En defensa del neoliberalismo

Pat Buchanan

Me pregunté, ¿cómo lo lograría?

¿Cómo explicaría Barack a sus admiradores de la prensa las razones que tuvo para sentarse silenciosamente en el banco de una iglesia durante 20 años mientras el reverendo Jeremiah Wright profería acusaciones racistas contra la Norteamérica blanca por difamar a Fidel y a Kadafi y por haber inventado el SIDA con el propósito de infectar y matar a la población negra?

¿Cómo podría justificar no haber roto con Wright cuando este difundía el veneno de “los Estados Unidos de la América del Ku Klux Klan” y gritaba “Dios maldiga a los Estados Unidos”

Mi presentimiento no me engañó. Barack intentaría convertir el revés en victoria.
 
Barack estuvo de acuerdo en que las declaraciones de Wright fueron “controvertidas” y “divisionistas”, estuvieron “ cargadas de racismo” y reflejaban una “visión distorsionada de los Estados Unidos”.

Pero debemos entender al hombre en su totalidad y la experiencia de la población negra de la que provenía el reverendo Wright: 350 años de esclavismo y segregación.

Barack enumeró entonces las quejas de los negros y nos informó lo que Estados Unidos debería hacer para poner fin a la división racial y curar las heridas del país.

La “comunidad blanca” -dijo Barack- debe empezar a “admitir que lo que aqueja a la comunidad afroamericana no es algo que sólo existe en las mentes de los negros, que el legado de la discriminación y los incidentes discriminatorios habituales, aunque no tan manifiestos como en el pasado, son reales y deben encararse. Y no sólo con palabras, sino con acciones…”

¿Y cuáles son las acciones que debemos emprender para curar nuestras heridas y las de nuestro país?

La “comunidad blanca” debe invertir más dinero en las escuelas y comunidades negras, hacer cumplir las leyes de derechos civiles, garantizar la imparcialidad en el sistema de derecho penal y proporcionarle a esta generación de negros las “escaleras de oportunidades” que las generaciones de Barack y del reverendo Wright no tuvieron a su disposición.

¿Qué tienen de malo el pronóstico y la cura de Barack?

Sólo esto. Se trata de una vieja estafa, del viejo timo que los estafadores negros han estado realizando desde que la Comisión Kemer culpó de los disturbios de Harlem, Watts, Newark, Detroit y otras cien ciudades a “cualquiera que no fuera uno de los revoltosos”, como dijo Nixon.

¿Fue en realidad responsable el “racismo blanco” de que algunos negros saquearan
las concesionarias de autos y las tiendas de licores y que incendiaran sus propias comunidades, como dijera Otto Kerner, quien fue un icono liberal hasta que los agentes del FBI lo enviaron a prisión por aceptar sobornos.

Barack dice que debemos conversar sobre el problema de la raza en Estados Unidos.

No hay nada que objetar, pero ahora debe ser una conversación entre dos partes. La Norteamérica blanca necesita que se escuchen sus opiniones y no sólo que la reprendan.

Esta vez la mayoría silenciosa necesita que se escuchen sus convicciones, quejas y demandas.

En primer lugar, Estados Unidos ha sido el mejor país del mundo para los negros. Fue aquí donde 600,000 negros traídos desde África en barcos esclavistas se convirtieron en una comunidad de 40 millones, accedieron a la salvación cristiana y alcanzaron los niveles más elevados de libertad y prosperidad que los negros hayan conocido jamás.

Wright debería postrarse ante Dios y darle las gracias por ser americano.

En segundo término, en ningún otro lugar nadie ha hecho más por mejorar a los negros que los americanos blancos. Desde la década de los sesenta del siglo pasado se gastaron incalculables miles de millones en bienestar social, sellos de alimentos, suplementos para alquileres, viviendas de bajo costo, ayudas y préstamos a estudiantes, servicios legales, Medicaid, reembolsos de impuestos y programas contra la pobreza con el fin de equiparar a la comunidad afroamericana con el resto de la población.

Gobiernos, empresas y universidades han discriminado a personas blancas -mediante la discriminación positiva, los contratos reservados y las cuotas- al darles prioridad a los solicitantes negros sobre los blancos.

Iglesias, fundaciones, grupos cívicos, escuelas e individuos de Estados Unidos han donado tiempo y dinero para apoyar y financiar comedores populares, la educación de adultos, guarderías infantiles, planes de jubilación y hogares de ancianos para los negros.

Hemos escuchado las quejas, pero no la gratitud.

Barack habla de las “escaleras de oportunidades” para los negros.

Que vaya a Altoona y a Johnstown y pregunte a los niños blancos de las escuelas católicas cuántas fueron visitadas últimamente por reclutadores de la Ivy League para conceder becas a los niños blancos que las merecían.

¿Es la Norteamérica blanca realmente responsable de que las tasas de crímenes y encarcelamiento de los negros americanos sean siete veces mayores que las de los norteamericanos blancos? ¿Es realmente culpable la Norteamérica blanca de que los hijos naturales en la comunidad afro-americana hayan alcanzado el 70%, y que la tasa de deserción escolar en la enseñanza preuniversitaria haya llegado al 50% en algunas ciudades?

¿Es todo esto culpa de la Norteamérica blanca o, ante todo, un fracaso de la propia comunidad negra?

En cuanto al racismo, su manifestación más alarmante es la del delito interracial, en particular, los delitos interraciales violentos. ¿Sabrá Barack Obama que el 3% de las víctimas de los criminales blancos son negros, mientras que los criminales negros eligen víctimas blancas el 46% de las veces?

¿Sabrá Barack que las violaciones de blancas por negros son 100 veces más comunes que a la inversa, y que los robos de blancos por negros fueron 139 veces más comunes en los tres primeros años de esta década que a la inversa?

Todos hemos escuchado hasta la saciedad lo que el reverendo Al dice sobre Tawana Brawley, la violación por deportistas de la Universidad de Duke y Jena. Todos resultaron ser patrañas. Pero nada hemos oído de la epidemia de casos reales de negros asaltando blancos.

Lo siento, Barack, algunos de nosotros hemos sabido todo esto antes, desde hace unos 40 años y 40,000 millones de dólares en impuestos.

Mr. Buchanan is a nationally syndicated columnist and author of "The Death of the West" and "The Great Betrayal"