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Reflexiones para un cambio en Cuba
Coalición
de Principios
Nota introductoria: La Coalición de Principios es una iniciativa
del Partido Cubano de Renovación Ortodoxa radicado en Cuba y de
la organización humanitaria Operación Liborio radicada en Puerto
Rico. La Coalición de Principios no es una organización
sombrilla, sino una actitud y la estrategia política que tienen
que asumir los protagonistas del proceso político cubano. La
declaración no es un documento mediante el cual se recogerá
firmas de aprobación o que las organizaciones deban adherirse
al mismo mediante manifestaciones públicas, sino para ser
interiorizado individual y colectivamente y ponerlo en acción
por aquellos que vean en la Patria un sagrado deber, más allá de
un simple proyecto de vida. Los tibios, los detractores y los
que se aprovechan de las circunstancias en ambas orillas serán
los más beneficiados e interesados en mantener el status quo,
tendrán los mismos resultados que hasta ahora y nunca tendrán
Patria.
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Contacto en Cuba:
Eduardo Torres
Calle: Los Libertadores, Edificio No. 1
Apto. 11, Alto Songo, Santiago de Cuba
Telef. de contacto: (53) (22) 634478
Email: pcrortodoxa@yahoo.com |
Contacto en el
exterior:
Enrique Blanco
Calle
Crisantemo #3, Golden Hills, Bayamón,
Puerto Rico 00956
Telefono: 787 786 5695
Email: operacionliborio@yahoo.com |
Declaración
conjunta en fecha 8 de agosto, 2007:
El fenómeno político
cubano viene arrastrando un serio problema histórico, la crisis
institucional, los conflictos electorales. Al extremo que, Fidel
Castro, faltando al compromiso contraído en el
Manifiesto de la Sierra,
llega el momento que dice: “elecciones para qué”.
Todo el proceso de
estructuración de la llamada Revolución cubana hasta su
consolidación se realizó sin celebrar elecciones. No fue hasta
los principios de los años 90 que se realizó una especie de
elecciones generales, presionados por difícil coyuntura
internacional, ya que Fidel Castro es del criterio que las
revoluciones no se cuentan.
Las ausencias de
elecciones primero y un sistema truculento después han creado en
la población cubana toda una cultura de incredibilidad en las
elecciones como principal engranaje de la instauración de una
sociedad democrática. Y lo que es peor, cada cual se cree con el
derecho a auto elegirse y cuando considera que le han coartado
su derecho dentro de alguna organización funda una nueva, muchas
veces sin los elementos mínimos requeridos que justifiquen su
razón de ser.
La oposición cubana
por estas razones está muy fraccionada, sin capacidad para
autorregularse y por tanto, aunque tuviera la oportunidad no
cuenta con los mecanismos para formar gobierno.
Un vacío de poder en
Cuba pudiera ser el escenario perfecto para demostrar esta
realidad. Realidad que se agudiza cada día, se extingue el poder
generacional y no surge una oposición medianamente creíble y con
representatividad social. La justificación, la de siempre, un
gobierno omnipresente y omnipotente que no permite que se hagan
las cosas.
Si no surge una
oposición, con líderes capaces de asumir riesgos, convencidos
que sólo puede aspirar a héroe, quien tiene espíritu de mártir y
que esa condición es la que los hace diferente a los demás,
dotándolo de poder de convocatoria y representatividad ante las
masas.
Significa que no debemos esperar por el líder o lo que es peor y
dañino, cuestionar a los demás, sin tomar la iniciativa para
materializar ese presunto líder que presumimos idealizar. Cada
cual tiene el derecho y la posibilidad de poner en práctica su
propio proyecto, su éxito dependerá de los resultados que logre
en los objetivos trazados, no por su capacidad de descalificar
los proyectos ajenos.
Ese ilusionismo
político de nuestra oposición interna y externa, de que no hace
falta salir a conquistar el poder, sino que por derecho propio
el poder les vendrá a sus manos, impide la conformación de
estructuras de gobernabilidad. No es un problema de falta de
libertad para estructurarse, con lo que se podría justificar el
accionar en la Isla. En el exilio, con todas las libertades
civiles y políticas de los Estados Unidos y del resto del mundo,
el exilio cubano no es capaz de practicar los ejercicios de la
democracia. No puede efectuar un proceso electoral, ni siquiera
para sacar su propia representación. Muchos son los que hablan
en nombre del exilio, interpretan sus intereses y dicen ser sus
representantes.
No es que se desconozcan los mecanismos institucionales, o que
no se hayan presentado iniciativas al respecto. Es que se hace
oídos sordos, para no escuchar lo que se cree ya se tiene por
derecho y por auto elección.
La situación no fuera
tan grave, si el problema del exilio solamente. En Cuba
actualmente, una convocatoria con todas las garantías para
formar un gobierno provisional, con la ausencia total de los
actuales gobernantes, sería imposible lograrse, porque, ¿quién
elige a quién? Todos estarían en mejor disposición para
descalificar al contrario, que buscar la gobernabilidad. Incluso
serían muy pocos los que estarían en disposición de aceptar como
validas las recomendaciones de Máximo Gómez en la
Proclama de Yaguajay.
Urge a la oposición
interna de Cuba hacerse políticamente creíble, desarrollar
estrategias que la vinculen con las masas, ser sus protagonistas
y asumir el riesgo que el momento impera. Hay que saturar la
represión como estrategia de lucha, la prisión no puede ser un
impedimento que frene las ansias de libertad. Si se quiere
libertad hay que conseguirla allí donde falta, en los acuerdos
migratorios están contenidos los elementos que más benefician a
los enemigos de la libertad de Cuba. La emigración como válvula
de escape ha sido muy bien manejada por los grupos de interés.
La intención de salida desmoviliza las fuerzas políticas,
corrompe a los involucrados y desnaturaliza los propósitos de la
lucha política.
Los escenarios o
teatros de operaciones no son los que te dan la razón moral para
señalar los caminos de la Patria. No importa desde donde y como
se luche, pero esa lucha es la que asiste a la moral. Los que
hasta hoy ostentan el poder en Cuba se vanaglorian de los
métodos violentos, con peligro para sus vidas, esfuerzos y
riesgos que asumieron y hasta instan a los pretendan aventurarse
a conquistarlo, que asuman iguales riesgos y sacrificios a los
que ellos realizaran para alcanzarlo. Eso significa que no
existe ninguna posibilidad de dialogo o mecanismos civilizado de
transferencia de poder hasta tanto no se cambien las
circunstancias que los conminen a negociarlo, y esas son las que
hay que cambiar, provocando la ingobernabilidad.
No basta con
identificar los problemas, si no hacer propuestas de cómo
enfrentarlos, por dolorosas que sean y como afecten los
intereses creados, de grupos o personas. Las propuestas pueden
tenerse en cuenta o no, incluso pueden ponerse en práctica u
obviarlas, por los que tienen el poder para implementarlas, pero
lo que si es seguro, que de ignorarse, el proceso cubano no
tiene ninguna necesidad y posibilidad de cambiar el rumbo
histórico que ha tenido hasta estos momentos.
En el proceso político
cubano, debe empezarse por identificar los principales actores
que tienen o pueden tener protagonismo en el proceso de cambio.
El principal actor es el propio pueblo cubano, en el cual debe
estar incluida la oposición interna, el Gobierno cubano actual,
el Gobierno norteamericano y el exilio cubano en general.
Identificados los actores, entonces debe comenzarse a definir el
papel que deben jugar cada uno de ellos.
La población
tiene que jugar un papel decisivo, pero no bajo la retórica y
las palabras de siempre, sino como participante activa, a la
que hay brindarle los métodos de lucha y ser guiada y compulsada
por una verdadera oposición política con liderazgo, estoicismo y
arrojo, que cree poder de convocatoria a través de la demanda
social.
Todo brote de
insatisfacción social hay que aprovecharlo y canalizarlos por
los líderes de la oposición existentes y los que surjan bajo
estas nuevas circunstancias, provocando la represión para que
con ella refuercen su liderazgo y su condición de representantes
de una causa noble ante la sociedad. Es la manera de alcanzar
una oposición genuina y romper el mito de que el único propósito
de los opositores en Cuba es lograr la salida del país y recibir
prebendas individuales desde el exterior.
El reconocer el
gobierno cubano actual dentro de los protagonistas del cambio es
precisamente porque es el que tiene que ceder el poder, pero
realmente al no contar con la voluntad política y una crisis
sociopolítica que les obligue a buscar una salida negociada,
entonces la estrategia consiste en desencadenar esa crisis a
partir de la exigencia social.
También hay que contar
con el gobierno cubano, porque para ejercer el poder se necesita
un mínimo de fuerza para sostenerlo y esa fuerza en Cuba está
dentro de las fuerzas armadas y esas fuerzas armadas son parte y
responden a los intereses de ese propio gobierno. El Gobierno
norteamericano se inclina por una Junta Cívico Militar, que
garantice la estabilidad social en Cuba y la seguridad nacional
para los Estados Unidos. Todos los actores de este proceso, al
menos a los que se les va a permitir participar, están de
acuerdo que con ello se evitan algunos excesos, ajustes de
cuentas contra la nomenclatura y sus simpatizantes y lo que es
más importe, respondería a los intereses de todos los implicados.
El Gobierno
norteamericano es uno de los actores más importantes de este
conflicto, porque tiene la capacidad de interactuar y de hecho
ya lo esta haciendo con el actual Gobierno cubano. Además cuenta
con las herramientas políticas y económicas para presionar el
cambio, posibilidades reales, no las retóricas medidas que se
profesan hasta ahora, sin voluntad política para implementar
aquellas que se sabe, son las necesarias.
El exilio cubano, a
parir de su vértice político y organizacional tiene que comenzar
a participar de la nueva estrategia de cambio, formando parte
del nuevo tejido político que se vaya estructurando en la Isla y
del cual tiene que ser su principal financista. Deben terminar
esa excesiva fraternidad mediática, declaraciones de una
supuesta y jugosa ayuda que nunca llega y compromete los líderes
internos con supuestos oscuros manejos de los recursos asignados.
Las recomendaciones
tendrían que cumplirse, para que cambie la actual dinámica del
proceso cubano, encasillado en un estancamiento o quietismo
político que aterra. Tal parece que hubiese un acuerdo informal
de esperar la muerte de Fidel Castro, con la cual y por mandato
divino todos devendríamos en presidentes.
Empecemos por
categorizar las acciones y actitudes de los diferentes actores,
pero a la vez enunciaremos situaciones que se vinculan o
desprenden de las circunstancias que se relacionan.
La población cubana, enajenada en su realidad, tiene que jugar
un papel protagónico para el proceso de cambio, aprovechando y
apoyando los focos de tensiones sociales. Siempre se cuestiona,
y se le pide que se insubordine y se revele contra el poder,
algo imposible de suceder, si no se crean las situaciones
detonantes. La exacerbación de los intereses individuales de
los grupos sociales, víctimas directas de la irresponsabilidad
de los que administran el poder es el mecanismo perfecto para
entablar el conflicto.
Los sectores de la
población más decididos a apoyar las demandas sociales siempre
son los que menos tienen que perder, los marginados de las
estructuras del poder. Los líderes de la
oposición tienen que catalizar esas fuerzas como estrategia de
lucha, para que las personas aunque de forma individual, pero
como parte de la sociedad tengan como canalizar sus demandas
sociales a través de sus nuevos representantes políticos, que
son los encargados de emplazar como oposición la responsabilidad
del Estado-Gobierno ante los ciudadanos.
La oposición interna
tiene que estructurarse institucionalmente como una sociedad
paralela, sin esperar por las aprobaciones del gobierno que
trata de sustituir. Tiene que construir el puente de formar
gobierno, los mecanismos de elegibilidad y para ello tienen que
convocar a la formación de un
Consejo Electoral
Preparatorio.
Los líderes de la
oposición que pretendan formar parte de la dirección política
del país tendrán que ganarse el prestigio y la representatividad,
mediante el esfuerzo y el riesgo. No se puede pretender ser un
gran líder, dentro de una cultura de caudillos sin al menos
estar dispuesto de enfrentar la cárcel, si la causa se lo exige.
La cárcel es la mejor estrategia de lucha, cuando se intenta
saturar la represión. El régimen cubano no está en condiciones
de asimilar un número desproporcionado de presos políticos, por
ello hace uso excesivo de la intimidación para lograr la auto
represión.
La oposición interna
tiene que reconsiderar cuales son las acciones de una oposición
real. Si la oposición que es la contraparte del poder ejecutivo,
o sea del gobierno en el poder, encargado de la administración
del estado, entonces sabe que su poder de convocatoria radica en
cuestionar dicha administración y ofrecer como alternativa las
soluciones que ella no ha podido garantizar. Con esa estrategia
la izquierda ha mantenido su capacidad moviliza durante el
tiempo y las circunstancias.
La nueva dirigencia
opositora tiene que trazar las directrices que tienen que
implementarse para adelantar el proceso democrático que ella
viene liderando. Tiene que demostrar la ineficiencia de métodos
y acciones que perjudican directa e indirectamente el proceso,
como el funcionamiento de la Oficina de Intereses de los Estados
Unidos en Cuba, la recepción de la señal de Radio y Televisión
Martí y la utilización de los fondos para Cuba de las Agencias
norteamericanas.
Las denuncias
conforman la primera etapa en el proceso de desmonte de un
régimen totalitario. La falta de medios para divulgarse impone
que se dirijan hacia el exterior y además, con ello se evita un
mayor enfrentamiento con los factores de la represión. La nueva
estrategia infiere seguir las denuncias hacia el exterior, pero
a la vez distribuirlas en toda la Isla, incluyendo las
estructuras gubernamentales.
Los hechos que
sustentan las denuncias, son precisamente, los que tienen que
protagonizar la agitación política en virtud de las demandas
sociales. La oposición tiene que convertirlos en su bandera de
lucha como representante y defensora de la justicia social.
Abogar por derechos y libertades generales, sin estar
determinados por hechos concretos, no motivan o movilizan a la
población. No se puede buscar poder de convocatoria con
celebraciones de fechas históricas, ni dádivas materiales, como
clientelismo político.
No se puede aspirar a
contar con una gran masa opositora mediante una subvención
económica y material. Eso es realmente imposible e infuncional,
pero si se necesitan recursos financieros para desarrollar las
logísticas internas: movilizativas, de transportación,
comunicaciones, etc. También se necesitan recursos para asistir
satisfactoriamente a los presos políticos y a los presos
políticos sociales que muestren una consecuente posición
contestataria al régimen desde las cárceles.
La nueva estrategia
contempla el surgimiento de un liderazgo nuevo, principalmente
de jóvenes y con decisión propia, sin desconocer a los líderes
históricos, que tienen el derecho de seguir implementando sus
propias estrategias o sumarse a las nuevas iniciativas. Un
liderazgo que tenga en cuenta, incluso la capacidad y
condiciones físicas y mentales de sus cuadros. No se puede
trabajar a todo riesgo y despecho del peligro que se impone, con
líderes con severas limitaciones de salud, a no ser que estén
dispuestos a entregar sus últimas energías a la causa en que
creen y defienden. No se pueden convertir en una carga, que con
sus quejas y lamentaciones debiliten o frenen la posición y los
rigores de la lucha.
La nueva
oposición tiene que pasar
de la declaración escrita, principalmente
hacia el exterior, a la declaración pública y oral. Tiene que
comenzar la guerra de los discursos, en cualquier lugar y
ocasión se presta para llevar el mensaje de una nueva república
en libertad. En esos discursos deben estar presentes los líderes
políticos y de la sociedad civil, apelando las viejas demandas,
que aún perduran en la memoria histórica de la sociedad cubana.
El inventario de la
pobreza que se viene realizando actualmente en Cuba ha
demostrado que persisten en el campesinado muchas de las
condiciones sociales existentes antes de 1959 como la pobreza
extrema y problemas con la tenencia de tierra. Las
organizaciones de la nueva sociedad civil tienen que reclamar
día a día al gobierno que cumpla con la Reforma Agraria y la
entrega de tierras a los campesinos, que nunca se ha realizado
por el presunto Gobierno Revolucionario.
La oposición tiene que reclamarlo todo, y ahí estaría su poder
de convocatoria, desde las tierras para el campesino, la
vivienda, tanto en derecho como física, el transporte, los
servicios, incluyendo la electricidad, el agua, las
comunicaciones incluyendo la Internet, la alimentación y hasta
aquella viaja demanda de los principios del siglo pasado, el
desayuno escolar.
La gobernabilidad se adquiere mediante el ejercicio y las
estructuras ya están muy bien predeterminadas. El ejercicio del
poder mediante los gobiernos locales es una práctica común
universalmente. La nueva oposición tiene que comenzar a
estructurarse bajo estas concepciones y para ello lo mejor sería
implementar la iniciativa contemplada en la propuesta:
Municipios de Oposición.
El Gobierno
norteamericano, como política de Estado tiene que tomar carta en
el asunto, ya que no tiene la voluntad política de retirarse del
conflicto y dejar a los cubanos que resuelvan su propio problema.
La primera medida sería revisar los acuerdos migratorios,
adecuar las visas a las normas generales de los Estados Unidos
para el resto de los países, solo con prioridad para los que
hayan cumplido sanciones de tres años o más por motivos
políticos.
Las transmisiones de
Radio y Televisión Martí deben ser sustituidas por espacios
pagados en televisoras comerciales, potenciadas con repetidores
situados convenientemente. Las informaciones recavadas para
estos espacios podrían ser utilizadas, sin las restricciones que
tienen las transmisiones de Radio y TV Martí que no pueden usar
frecuencias de acceso abierto en territorio norteamericano.
Las funciones de la
Oficina de Intereses en apoyo de las libertades públicas e
individuales interactuando con los líderes de la oposición, la
sociedad civil y la prensa independiente deben ser revisadas
para que sean más efectivas. Ejemplo, el horario de máquina (acceso
a las computadoras) debe ser extendido lo más posible, la
participación y coordinación de la asistencia al centro de
Prensa y Cultura debe estar en manos de personal seleccionado
por los funcionarios norteamericanos.
La diplomacia estadounidense
debe coordinar esfuerzos para que otras sedes diplomáticas
radicadas en Cuba brinden servicios de libre acceso a Internet,
tanto en sus embajadas como en sus respectivos consulados. En
dichos centros se podrían coordinar los servicios de información
y comunicación entre las provincias y el exterior, muchas veces
aisladas por diferentes motivos, transporte, recursos
financieros, etc.
Conclusiones:
En política, los tiempos
pueden ser sumamente largos, como también se pueden precipitar y
frente a esa situación nos encontramos en Cuba en estos
momentos. Una consolidación de las fuerzas en el poder
actualmente, reorganizándose a partir de sus propios intereses
podría retardar el proceso democrático indefinidamente. Esta
posibilidad fundamenta la necesidad de implementar todo lo
contenido en esta declaración, para presionar y desestabilizar
las nuevas estructuras de sucesión y evitar con ello que se
perpetúen en el poder.
La precipitación de los
acontecimientos, con la inminente muerte de Fidel Castro,
avizora que el mínimo de fuerza que se necesita para sostener el
poder tiene que venir del propio ejército cubano, pero de entrar
en conflictos entre sí o con las actuales estructuras de poder
y/o por conflictos propios de estas últimas, que ponga en
peligro la estabilidad social, debe abogarse por una
intervención inmediata de las fuerzas de paz de las Naciones
Unidas, que además de asegurar el orden, garantizan el proceso
ordenado y bajo calendario de la instauración de las estructuras
democráticas. El despliegue de las fuerzas de la ONU sería
moralmente mejor aceptado y menos traumático que una
intervención directa de los Estados Unidos.
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