En defensa del neoliberalismo

Bogotá mira hacia Irlanda

 

Mary Anastasia O’Grady   
Tomado del Wall Street Journal
Traducido por AR
                                                                   

Cuando el ministro de Comercio de Colombia visitó recientemente las oficinas del Wall Street Journal, nunca me hubiera imaginado que uno de los temas de nuestra conversación fuera a ser Irlanda.  Para mi sorpresa, fue la primera cosa de que habló.

No bien empezó la conversación, Luis Plata empezó a hablar sobre la transformación económica de Irlanda – de pobre patito feo a rico cisne europeo en sólo dos décadas – y por qué, un modelo de crecimiento similar era lo que Colombia necesitaba.

Algunos de los necesarios ajustes políticos ya están caminando en Bogotá, afirmó, y con algún éxito, se pudieran profundizar las reformas. Pero la gran interrogante es si el Congreso de Estados Unidos, controlado por los demócratas, aprobará el pendiente Tratado de Libre Comercio. El TLC, dijo Plata, es tan importante para Colombia como la pertenencia a la Unión Europea ha sido para Irlanda.

Es preocupante pensar que los demócratas puedan socavar la agenda de Bogotá. En el 2006, la asistencia oficial de EE.UU al desarrollo, dirigida a aliviar la pobreza, fue de 23,500 millones infortunadamente echados al inodoro. La razón es muy simple: el desarrollo requiere liberalización económica y los dirigentes de los países pobres tienen muy poco incentivo para perturbar el status quo de monopolios y proteccionismo que los llevó al poder. Y sus incentivos disminuyen todavía más cuando los regalos de los países ricos siguen fluyendo.

Ahora viene Colombia con un líder – el presidente Alvaro Uribe – que está dispuesto a arriesgar capital político para abrir los mercados nacionales, bajar los impuestos y estimular la competencia en un esfuerzo por  crecer tan rápidamente como Irlanda. Todo lo que pide su gobierno es que Washington apruebe el libre comercio, pero los demócratas quieren tirarle la puerta en la cara. 

Antes de que Plata se convirtiera en ministro de Comercio el año pasado, encabezaba una agencia de exportación del gobierno. “Empezamos a ir a Irlanda hace algunos años”, dice, “porque estábamos buscando países que hubieran tenido éxito en atraer inversiones extranjeras. Lo que encontramos es que Irlanda había bajado su tasa de impuestos a las corporaciones de 40% a 12.5% y, como resultado, estaba atrayendo inversiones, había rebajado la evasión fiscal y había aumentado los ingresos por concepto de impuestos. Volvimos a Colombia y dijimos ¿por qué no bajamos nosotros  nuestra tasa de impuestos corporativos de 38% A 12.5%?”

La idea no era popular en el departamento del Tesoro de Colombia.

Nada de extraño. Todos los funcionarios del Tesoro en América Latina tienen una verdadera fobia a rebajar los impuestos en su ADN, Eso explica por qué frecuentemente consiguen trabajos en el Fondo Monetario Internacional en Washington tras el colapso de los gobiernos que han servido en sus países. En el Fondo puede poner en práctica su profunda convicción de que la única política fiscal responsable tiene que estar basada en un análisis estático que descubra  la tasa de impuestos “correcta.” Adoptar la posición de que la producción crea su propia demanda, y que los ingresos del gobierno crecen bajo un régimen de bajos impuestos es considerado como un comportamiento extremadamente riesgoso.

Plata comprende a sus colegas del Tesoro. Dice que ellos tienen que balancear los beneficios a mediano y largo plazo de bajar los impuestos con las necesidades inmediatas de financiar el gobierno. Sin embargo, está convencido de que la experiencia de Irlanda pudiera aplicarse a Colombia. A pesar de la reacción inicial, su equipo se ha puesto a trabajar en la idea de atraer inversiones mediante rebajas de impuestos.

En un mundo perfecto, hubiera conseguido una tasa corporativa de impuestos única (flat corporate rate). Pero tuvo que hacer compromisos y, en definitiva, llegó a “la zona de libre comercio de una sola empresa.” Esta expande el tratamiento de bajos impuestos que reciben las compañías cuando están ubicadas dentro de una “zona de libre comercio’ – normalmente un parque industrial – a cualquier compañía que satisfaga ciertos criterios de inversión. Las empresas que califiquen satisfaciendo cantidades mínimas de inversión y de empleo (excluyendo minería y petróleo), ahora pagan un impuesto único (flat tax) de 15% en vez de 33%. También importan todas las materias primas sin tarifas y no pagan impuestos al valor añadido.

Además de ofrecer estas ventajas impositivas, el gobierno está redactando “contratos de estabilidad”  para garantizar que las regulaciones no vayan a cambiar cuando cambien los presidentes. También está trabajando para reducir la carga regulatoria, puesto que la burocracia es una de las principales quejas de los inversionistas extranjeros.

La “zona de libre comercio de una sola empresa” fue lanzada en mayo del año pasado y, hasta la fecha, ha atraído $864 millones en inversiones extranjeras directas. La cifra sería más alta bajo un simple impuesto único (flat tax), y si Colombia quiere rivalizar con  el milagro irlandés, tendrá que moverse en esa dirección. Pero para persuadir al Tesoro de adoptar un impuesto único de amplia base, Plata va a tener que mostrar algunos resultados con su experimento inicial.

Es por eso que el Tratado de Libre Comercio es tan importante. Las compañías que están invirtiendo en Colombia están mirando más allá del mercado nacional y, como observa el ministro, el reciente choque con Venezuela – cuando el presidente Chávez amenazó con cerrar la frontera – demuestra la fragilidad del mercado de exportación colombiano. Alrededor de la mitad de las exportaciones de Colombia van a Venezuela y Ecuador. Acceso al mercado de EE.UU y a importaciones americanas libres de aduanas son cruciales para los productores.

¿Por qué entonces los demócratas del Congreso quieren rechazar el acuerdo de libre comercio con Colombia? Dicen que es porque Uribe no ha hecho lo suficiente para mitigar la violencia contra los dirigentes sindicales en el país. Pero los asesinatos han disminuido drásticamente y, como dice Plata. ¿qué mejoría podría significar matar el TLC?

Lo que mejoraría las cosas son las inversiones, que son fundamentales para reducir la pobreza. Perú, México y Centro América tienen su TLC con EE.UU, lo que significa que Colombia sufrirá una discriminación automática de ser rechazada. Eso pudiera perjudicar la seguridad nacional, siempre frágil. Y, como señalara Plata, “No se pude ganar la paz sólo con soldados. Hay que tener una economía que funcione.” Seguramente que los demócratas no pueden estar en contra eso.