscal puede ser hasta de pena de muerte. Hay que tener en cuentas, que un agente de la Seguridad del Estado tiene que estar dispuesto a enfrentar los máximos sacrificios, incluida la cárcel. También resulta afectada su familia, que en la mayoría de los casos no sabe de la condición de agente de la inteligencia de su familiar.

El objetivo principal de la falsa oposición es tener un líder opositor bien destacado entre los líderes de la oposición real. Hay que apelar a todos los recursos para que se convierta en la principal organización opositora. No deben confundirse los objetivos de un líder de la falsa oposición y el papel de un agente infiltrado en las organizaciones opositoras. El líder de una falsa oposición está encargado de diseñar las directrices de la oposición, siempre bajo la supervisión y dirección de los Órganos de la Seguridad del Estado.  Los agentes infiltrados su tarea es minar a la oposición por dentro, crear conflictos internos y ubicar delaciones, que sean de interés para el mando.

El líder de la falsa oposición en sus inicios se potencia con recursos, hasta que sus méritos propios le permitan obtener recursos de personas u organizaciones externas. Para eso se le planifican acciones que parecieran imposibles de realizar por cualquier otra organización opositora, lo que le da un gran reconocimiento y a corta plazo un incremento importante en su membrecía.

El papel más importante de los órganos represivos ante esta situación es como potenciar un líder de la falsa oposición y a la vez dañar su perfil, que en un momento dado comprometa su autoridad moral. Para ello se recurren q diversos métodos: uso inadecuado de los recursos recibidos, prácticas morales éticamente dudosas y un control unipersonal de la organización.

Sin embargo, por solo estos elementos, no se puede descartar una falsa organización opositora, porque los órganos de inteligencia a veces permiten hechos similares para confundir los actos de una oposición real. Por tanto, no es fácil de discernir la falsa oposición de la oposición verdadera. No obstante, con una observación sistemática a mediano o largo plazo se pueden acumular las evidencias que permiten diferenciar una de la otra.

El líder de una falsa oposición tiene que tener la potencialidad para competir en un momento dado hasta por la presidencia de un país, con ello se asegura legitimar un proceso electoral amañado, de lo contrario, en un caso remoto que ganara las elecciones, sería la persona quien conduciría el proceso de cambio de autoridades y garantizaría la seguridad y protección del régimen saliente.

En la situación cubana esta posibilidad está distante, pero siempre se tiene en cuenta por los servicios de inteligencia. Actualmente la oposición cubana está bastante diezmada, por lo que no es necesario recurrir al viejo método de destapar agentes, para amedrentar a la oposición. Más bien se está evitando que surja un líder opositor carismático, que se pueda convertir en el Juan Guaidó cubano. Un Guaidó en el sentido de la palabra, que pueda ser reconocido por las instituciones y gobiernos democráticos del mundo. En ese caso, el líder de la falsa oposición ya tiene que haber conseguido los meritos suficientes para lograr ese nombramiento.

En todos los países las circunstancias no son iguales. En Venezuela hay una oposición falsa, que tal vez no se necesite duplicar, y otra oposición con un perfil ideológico muy parecido al oficialismo, que por su propia naturaleza no constituye un peligro real para el régimen. Eso junto a una población, mayoritaria, con espíritu asistencialista, favorece la demagogia de izquierda. Sin embargo, los resultados son iguales a los de la falsa oposición y los servicios de inteligencia los utilizan del mismo modo.

El antídoto contra la falsa oposición es una oposición real bien definida, con acciones concretas y con base social. Para ello se necesita estructurar y defender proyectos, no líderes, que son factibles de imponer y en realidad no tienen un plan de acción concreto, porque eso tampoco se le permite a ningún líder de la falsa oposición.

Miami, 27 de diciembre, 2019