En defensa del neoliberalismo

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BUEN PAPEL DE OPOSICIÓN ARGENTINA EN CIUDADES

 

 

EL MERCURIO, Santiago de Chile, martes 30 octubre 2007
Primera Dama argentina ganó gracias a las zonas rurales: fuerte oposición
urbana a Cristina

Las grandes ciudades demostraron que no quieren un kirchnerismo hegemónico.
Pero para que la oposición pueda sacar provecho de esto, debe aprender a
aliarse.
por RODRIGO LARA, Corresponsal

BUENOS AIRES.- La oposición argentina se encontraba ayer confortada ante la
evidencia incontrastable de su triunfo en la casi totalidad de las grandes
ciudades de Argentina. Buenos Aires, Córdoba, Rosario, La Plata, Mar del
Plata y Bahía Blanca le dieron la espalda a Cristina Fernández de Kirchner.

¿Cómo ganó entonces la Presidenta electa? Gracias a las zonas rurales, las
ciudades patagónicas y norteñas de tamaño medio y, fundamentalmente, al
mitológico "conurbano bonaerense", un doble anillo de casi dos decenas de
municipios, en el cual habitan de 6 a 8 millones de personas, que rodea a la
ciudad de Buenos Aires.

La imagen más clara al respecto la entregó el contraste entre la derrota de
Cristina en todas, menos en cuatro circunscripciones de la capital; y su
victoria en todos los barrios gigantes de los alrededores de la capital
(aunque a nivel de alcaldes perdió cuatro). Vista así la situación será
expectante para la oposición: "Las grandes ciudades siempre adelantan las
crisis del futuro", dice el analista político Heriberto Muraro, "porque el
nivel de información es mayor y la situación socioeconómica mejor, así que
el votante es más libre".

De todas formas, Muraro recuerda que Bue nos Aires, Córdoba, Rosario y Bahía
Blanca votaban contra el peronismo hace más de medio siglo. Y que "se votó
también en un juego compensatorio. El votante urbano no quiere que el
kirchnerismo se transforme en un nuevo peronismo hegemónico".

El gobierno sintió un fuerte "despecho" ante la falta de amor de los
votantes urbanos, en especial los capitalinos. El jefe de Gabinete, Alberto
Fernández, lo manifestó así: "Le voy a seguir pidiendo a la ciudad que sea
parte de un país y deje de votar y pensar como una isla", dijo ayer.

Para la encuestadora y analista Graciela Romer, "lo que esta elección marca
es la emergencia de un voto de segmentación social, que repone la vieja
cuestión del conflicto entre el peronismo y los sectores medios, donde al
oficialismo le costó hacerse oír.

¿Lograrán las "islas" convertirse a largo plazo en un archipiélago
creciente? "De aquí al 2011 van a pasar demasiadas cosas para saberlo",
e xpone Muraro. Esencial es lo que ocurra en las próximas semanas, porque
"mañana mismo comienza una crisis fundamental del radicalismo", cuyos
votantes le dieron la victoria en Córdoba a Roberto Lavagna, un opositor
peronista y ex ministro de Economía. Además, perdieron Mendoza, de donde es
gobernador saliente el radical Julio Cobos.

Romer cree que la oposición tendrá una oportunidad seria cuando se una, pero
ello es difícil "mientras no pase esta etapa en que el sistema políticco se
está reformateando". Si uno mira, agrega, "el 45% de Cristina y le suma el
10% del peronismo conservador de Rodríguez Sa?m?la mitad o menos de lo que
sacó Lavagna, que es peronista, tenemos que el 60% de los ciudadanos votó
alguna versión del peronismo". Si la oposición estuviese aliada, podría
aprovechar esa dispersión peronista. Mientras no lo haga es tajante: "no hay
alternativa al peronismo si la oposición está fragmentada".

Para lograrlo, la clave -al decir de Muraro- estaría en el regreso de esa
figura tan denostada o despreciada: el aparato partidario. Y en dejar de
confiar en llaneros solitarios heroicos que van de un patrón a otro sin
problema moral alguno. "Los políticos se dieron cuenta de que presentarse
sin ningún partido es muy riesgoso. Por eso ahora ?os se van a empezar a
reconstruir". El caso del nuevo alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri,
marca el peligro. Decidió no hacer campaña fuerte por su aliado Ricardo
López Murphy ni por sus candidatos a diputados y senadores. A falta de
partido "permanente" del 60% de los votos (y 40% en la primera vuelta) que
obtuvo pocos meses atrás, su gente recibió sólo alrededor del 10%.

"Es cierto, hemos visto la proliferación de candidatos sin partido,
compitiendo incluso entre ellos mismos bajo el paraguas de una misma fórmula
presidencial", refrenda Romer. Para cambiar "la oposición tendría que
reaglutinarse al rededor de acuerdos más programáticos, en coaliciones
electorales que den previsibilidad al electorado". Es la tarea pendiente
para los que sueñan con una victoria que le dé la llegada al poder en 2011.

Los ganadores y los perdedores de la jornada

Si bien nunca hubo mucho suspenso sobre quién ganaría la elección
presidencial del domingo, algo de expectativas había sobre cómo terminarán
parados el resto de los actores y fuerzas políticas argentinas.
Así, considerando que las encuestas le daban bastante menos votos, el ex
ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, quedó perfilado
como uno de los triunfadores de la jornada. El viernes se conocieron 9
sondeos, de los cuales solo uno le otorgó % de los votos (hasta ahora ha
obtenido cerca del 17%), y el resto le entregó entre el 10 y 15%.
Otra ganadora fue Elisa Carrió. En menos de cuatro horas y tras la agitada
jornada que la tuvo como una de las protagonistas, Carrió habló dos veces en
público para dejar dos cosas bien claras: que la decisión de no volver a
competir por un cargo electivo no tiene retorno y que será la lider de la
oposición para que la coalición única gane las proximas elecciones, tanto
legislativas como presidenciales, informó ayer el diario "La Nación".
Uno de lo grandes perdedores de la jornada fue el candidato presidencial
Ricardo López Murphy, quién pasó a quedarse con el 14% de los votos en las
presidenciales de 2003 al 1,3% de los sufragios el domingo. As?el candidato
opositor se presentö la noche de los comicios ante sus adherentes tratando
de explicar cómo en cuatro años pasó de tener 3 millones de votos a no sumar
ni el 10 % de ese caudal.
Otro que no quedó bien parado es Juan Carlos Blumberg, el hombre que con la
fuerza del dolor por la muerte de su hijo convocó a tres marchas
multitudinarias, presionó hasta conseguir endurecer las leyes penales y
aspiraba al gobierno de Buenos Aires, pero fue ampliamente derrotado por el
candidato oficialista, Daniel Scioli.