En defensa del neoliberalismo

Fidel Castro: Renuncia el tirano de teflon

Humberto Fontova
FrontPageMagazine.com 

20/02/2008

En septiembre pasado, Fidel Castro prometió permanecer en el poder hasta que el Presidente Bush dejara la Casa Blanca. Aun con su salud menguante, hubiera sido difícil apostar contra un dictador que ha sobrevivido a nueve presidentes  americanos. El retiro de Castro ayer, a favor de su hermano Raúl, confirma que no será capaz de mantener su palabra. Pero para comprender su legado, y sus implicaciones para el futuro de Сuba, se debe retroceder a una promesa que hizo Castro al inicio de su gobierno personal hace cerca de medio siglo. 

Al entrar en La Habana en enero 7 de 1959, el nuevo dirigente de Cuba, Fidel Castro, transmitió esta promesa ante una falange de micrófonos, “Madres cubanas, permítanme asegurarles que resolveré todos los problemas de Cuba sin derramar una gota de sangre”. Mientras la multitud estallaba en júbilo, Castro continuó “Madres cubanas, permítanme asegurarles que por mi causa ustedes nunca tendrán que llorar”.  

Al día siguiente, justo bajo la loma de San Juan, en Cuba oriental, una bulldozer  comenzó a empujar tierra sobre una hondonada ensangrentada en el fondo de la cual yacían más de cien cuerpos de hombres y muchachos, aún removiéndose, que habían sido ametrallados sin juicio por órdenes de los hermanos Castro. Sus esposas y madres lloraban histéricamente desde un camino cercano.   

Ese mismo día, en el U.K. Observer aparecía el siguiente cintillo: “La figura barbuda y juvenil de Castro ha devenido un símbolo del rechazo de América Latina a la brutalidad y mentira. Todo indica que él rechazará el gobierno personalista y la violencia.”  

Esos dos hechos simbolizan perfectamente el fenómeno de Fidel Castro, aun medio siglo más tarde: Fidel Castro oprime y mata, a la vez que lanza una cortina de humo no simplemente artera sino directamente psicopática. La prensa mundial abandona toda simulación de “investigadores” o “guardianes”, y adopta un papel no  ya de mero sicofante, sino de agencia de anuncios.  

Tres meses después, en abril de 1959, al momento de sus delirantes y ensordecedoras recepciones en la Escuela de Derecho de Harvard y en el Club Nacional de Prensa (cuyos miembros, mayoritariamente, se oponen a la pena de muerte) los pelotones de fusilamiento del “Sr. Castro” habían exterminado a 1,168 hombres y muchachos, jóvenes algunos de 15 años de edad.  Para el tiempo en que Norman Mailer (otro oponente de la pena capital) estaba proclamando a Fidel Castro como el “¡mayor héroe que ha aparecido en las Américas!”, los pelotones de fusilamiento de su héroe habían apilado 4000 cadáveres, y uno de cada 18 cubanos era un preso político, una tasa de encarcelamiento que sobre pasaba la de Stalin.      

Hacia 1975, cuando George McGovern (otro opositor de la pena capital) lo llamaba “un hombre muy tímido y sensible, a quien considero un amigo”, los cuerpos acribillados a balazos de más de 10,00 cubanos yacían en tumbas anónimas, y Cuba mantenía aún, en cuanto al porcentaje de su población, el más alto promedio de presos políticos en el mundo, sobrepasando por varios múltiples la tasa de pre-guerra de la Alemania Nazi.    

Más que nadie, Fidel Castro, puso al mundo cerca de un Armagedón nuclear, argumentando,  suplicando  y finalmente tratando de engañar a Nikita Khrushchev para que lanzara sobre Estados Unidos un  ataque nuclear por sorpresa.  Sin embargo, parlamentarios noruegos lo nominaron para el Premio Nóbel de la Paz.  

Encarceló y torturó en forma que superó a Stalin. Sin embargo, Cuba tiene asiento en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas.   

Su Código Legal establece una prisión de 18 meses para cualquiera que sea oído haciendo un chiste sobre él. Sin embargo, Jack Nicholson y Chevy Chase le cantan alabanzas.  

Abolió el habeas corpus a tiempo que su verdugo en jefe, Che Guevara, declaraba que “la evidencia judicial es un detalle burgués arcaico. Ejecutamos por convicción revolucionaria”. Un mes después, la Escuela de Derecho de Harvard lo invitó a que les hablara, y estallaban en aclamaciones y  ovaciones tumultuosas apenas pronunciaba tres frases.

Expulsó de Cuba un mayor porciento de judíos que el Zar Nicolás lo hizo en Rusia y Hafez Assad en Siria. Sin embargo, Stephen Spielberg,  fundador de la Fundación Shoa, consideró su cena con Fidel Castro “las ocho horas más importantes de mi vida”.   

Derrocó a un dictador mulato y reemplazó su gobierno con uno que sólo tiene un nueve por ciento de negros y donde un 80 a un 90 por ciento de  la población penal es negra. Encarceló como preso político al negro que más ha sufrido prisión en la historia moderna (Eusebio Peñalver que sufrió más tiempo en las mazmorras castristas del que Nelson Mandela  en Africa del Sur). Sentenció a otros negros  (Dr. Oscar Elías Bicet, Francisco H Diaz Echemendía, Jorge L Garcia Pérez {Antúñez}) esencialmente por citar a Martin Luther King en una plaza pública. Sin embargo, es un héroe para el Comité Negro del Congreso de EE.UU y Charlie Rangel le da apasionados abrazos de oso.    

Trató de destruir New York dos veces, la primera con proyectiles nucleares y al mes siguiente hizo planes para hacer estallar 500 kilos de TNT en Macy’s,  Gimbel’s, Bloomingdale´s y la Terminal Central, en el mayor día de compras del año. Sin embargo, la revista Newsweek lo aclamó como “¡El boleto más caliente de Manhattan!”, y Time como “¡El brindis de Manhattan!”, en referencia al torbellino social que lo rodeó en su visita a New York en 1995, de los mejores y más brillantes de la ciudad, incluyendo a David Rockefeller, Robert McNamara, Dwayne Andreas, Mort Zuckerman, Mike Wallace, Peter Jennings, Tina Brown, Bernard Shaw y Barbara Wal ters. De acuerdo con el Consejo Comercial y Económico U.S.-Cuba, Castro recibió en esa visita 250 invitaciones a cenar de celebridades y poderosos de Manhattan. 

Sus pelotones de fusilamiento asesinaron a mujeres embarazadas, sus guardacostas ametrallaron a madres con sus hijos por tratar de escapar en balsas, y su régimen hizo a las mujeres cubanas las más suicidas del mundo, triplicando la tasa de suicidios anterior a la revolución. Sin embargo, Barbara Walters aclama “la gran salud que ha traído a Cuba”, Andrea Mitchell se refirió a él como “¡una figura absolutamente fascinante!”, y Diane Sawyer estuvo tan abrumada en su presencia que  lo envolvió en sus brazos y lo besuqueó cálidamente en la mejilla.    

 Con el paso de los años, una variada colección de fanáticos extranjeros y gente que le desea bien han derramado elogios sobre Castro: 

  • "¡El Elvis de Cuba!" -Dan Rather.
  • “¡Castro es el político más honesto y valiente que he conocido! ¡Viva Fidel!”.  Jesse Jackson.
  • "¡Si usted cree en la libertad, la justicia y la igualdad, no tiene otra alternativa que apoyar a Fidel Castro!" - Harry Belafonte.
  • "Castro es un genio y  Cuba es un Paraíso!" - Jack Nicholson.
  • "¡Tremendo tipo!" - Ted Turner.

Desgraciadamente, la locura en cuanto al tema de Castro no está estrictamente confinada a los locos.  

  • "Castro ha hecho cosas buenas para Cuba." - Colin Powell.
  • "Castro expulsó a un desmadrado y  liberó a los pobres de Cuba" - Stephen Ambrose, ya fallecido, el historiador más leído en Estados Unidos . 

El London Times, publicación conservadora y respetada, propiedad de Rupert Murdoch, llegó a editorializar sobre “los logros” de Castro.

 

Entre las figuras históricas, Fidel Castro ha sido, sin dudas, el mentiroso más efectivo de los tiempos modernos. Su efectividad fue muy favorecida por una prensa mundial aduladora, deslumbrada por su posición como el más prominente símbolo del antiamericanismo. Сon semejante fama,  mucho puede ser perdonado, pasado por alto, ignorado o simplemente falsificado. Si todo lo que oímos y leemos constantemente sobre Fidel Castro y la Revolución Cubana en la prensa  fueran solamente errores, sería menos repelente. En realidad, los clichés de la prensa y del mundo académico usualmente ponen la verdad de cabeza. Recibimos el opuesto preciso de la verdad. La ignorancia (usualmente voluntaria) d e las condiciones en la Cuba pre-Castro, de los antecedentes de Fidel Castro, de las relaciones U.S.-Cuba antes de 1960, todo contribuye a la leyenda sobre Castro, de frases hechas. Con los medios de información regodeándose en la orgía de frases hechas sobre Castro, examinémoslas una a una, sin especial orden de importancia.   


Frase hecha no. 1: El valiente Castro triunfó al desafiar a unos Estados Unidos incansablemente hostiles, que trabajaban sin cesar para derrocarlo.
 

Los hechos: “Terminamos obteniendo exactamente lo que siempre quisimos”, escribió Nikita Khruhschev sobre la solución de la Crisis de los Misiles.

“Seguridad para el régimen de Fidel Castro y misiles retirados de Turquía. Hasta hoy Estados Unidos ha cumplido su promesa de no interferir con Castro y no permitir a nadie que interfiera con Castro (las itálicas mías). Después de la muerte de Kennedy, su sucesor Lyndon Jonson nos aseguró que él mantendría la promesa de no invadir Cuba”.


Henry Kissinger, como Secretario de Estado de Gerald Ford, renovó el compromiso. Después de la “solución” de la Crisis de los Misiles, el “desafío” de Castro a Estados Unidos tomó la forma de que la Guardia Costera Estadounidense y aun la Marina Británica (cuando algunos intrépidos luchadores por la libertad trasladaron sus operaciones a las Bahamas) lo protegieron contra ataques de los exilados. Lejos de “desafiar” a una superpotencia, Castro se escondió bajo las faldas de dos superpotencias, además del Imperio Británico.  


Frase hecha no. 2:
La Cuba pre-Castro era una verdadera colonia estadounidense, codiciosamente explotada por compañías estadounidenses y sus más notorios delincuentes, que mantenían a la desafortunada isla como casino sórdido, y burdel. Castro rectificó esa vergonzosa condición.

 

Los hechos: En 1958, solo un 7 por ciento del capital invertido en Cuba era norteamericano, y menos de un tercio de la producción azucarera de Cuba (su cosecha más importante) provenía de compañías estadounidenses. En esa época, Cuba tenía un gran total de tres casinos de juego (Gulfport Mississippi tiene hoy tres veces ese número).

Exactamente un hotel pertenecía a las pandillas (compare eso con Las Vegas y pregúntese quien pide que Nevada sufra el estalinismo para rectificar esa condición vergonzosa).

En 1958 Cuba tenía aproximadamente 10,000 prostitutas. Hoy se estima que 150,000, muchas de ellas jóvenes de 14 años, ejercen su oficio en la isla desesperada.

Y para rematarlo todo: En 1950 más cubanos (de una población de seis millones) pasaban sus vacaciones en Estados Unidos que norteamericanos (de una población de 200 millones) las pasaban en Cuba. En esos tiempos, los cubanos no venían a establecerse en Estados Unidos en cantidades apreciables. De hecho, como porcentaje de población, Cuba recibía más inmigrantes (principalmente de Europa) a comienzos del siglo XX que Estados Unidos. En los 1950s, cuando los cubanos eran completamente libres para emigrar con todas sus pertenencias, y las visas estadounidenses eran otorgadas con sólo pedirlas,
menos cubanos vivían en Estados Unidos que norteamericanos en Cuba. 

 

Frase hecha No 3: Fidel Castro derrocó al Batista “respaldado por EE.UU.”, cuyos protectores y títeres se pusieron instantáneamente frenéticos ante su derrocamiento.  

Tan pronto como Castro entró en La Habana, Estados Unidos comenzó a golpear con su gran garrote, sin apenas menear una zanahoria. Eso empujó a Castro hacia los brazos de la madre Rusia. El pobre hombre no tuvo alternativa ante tales reiteradas belicosidad y bravuconería, caracterizadas por un embargo vengativo e inefectivo. 

 

 El ex-embajador estadounidense en Cuba, Earl T. Smith, durante testimonios congresionales en 1960, declaró abiertamente: “Nosotros pusimos a  Castro en el poder”. Se refería a las actuaciones del Departamento de Estado y la CIA  en ayudar, moral y materialmente a los rebeldes castristas, a su retirar la alfombra debajo de Batista con un embargo de armamentos y finalmente con la orden estadounidense de que Batista abandonara Cuba.       

El embajador Smith sabía algo sobre estos hechos porque él personalmente entregó los mensajes a Batista, a quien después se le negó exilio en Estados Unidos.  


”Yo y todo mi personal éramos fidelistas”, alardeaba Robert Reynolds, el “especialista del Buró del Caribe sobre la Revolución Cubana” en la CIA desde 1957 a 1960. Estados Unidos dió su bendición oficial al régimen de Castro con más rapidez que al reconocer  a Batista en 1952, y le prodigó $200 millones en subsidios.    

 

En agosto de 1959, el liberal embajador estadounidense en Cuba, Philip Bonsal, alertó a Castro sobre una conspiración de cubanos contra su régimen. Gracias en parte a la deferencia del embajador Bonsal hacia un régimen que insultaba a su nación como “un buitre  atomizar sobre la humanidad”, y preparado para robarle $2,000 millones a accionistas estadounidenses, la conspiración contra Castro fue frustrada, cientos de conjurados fueron encarcelados o ejecutados, y sobrevivió el régimen que tres años más tarde estuvo cerca de aniquilar  con misiles nucleares  muchas de las mayores ciudades norteamericanas (incluyendo el hogar de Bonsal), 

 

En 1958, cuando el Departamento de Estado  y la CIA estaban ayudando su movimiento, Castro había escrito en confianza a un colega “La guerra con EE.UU. es mi verdadero destino”. Castro había enviado guerrillas para tratar de derrocar violentamente cuatro países soberanos de América Latina, confiscado 2,000 millones de dólares en propiedades norteamericanas, invitado miles de agentes militares y policíacos soviéticos, secuestrado 50 ciudadanos estadounidenses de la Bahía de Guantánamo, y encarcelado y ejecutado a varios norteamericanos, antes de que levantáramos un  dedo en su contra. 

 

Frase hecha No. 4: “El embargo cubano no funciona. Nunca triunfó en derrocar a Castro o tan siquiera en moderar sus políticas. Permite al régimen culpar al “guapo del norte” por sus fracasos económicos y logra así traer a su lado al pueblo cubano. Es tiempo de retirarlo.”  


Los hechos: Encuestadores españoles realizaron una encuesta clandestina en Cuba el año pasado y encontraron que menos de un tercio de los cubanos culpan el “bloqueo” estadounidense por su situación económica. El embargo norteamericano fue reactivo, no activo, y vino sólo después que Castro robó 5,911 negocios valuados en $2,000 millones, de accionistas norteamericanos. Fue (y sigue siéndolo) el mayor robo de esa clase en la historia.  Castro alardeó de que nunca pagaría un centavo de lo que robó (la única promesa que haya cumplido).

 

Si el embargo “falló” es simplemente porque durante 30 años no ha existido el tal embargo. 
En 1974, Henry Kissinger permitió a todas las empresas extranjeras subsidiarias de compañías estadounidenses que comerciaran con Сuba. Ya que todos los productos de marcas estadounidenses son accesibles (y más baratos) en México, las tiendas cubanas para turistas y “tiendas de dólares” han estado por mucho tiempo bien provistas de productos estadounidenses. 

 

Pero aún esa avenida es ahora discutible. En los últimos tres años, las compañías estadounidenses han hecho negocios directos con Сuba por valor de más de mil millones de dólares. Actualmente, Estados Unidos es el mayor suministrador de alimentos de Cuba y su cuarto asociado en importaciones. Desde el año 2000, Cuba ha podido comprar prácticamente cualquier cosa que quiera de EE.UU. – aunque sólo en efectivo.

 

Lo que el régimen de Castro anhela (junto con el cabildo agrícola y la larga lista cubana de tensos acreedores) es ventas a crédito estadounidenses a Cuba y garantizadas por el Banco de Exportación e Importación (i.e. contribuyentes norteamericanos). Cuba ha dejado de pagar tales créditos siempre que se les ha ofrecido, más recientemente al propio COFACE -Banco de Exportación e Importación de Francia. La deuda externa de Cuba, principalmente a Rusia, Venezuela y Europa, se acerca a los $40,000 millones y su evaluación de crédito, de acuerdo con Dun & Bradstreet, está por debajo de Somalia. A través de cabildeo congresional, informes forzados de la prensa , y votos de Naciones Unidas, todos los sectores arriba mencionados (por razones obvias) urgen a los contribuyentes estadounidenses a que acudan a su rescate. Se refieren a esto como “levantar el embargo cubano”.

 

 El contribuyente norteamericano está entre los pocos en el mundo que no ha sido penetrado y robado por Castro. Como tal, el llamado “embargo” ha sido un éxito clamoroso.

 

Frase hecha no. 5: Antes de Castro, Cuba era un lugar infeliz. Los débitos del régimen de Castro en libertades políticas están más que compensados por sus créditos en atención a la salud, educación, alimentación, etc. El London Times describió a la Cuba pre-Castro como una “isla caribeña empobrecida”. El New York Times calificó de llamó “casi feudal” la economía cubana en 1958.   

 

Los hechos:  Un informe de la UNESCO alrededor de 1957 sostenía: “Un rasgo de la estructura social cubana es una gran clase media. La Guía del Departamento de Comercio de Estados Unidos para los negocios, afirmaba en 1956: “Cuba no es un país subdesarrollado”. En 1958, esa “isla caribeña empobrecida” tenía un ingreso per cápita más alto que Austria y Japón, y los trabajadores industriales cubanos tenían el octavo lugar entre los más altos salarios del mundo. Cuba tenía asimismo la más baja tasa de inflación del hemisferio, y su peso siempre tenía el mismo valor que el dólar estadounidense

 

Cuba tenía asimismo más médicos y dentistas per cápita que Inglaterra y menor mortalidad infantil que Francia y Alemania, de hecho el número 13 entre las más bajas del mundo. Hoy, la tasa de mortalidad infantil es la número 34, a pesar de tener la más alta tasa de abortos del hemisferio, que artificialmente hace descender la cifra. De forma que, en relación con el resto del mundo, el cuidado de la salud en Cuba ha empeorado bajo Castro, y una nación que tenía un gran influjo de inmigrantes europeos necesita ahora ametralladoras, cañones de agua y t iburones para impedir que la gente huya del país. En 1980, el 80 por ciento de los cubanos sabía leer y escribir y Cuba gastaba más en educación pública, per cápita, que cualquier otra nación de Latinoamérica. En 1958 los cubanos tenían el tercer más alto lugar en consumo de proteínas en América Latina, más televisores per cápita que cualquier nación europea, y más autos per cápita que Japón y la mitad de Europa.    


Desde 1962, las raciones de alimentos impuestas por el gobierno son más bajas que las que ordenaba el Rey de España para los esclavos cubanos en 1842. El salario promedio es de $10 al mes, y carros tirados por bueyes son envidiados como medio de transporte en las áreas rurales de Cuba.
El único pueblo en el mundo con menos teléfonos celulares per cápita que los cubanos vive en Papua, Nueva Guinea.


Y todo esto después que los soviéticos le prodigaron a Castro el equivalente de seis planes Marshall, y no a un continente de 300 millones de habitantes devastado por la guerra, sino a una isla de 6.5 millones de habitantes que anteriormente disfrutaba todo lo que se ha mencionado más arriba. 

 

En cuanto a la Cuba “rural casi feudal”, como la describió el New York Times:

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, radicada en Ginebra, el salario promedio de un trabajador agrícola en Сuba, en los 1950s, era más alto que en Francia, Bélgica, Dinamarca o Alemania Occidental. También, lejos de haber  grandes latifundios que dominaban el paisaje agrícola, la granja promedio en Cuba en 1958 era más pequeña que la granja promedio en EE.UU.


Frase hecha no. 6: La Bahía de Cochinos fue un “fiasco” porque los cubanos en Cuba apoyaban abrumadoramente el régimen de Castro y no estaban motivados a pelear como lo habían hecho contra el régimen de Batista.

 

Los hechos: Inicialmente, creyendo que el momento de liberación había llegado, batallones enteros  de las milicias de Castro se rindieron en masa a los invasores. Sólo cuando se hizo obvio que los invasores habían sido abandonados y ningún apoyo estadounidense estaba en camino, se cerró el cerco. Aún entonces, un avión de reconocimiento estadounidense a chorro detuvo la mayor parte del fuego de las fuerzas de Castro. Después de la batalla, Fidel Castro mismo estaba irritado por el poco espíritu de combate de sus tropas.    


Más hechos:  Una feroz guerra anticomunista de guerrillas ardió en la Cuba rural desde  

1960 hasta 1966, que involucró diez veces el número de rebeldes que peleó nunca contra Batista. El mismo Raúl Castro admitió que sus tropas, milicias, y los asesores soviéticos enfrentaban a 179 diferentes “grupos de bandidos”, como llamaban a los luchadores por la libertad. Decenas de miles de tropas, veintenas de asesores soviéticos y escuadrones de tanques, helicópteros y lanzallamas soviéticos finalmente extinguieron la solitaria lucha cubana  por la libertad. En todo el resto del planeta, el eje prensa liberal/academia se refiere a acontecimientos semejantes como “insurgencia” y como una prueba de que “el pueblo” se opone a sus gobernantes.   

 

 “Engáñame una vez”, se dice, “Vergüenza para mí”. Engáñame dos, vergüenza para ti”.

Ya en el exilio, los refugiados cubanos trataron de hacer prevalecer la verdad.

 

Los resultados han sido --para decirlo en forma delicada—“mixtos”. Los medios de información prevalecientes se mantienen reverentes ante el Gran y Poderoso Fidel. Los principales detractores de Castro carecen de adecuado prestigio. Pocos grupos étnicos han llegado a estas costas llevando un equipaje tan fuera de moda. No es que traigan mucho. Los más llegan con la ropa que traían puesta, todas sus otras pertenencias han sido robadas por Castro. Entonces estas gentes multiplican por diez la maldición mezclándose con la clase media en una generación y convirtiéndose así en el grupo étnico más próspero y republicano en la historia de Estados Unidos. Del 71 al 82 por ciento de los cubano-americanos votan por los  republicanos. De modo que los tabúes usuales referentes a la discusión de grupos étnicos se desvanecen cuando se discute sobre norteamericanos de origen cubano. Norman Birnbaum, profesor de Georgetown y consejero presidencial demócrata se refiere a ellos como “esos verdaderamente censurables cubanos de Miami”. Durante el circo sobre Elian González, Bryant Grumbel se refirió a los manifestantes cubanos como “repugnantes”, y Alexander Coburn, escritor de The New Republic y Nation, recomendó “bombardeo nuclear” sobre la Pequeña Habana de Miami


Aun así, no surgió histeria de los lugares acostumbrados. No siguió ninguna algarabía como la que acosó a John Rocker, Jimmy el Griego y Mel Gibson. Todos los llorones profesionales en asuntos relativos a la “sensibilidad étnica” permanecieron ensordecedoramente mudos.   

 

Así que ¿que hay ahora con Cuba? Raúl, el sucesor de Fidel, fue el que dio la orden de ¡Fuego! para la masacre mencionada al principio de este artículo. “Les presento al nuevo jefe”, escribió Pete Townsend, “igual que el viejo jefe”.

 

Ahí tienen el panorama. Dado el humor de los tiempos, y dada su personalidad opaca, es improbable que Raúl reúna los mismos aplausos mediáticos que su hermano. Pero ya está siendo descrito por la prensa prevaleciente como “pragmático”, “eficiente”, “administrador hábil”, ”más abierto”, etc. 

 

Y, de acuerdo con sus antecedentes, ¿por qué no creerlos?”

 


Humberto Fontova es el autor de “Descubriendo al verdadero Che Guevara y los idiotas útiles que lo idolatran.