En defensa del neoliberalismo

Lo que significa para Cuba la renuncia de Fidel Castro

Cnel. Oliver North

 

Washington, D.C.  -  Fidel Castro, finalmente está a punto de salir del poder. Después de casi cerca de 50 años de gobierno sanguinario y puño de hierro, el dictador de más prolongado gobierno en el mundo –y uno de los últimos tiranos comunistas en el planeta- ha anunciado que se retira. Eso es buena noticia, pero no es probable que cambie mucho para los 11 millones de cubanos, el pueblo cautivo de la isla.  

En febrero 19, Granma, el órgano del Partido Comunista cubano, publicaba una carta supuestamente escrita por el enfermo autócrata de 81 años, anunciando que su mala salud le impedía continuar  “desempeñando sus deberes” de Presidente y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas cubanas. No se le mencionará más, señala con reverencia el periódico, como “El Comandante en Jefe”. En su lugar, se le llamará, simplemente, “Compañero Fidel”- igual que aquel otro viejo y venerable líder, el “Camarada Mao”.

En la misma carta en que anunciaba su “retiro”, Castro dijo, “No estoy diciendo adiós a ustedes”. Esa parte es aparentemente cierta. Se mantiene como Primer Secretario del Partido Comunista  y promete continuar escribiendo diatribas sobre asunto domésticos y mundiales. Piénsese en él, como el “viejo estadista del despotismo”. 

 “Sería una traición a mi conciencia”, escribió, “aceptar una responsabilidad que requiere más movilidad y dedicación de la que estoy físicamente apto para ofrecer”. ¿Conciencia? ¿Dónde estaba ese angustiado sentido del bien y del mal en 1962, cuando urgió a Nikita Khrurshchev a “lanzar un ataque nuclear preventivo contra Estados Unidos”? ¿Dónde en 1981, cuando puso a la deriva, desde Mariel, a más de 100,000 de sus compatriotas, en balsas rústicas y barcos agujereados?

¿Dónde estaba la conciencia de Castro en los 1980s, cuando envió a decenas de miles de jóvenes soldados cubanos a Guinea Bisseau, Mozambique y Angola como mercenarios soviéticos? ¿Dónde estaban los pregonados escrúpulos de Fidel cuando ordenó a su fuerza aérea derribar dos aeroplanos ligeros desarmados, matando a cuatro civiles de Hermanos al Rescate, mientras buscaban refugiados en peligro, a la deriva en aguas internacionales? ¿Dónde estaba, su ahora torturada conciencia cuando en el año 2000 reclamó que el pequeño Elían González fuera devuelto a su “isla paraíso”.   

En la noche de la nostálgica renuncia de Castro, la News´ Nightline de ABC ofreció una “retrospección” describiendo al brutal déspota como “un patriarca”, reflexionando nostálgicamente que se había mantenido en el cargo mientras diez presidentes norteamericanos habían llegado y se habían ido. A la mañana siguiente, el corresponsal del New York Times, Anthony DePalma, “informando” desde La Habana, exitosamente omitió mencionar a los 286 prisioneros políticos que se pudren en las cárceles cubanas-mientras efusivamente mencionaba que el  designado heredero aparente de Fidel, Raúl, el hermano de 76 años- tiene una “veta pragmática”.   

Los halagos al nuevo potentado en La Habana no se detuvieron ahí. El mismo New York Times que trata de ensuciar  al senador McCain con indirectas y alegaciones no probadas de infidelidad y manipulaciones de influencia, halaga descaradamente a Raúl Сastro –el Ministro de Defensa de más duración en el cargo en todo el mundo- porque “como presidente sustituto “ha alentado debates sobre los problemas económicos cubanos.”  De acuerdo con el periódico en cuestión, “Raúl ha abordado cuestiones que su hermano nunca mencionó. Ha atacado a los campesinos por ser ineficientes. Ha criticado el alto costo de la leche… El joven Castro tiene asimismo una reputación de administrador que demanda resultados de los miembros de su Gabinete”. Por supuesto, José Stalin también hizo todas esas cosas.    

Los acérrimos exilados anticomunistas cubanos con los que hablé tienen una perspectiva algo diferente. “Raúl es completamente corrupto”, me dijo uno de los refugiados que tiene miembros de su familia todavía en cautiverio. Otro señaló “el hermanito de Fidel pronuncia discursos más cortos, pero sabe como llenarse los bolsillos. El decide cuales cadenas de hoteles construyen y les dice dónde. Todo depende de quién le pague más”.  La Great Lady´s De Palma le da crédito a Raúl por “facilitar grandes inversiones extranjeras de promotores inmobiliarios canadienses y europeos” en Cuba. 

¿Es que algo ha cambiado realmente en Сuba? Aparentemente, el pueblo cubano no lo piensa así. A pesar de la desastrosa economía del país, ningún funcionario en La Habana ha abrazado la idea de elecciones multipartidistas libres y justas como forma de abrir las puertas a inversionistas norteamericanos. Desde los días en que Fidel presentó su “renuncia”, ha habido pocas celebraciones en Miami y no ha disminuido el número de cubanos tratando de escapar hacia la libertad. El hombre fuerte venezolano, Hugo Chávez, que espera heredar el manto de caudillo comunista latinoamericano, ha prometido continuar la entrega de alrededor de 100,00 barriles diarios de petróleo, fuertemente subsidiados, para mantener encendidas las luces en Cuba-y que los 20,000 voluntarios “médicos cubanos” en su país son aún bienvenidos para ayudar la Revolución Bolivariana”. 

Para tranquilizar a ansiosos lectores, miembros leales del partido y aprensivos americanófobos - y para asegurar de que nadie tenga dudas sobre quien realmente manda en Cuba - Granma ha prometido: “Continuamos esperando las “Reflexiones del Compañero Fidel, que serán un poderoso arsenal de ideas y orientaciones”. Seguramente eso contribuirá mucho a su circulación. Esperemos que el New York Times publique cada palabra.