En defensa del neoliberalismo

No hay que hacerse ilusiones

Sentencia de Raúl Castro respecto a las expectativas de las relaciones de Cuba con los Estados Unidos.

www.neoliberalismo.com
neoliberalismo.com@gmail.com

En la reciente Cumbre de las Américas celebrada en Panamá Barack Obama se reunía con Raúl Castro y anticipaba que su gobierno pretendía llevar a Cuba una serie de medidas que redundaran en la libertad económica, el respeto a los derechos humanos y una mejor calidad de vida del pueblo cubano. Así como un mejor acceso a las comunicaciones, incluida la Internet. Sin embargo y como es propio de los regímenes totalitarios, Raúl Castro habló de último y concluyente: “No se hagan ilusiones, ya los cambios que íbamos a hacer están plasmados en ‘los Lineamientos del Partido’ acordados en el 2011” O sea,  que echó por tierra todo lo planteado por Obama.

Los propósitos de Barack Obama y su círculo de interés con respecto a Cuba son impredecibles. Tal vez pudiera ser un posicionamiento geopolítico para evitar penetración de Rusia, China y posiblemente de Irán en América Latina.  Lo que sí ha sido bien definido por Obama es que no hay intención alguna de cambiar el régimen de los Castro en Cuba. Eso se justifica con su línea de pensamiento y su afinidad con la teoría del profesor Kupchan, quien es director superior de Asuntos Europeos en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y su viejo mentor político.  

El discurso de Obama y sus funcionarios es incongruente y confuso: si el proceso de normalización de relaciones es un proceso a largo plazo, que llevará años, como ser creíble que algo se logre, cuando a Obama y tentativamente a Raúl Castro, les quedan dos años de gobierno. Habría que ver qué cosa de estas negociaciones, como política de estado, le convendría mantener al próximo gobierno de los Estados Unidos. Por eso, lo más creíble sea mantener una presencia política en territorio cubano para disuadir las pretensiones de los países interesados en penetrar en América a través de Cuba. Todos los demás argumentos planeados carecen de racionalidad política.

Sin embargo, los propósitos de Raúl Castro si son bien evidentes: ganarse el reconocimiento político de los Estados Unidos. Raúl Castro sabe que su tiempo biológico y el de Fidel tienen fecha marcada a corto plazo, si de política se trata. Y no puede llegar al final de sus días sin dejar arreglada la continuidad histórica, con ciertas garantías de seguridad para el patrimonio familiar.

Un quiebre repentino de salud de Raúl Castro, que lo inhabilite del poder, podría dar paso a la toma del poder por fuerzas no leales al régimen o con sus propios intereses y desconocerían el patrimonio económico y político de los Castro. Por eso es tan importante hacer estas movidas a tiempo y si se logran hacer con el propio Fidel Castro antes de su entierro público, mucho mejor.

Hay que tener presente que todas las familias que conforman la nomenclatura en el poder en Cuba, llegaron al poder como miembros de un Ejército Rebelde muy empobrecido. Por lo que no hay forma de justificar el enriquecimiento de esa casta gobernante. Ya se han implementado algunas medidas para proteger su capital: los hijos de altos funcionarios emigran bajo un supuesto rompimiento con sus padres y la revolución, y se llevan una buena cantidad de capital. Se podría decir que es una forma más de lavar dinero.

A todo eso hay que sumarle el reconocimiento religioso, por eso la visita de Raúl al Vaticano el próximo día 10 de mayo. Este plan tripartita, está concebido para dejar arreglado el proceso cubano para una buena cantidad de años, los suficientes como para que fluya la tranquilidad política en la isla, sin comprometer los intereses de los Estados Unidos.

Algunos cubanólogos dicen que el interés de Raúl Castro de acercarse a los Estados Unidos es porque está asfixiado económicamente. Algo muy alejado de la realidad. Si el régimen cubano necesita ayuda económica para sobrevivir, ahí están China, Rusia,  Brasil, Venezuela y otros muchos más. Sin embargo, estos países no pueden darle el reconocimiento político, que solo Estados Unidos puede avalar en América Latina.

Y los que piensan que una Administración Republicana podría revertir todas estas medidas iniciadas por Obama son miopes políticos. Ni siquiera desde la propia campaña primaria podría lanzarse con semejante propuesta, porque no llegaría a nominarse. Esto pasaría a ser política de Estado y se conviviría con ellas por años.

No se asombren si las  Agencias norteamericanas comienzan a financiar proyectos de desarrollo entre comillas y organizaciones no gubernamentales reconocidas y avaladas por el propio régimen y la oposición pasaría a un segundo plano. Pronto veremos a Alan Gross en Cuba promoviendo esa ayuda y financiando los proyectos del régimen.

Ahora muchos se preguntaran, cómo terminará todo esto. Todo parece indicar, que luego de recibir el respaldo de los Estados Unidos y el Papa, se procedería a desarrollar un proceso electoral. No está muy bien definido cuál método se pondrá en práctica, pero a jugar por los últimos acontecimientos, parece que prefieren la inclusión dentro del llamado Poder Popular de un número de opositores, para darle un viso de democracia, que los Estados Unidos y toda América latina reconocerían de inmediato. Por ahí van las cosas.

Mayo 6 del 2015