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Venezuela no
reduce el número de desposeídos
pese a la larga bonanza petrolera
Hostiga al empresario por creerlo enemigo de clase,
sobre todo si no es adicto Maquilla el paro:
a quien recibe subsidios no lo considera desempleado
Joaquim Ibarz
La Vanguardia
España
Infosearch:
José F. Sánchez
Jefe de Buró
E.U.
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Diciembre 11, 2005
Me dedico a
la venta ambulante porque en Venezuela sólo hay empleo en la
economía informal”, comenta Juan Liaño, un químico que hace dos
años se quedó sin trabajo al cerrar su empresa. Vende ropa
íntima femenina en un pequeño puesto que ha montado en Sabana
Grande, un paseo señorial de Caracas que el presidente Hugo
Chávez promovió que degenerara en un zoco invadido por buhoneros
(vendedores ambulantes).
Las calles de
Venezuela están atestadas de vendedores ambulantes. Al igual que
Juan, otros cinco millones de personas, más de la mitad de la
masa laboral del país, han recurrido al sector informal para
subsistir. ALuis Fernández le bastó una pequeña cartulina en la
que escribió la palabra taxi para transformar su coche en un
vehículo pirata de servicio público. “Soy ingeniero, y desde que
hace dos años quebró la empresa en la que trabajaba no he podido
encontrar trabajo. Es humillante manejar un taxi pirata, pero de
algo hay que comer”, explica con pesar.
En Venezuela
aumentó la pobreza en los siete años que Chávez lleva en la
presidencia aunque en ese tiempo se ingresaron unos 350.000
millones de petrodólares. Hay más pobres pese a que el
presidente ha hecho de sus programas sociales una piedra angular
de lo que llama “revolución bolivariana”. Es una verdad que
Chávez no puede tapar, y que le duele. Le resulta difícil
explicar que un gobierno con abundantes recursos, que fundamenta
su legitimidad en la dedicación a los pobres, haya incrementado
la depauperación social. Ello explicaría en parte la alta
abstención que se registró el domingo pasado (más del 75%). Los
venezolanos empiezan a estar cansados de que por causa de la
corrupción –más abundante que nunca al manejarse altos
presupuestos sin ninguna fiscalización– y por la acusada
ineficacia de los altos funcionarios los recursos millonarios
que se destinan a programas sociales no se traducen en mejora de
la calidad de vida de la población. Alivian la pobreza, pero
nadie sale de pobre, excepto los que se disfrazan con el ropaje
de la revolución bolivariana.
Las cifras
del oficial Instituto Nacional de Estadística (INE) son
contundentes: en el primer semestre de 1999, cuando Chávez
asumió el poder, el índice de pobreza era del 43%; a principios
de 2005 ya subió al 54%. Elías Eljuri, presidente del INE, dijo
que en 1999 la pobreza extrema alcanzaba al 19'9% de los
venezolanos, pero ahora ya afecta al 28'1% de la población, que
no tiene ingresos ni para atender sus gastos de alimentación.
Como las estadísticas del INE no le gustaban, Chávez hizo
cambiar su metodología. De esta forma, por decreto, disminuyó la
pobreza.
A la gente le
irrita que mientras la tasa de mortalidad infantil aumentó en
Venezuela en los dos últimos años, con los recursos del petróleo
Chávez financie políticos populistas de media América y subsidia
a algunos pobres de Estados Unidos.
“Hugo Chávez
financia a los venezolanos pobres para que todos dependan de
él”, nos dice Gustavo Nahmens, un empresario de origen
asturiano. “La pobreza se traga a Chávez; pensó que la pobreza
se reduce con subsidios y regalando dinero. Pero la pobreza sólo
se la puede combatir creando riqueza. Y Chávez parece empeñado
en destruir la riqueza. No le preocupa generar crecimiento. Como
considera que la riqueza está mal repartida, busca eliminar las
desigualdades empobreciendo a todos, como en Cuba”, dice Nahmens.
Con los
enormes aportes del petróleo que puede manejar a su antojo,
Chávez creó un verdadero Estado dentro del Estado, suyo,
personalísimo, sin ningún límite ni control. Financiar la
pobreza le cuesta caro al erario: en seis años no sólo se han
gastado los 350.000 millones de dólares del petróleo, sino que
se aumentó la deuda externa (de 22.000 millones de dólares se
pasó a 27.000) y se multiplicó la deuda pública interna (en seis
años, de 1.069 millones de dólares se pasó a 13.500 millones).
Hay que añadir mil millones de bonos en euros y una nueva
emisión de otros 1.500 millones. Pero Chávez se permite comprar
1.000 millones de dólares de la deuda argentina.
Crear riqueza
no es prioridad para Chávez. En vez de apoyar al empresario, lo
hostiga por considerarlo enemigo de clase, sobre todo si no es
incondicional. La política populista del Gobierno, unido a la
falta de confianza en el futuro y a una política tributaria que
obliga a las empresas a pagar el IVA por adelantado –en base a
baremos que fija el Estado–, provocó la caída de la inversión y
la quiebra de muchas firmas. Según datos de Fedecámaras
(organismo que agrupa a los empresarios venezolanos), en los
últimos siete años han cerrado la mitad de las empresas
privadas, con el subsiguiente aumento del paro. Chávez maquilla
las cifras, al no considerar como desempleados a quienes reciben
subsidios económicos del gobierno.
Julio Borges,
líder del partido opositor Primero Justicia, cuestionó la
contradicción que vive Venezuela con un “gobierno rico y un país
pobre”, donde el petróleo “en lugar de ser una herramienta para
combatir la pobreza, somete al ciudadano a mayor dependencia”
Dos
organismos multilaterales poco sospechosos como el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión
Económica para América Latina (Cepal) confirman la formidable
paradoja: Chávez, que ha basado su discurso en la defensa de los
desposeídos, no logra reducir el número de pobres pese a
disfrutar de la mayor y más prolongada bonanza petrolera en toda
la historia de Venezuela.
Con un precio
promedio de 50 dólares el barril de crudo y exportaciones
anuales de casi 1.000 millones de barriles, Venezuela descendió
este año al puesto 75 en el índice de desarrollo humano (IDH)
del PNUD; en el gobierno de Rafael Caldera, cuando el petróleo
se vendía a nueve dólares, Venezuela estaba en el número 46.
Según el PNUD, el 47% de los venezolanos sobreviven con dos
dólares diarios o menos, lo que provoca que un 22% sufra
desnutrición.
El informe
anual del PNUD sobre la libertad económica en el mundo ubica a
Venezuela como uno de los siete países que descendieron en la
clasificación, en relación con el resultado obtenido en 2004, al
ocupar la posición 124 entre los 127 países que conforman la
muestra, posición que comparte con la República del Congo; por
debajo sólo se encuentran Zimbabue y Birmania.
No existe
investigación que no arroje un balance similar. El informe de la
Cepal de 2005 dice que Venezuela y Argentina son los dos únicos
países de la región que retrocedieron en la reducción de la
pobreza extrema; naciones con menos recursos, como El Salvador y
Bolivia, registran avances. El Banco Mundial y la Cepal
coinciden al mostrar el fracaso de Chávez en la atención a los
sectores más pobres.
El analista
Manuel Felipe Sierra declara a La Vanguardia que en la medida en
que se dispara el ingreso fiscal por el alza del petróleo, “en
la misma proporción se deteriora la calidad de vida del
venezolano”.
“¿Cómo se
explica que un régimen ahíto de recursos fracase en su
estrategia social, si no es por el empeño de exportar un modelo
revolucionario que implica la distracción de enormes recursos en
una empresa incierta de colonización política en América, al
alimón con Fidel Castro?”, se pregunta Sierra. No es que Chávez
no haya hecho nada. Ha hecho mucho, en especial en salud,
educación y ayuda alimentaria. En los dos últimos años ha
dedicado al menos 4.000 millones de petrodólares a programas
sociales. Ha lanzado planes ambiciosos, conocidos como misiones,
que facilitan de todo: educación, alimentos, viviendas
subsidiadas y cuidados básicos de salud con 17.000 médicos
cubanos. Las misiones de educación dan estipendios mensuales a
los que asisten a programas de alfabetización o quieren estudiar
enseñanza secundaria.
El mayor
logro de Chávez es Mercal, cadena de tiendas populares que
venden alimentos a precios muy subsidiados, que ya benefician al
46´9% de la población, un vasto segmento de consumidores que
nunca había sido tomado en cuenta por las empresas de alimentos
tradicionales y las cadenas minoristas. Con 14.164 puntos de
ventas, los largos brazos de Mercal alcanzan a más de 10
millones de venezolanos.
La pobreza no
disminuye pese a las ayudas, lo que indica que las misiones son
solo asistenciales, sin crear empleos estables. "Es posible que
las fuerzas que producen la pobreza se hayan activado
brutalmente y las misiones contengan la avalancha, moderando lo
que de otro modo serían cifras aun más escandalosas; también es
factible que la actividad estatal esté fabricando pobres",
señala el economista Carlos Blanco, profesor en Harvard.
Asistencialismo
Chávez ha disparado el gasto sin control y sin medida para
aliviar la pobreza. Pero cada vez le resulta más difícil
aumentar los recursos para atender la demanda creciente. Por su
particular idiosincracia, el venezolano considera que el
petróleo es suyo y, por lo tanto, el Estado tiene obligación de
ayudarle repartiendo parte de los ingresos. Por ello, las ayudas
que les da Chávez no aseguran su fidelidad. Las familias de
escasos recursos se organizan para que cada miembro se conecte
con el canal asistencial construido por el régimen. El aumento
del asistencialismo retrae la capacidad de iniciativa. Vivir
conectado a las misiones sociales anula los impulsos productivos
de la ciudadanía.
Manuel Felipe
Sierra explica que hasta la llegada de Chávez al poder, el
Estado redistribuía los ingresos petroleros a través del aparato
productivo, colocándolos en el torrente de la economía con
créditos e inversiones. El Estado servía de intermediario entre
el dinero del petróleo, la industria y la agricultura. "Chávez
ha confiscado el ingreso petrolero para colocarlo directamente
en los sectores sociales, subsidiando alimentos y servicios. En
vez de generar una intermediación productiva, que daba empleo y
estabilidad económica, lo traslada a la gente, estableciendo un
vínculo directo entre el Estado y el beneficiario", señala
Sierra.
Mercado
distorsionado
El dinero del petróleo saca de la circulación al aparato
productivo nacional porque en Venezuela - caso único en América
Latina- el Estado es más poderoso económicamente que el sector
privado, es más fuerte que la sociedad. En vez de contribuir a
reactivar la economía, es un freno al distorsionar el mercado
los precios subsidiados. A pesar de los arreglos cosméticos en
las estadísticas, crece la economía informal y el desempleo. El
ritmo de gasto improductivo es muy alto y su dinámica tiende a
crecer más que los ingresos, lo que obliga al gobierno a
endeudarse y a depender aún más del precio alto del petróleo.
Chávez es
consciente del problema, al menos en parte. El pasado 20 de
marzo reconoció que "hay que apurar el paso y ser más eficientes
en la lucha contra la pobreza". No tiene empacho en decir que
seguirá indefinidamente en el poder hasta acabar con la pobreza:
"En el 2021 cueste lo que nos cueste habrá pobreza cero en
Venezuela, sólo que debemos apurar el paso y afinar la puntería
en esta batalla. Faltan apenas 16 años para el 2021 y ya tenemos
casi siete años aquí".
Amor con
hambre no dura, dice la oposición. Chávez llama a luchar aunque
sea desnudos y hambrientos. Pocos parecen dispuestos al
sacrificio porque muchos de sus seguidores no se mueven por
principios ideológicos, sino más bien por intereses. "Le
apoyaremos mientras nos siga dando", dijo Juan Prendes, un
vendedor ambulante que vive en una chabola del barrio de La
Vega. |