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Fidel
Castro: Renuncia el tirano de teflon
Humberto Fontova
FrontPageMagazine.com
20/02/2008
En septiembre pasado, Fidel Castro prometió
permanecer en el poder hasta que el Presidente Bush dejara la Casa
Blanca. Aun con su salud menguante, hubiera sido difícil apostar
contra un dictador que ha sobrevivido a nueve presidentes
americanos. El retiro de Castro ayer, a favor de su hermano Raúl,
confirma que no será capaz de mantener su palabra. Pero para
comprender su legado, y sus implicaciones para el futuro de Сuba, se
debe retroceder a una promesa que hizo Castro al inicio de su
gobierno personal hace cerca de medio siglo.
Al entrar en La Habana en enero 7 de 1959, el nuevo
dirigente de Cuba, Fidel Castro, transmitió esta promesa ante una
falange de micrófonos, “Madres cubanas, permítanme asegurarles que
resolveré todos los problemas de Cuba sin derramar una gota de
sangre”. Mientras la multitud estallaba en júbilo, Castro continuó
“Madres cubanas, permítanme asegurarles que por mi causa ustedes
nunca tendrán que llorar”.
Al día siguiente, justo bajo la loma de San Juan, en
Cuba oriental, una bulldozer comenzó a empujar tierra sobre una
hondonada ensangrentada en el fondo de la cual yacían más de cien
cuerpos de hombres y muchachos, aún removiéndose, que habían sido
ametrallados sin juicio por órdenes de los hermanos Castro. Sus
esposas y madres lloraban histéricamente desde un camino cercano.
Ese mismo día, en el U.K. Observer aparecía el
siguiente cintillo: “La figura barbuda y juvenil de Castro ha
devenido un símbolo del rechazo de América Latina a la brutalidad y
mentira. Todo indica que él rechazará el gobierno personalista y la
violencia.”
Esos dos hechos simbolizan perfectamente el fenómeno
de Fidel Castro, aun medio siglo más tarde: Fidel Castro oprime y
mata, a la vez que lanza una cortina de humo no simplemente artera
sino directamente psicopática. La prensa mundial abandona toda
simulación de “investigadores” o “guardianes”, y adopta un papel no
ya de mero sicofante, sino de agencia de anuncios.
Tres meses después, en abril de 1959, al momento de
sus delirantes y ensordecedoras recepciones en la Escuela de Derecho
de Harvard y en el Club Nacional de Prensa (cuyos miembros,
mayoritariamente, se oponen a la pena de muerte) los pelotones de
fusilamiento del “Sr. Castro” habían exterminado a 1,168 hombres y
muchachos, jóvenes algunos de 15 años de edad. Para el tiempo en
que Norman Mailer (otro oponente de la pena capital) estaba
proclamando a Fidel Castro como el “¡mayor héroe que ha aparecido en
las Américas!”, los pelotones de fusilamiento de su héroe habían
apilado 4000 cadáveres, y uno de cada 18 cubanos era un preso
político, una tasa de encarcelamiento que sobre pasaba la de Stalin.
Hacia 1975, cuando George McGovern (otro opositor de
la pena capital) lo llamaba “un hombre muy tímido y sensible, a
quien considero un amigo”, los cuerpos acribillados a balazos de más
de 10,00 cubanos yacían en tumbas anónimas, y Cuba mantenía aún, en
cuanto al porcentaje de su población, el más alto promedio de presos
políticos en el mundo, sobrepasando por varios múltiples la tasa de
pre-guerra de la Alemania Nazi.
Más que nadie, Fidel Castro, puso al mundo cerca de
un Armagedón nuclear, argumentando, suplicando y finalmente
tratando de engañar a Nikita Khrushchev para que lanzara sobre
Estados Unidos un ataque nuclear por sorpresa. Sin embargo,
parlamentarios noruegos lo nominaron para el Premio Nóbel de la Paz.
Encarceló y torturó en forma que superó a Stalin. Sin
embargo, Cuba tiene asiento en el Comité de Derechos Humanos de
Naciones Unidas.
Su Código Legal establece una prisión de 18 meses
para cualquiera que sea oído haciendo un chiste sobre él. Sin
embargo, Jack Nicholson y Chevy Chase le cantan alabanzas.
Abolió el habeas corpus a tiempo que su
verdugo en jefe, Che Guevara, declaraba que “la evidencia
judicial es un detalle burgués arcaico. Ejecutamos por convicción
revolucionaria”. Un mes después, la Escuela de Derecho de
Harvard lo invitó a que les hablara, y estallaban en aclamaciones y
ovaciones tumultuosas apenas pronunciaba tres frases.
Expulsó de Cuba un mayor porciento de judíos que el
Zar Nicolás lo hizo en Rusia y Hafez Assad en Siria. Sin embargo,
Stephen Spielberg, fundador de la Fundación Shoa, consideró su cena
con Fidel Castro “las ocho horas más importantes de mi vida”.
Derrocó a un dictador mulato y reemplazó su gobierno
con uno que sólo tiene un nueve por ciento de negros y donde un 80 a
un 90 por ciento de la población penal es negra. Encarceló como
preso político al negro que más ha sufrido prisión en la historia
moderna (Eusebio Peñalver que sufrió más tiempo en las mazmorras
castristas del que Nelson Mandela en Africa del Sur). Sentenció a
otros negros (Dr. Oscar Elías Bicet, Francisco H Diaz Echemendía,
Jorge L Garcia Pérez {Antúñez}) esencialmente por citar a Martin
Luther King en una plaza pública. Sin embargo, es un héroe para el
Comité Negro del Congreso de EE.UU y Charlie Rangel le da
apasionados abrazos de oso.
Trató de destruir New York dos veces, la primera con
proyectiles nucleares y al mes siguiente hizo planes para hacer
estallar 500 kilos de TNT en Macy’s, Gimbel’s, Bloomingdale´s y la
Terminal Central, en el mayor día de compras del año. Sin embargo,
la revista Newsweek lo aclamó como “¡El boleto más caliente de
Manhattan!”, y Time como “¡El brindis de Manhattan!”, en
referencia al torbellino social que lo rodeó en su visita a New York
en 1995, de los mejores y más brillantes de la ciudad, incluyendo a
David Rockefeller, Robert McNamara, Dwayne Andreas, Mort Zuckerman,
Mike Wallace, Peter Jennings, Tina Brown, Bernard Shaw y Barbara Wal
ters. De acuerdo con el Consejo Comercial y Económico U.S.-Cuba,
Castro recibió en esa visita 250 invitaciones a cenar de
celebridades y poderosos de Manhattan.
Sus pelotones de fusilamiento asesinaron a mujeres
embarazadas, sus guardacostas ametrallaron a madres con sus hijos
por tratar de escapar en balsas, y su régimen hizo a las mujeres
cubanas las más suicidas del mundo, triplicando la tasa de suicidios
anterior a la revolución. Sin embargo, Barbara Walters aclama “la
gran salud que ha traído a Cuba”, Andrea Mitchell se refirió a él
como “¡una figura absolutamente fascinante!”, y Diane Sawyer estuvo
tan abrumada en su presencia que lo envolvió en sus brazos y lo
besuqueó cálidamente en la mejilla.
Con el paso de los años, una variada colección de
fanáticos extranjeros y gente que le desea bien han derramado
elogios sobre Castro:
-
"¡El Elvis de Cuba!" -Dan Rather.
-
“¡Castro es el político más honesto y valiente
que he conocido! ¡Viva Fidel!”. Jesse Jackson.
-
"¡Si usted cree en la libertad, la justicia y la
igualdad, no tiene otra alternativa que apoyar a Fidel Castro!"
- Harry Belafonte.
-
"Castro es un genio y Cuba es un Paraíso!" -
Jack Nicholson.
-
"¡Tremendo tipo!" - Ted Turner.
Desgraciadamente, la locura en cuanto al tema de
Castro no está estrictamente confinada a los locos.
-
"Castro ha hecho cosas buenas para Cuba." - Colin
Powell.
-
"Castro expulsó a un desmadrado y liberó a los
pobres de Cuba" - Stephen Ambrose, ya fallecido, el historiador
más leído en Estados Unidos .
El London Times, publicación conservadora y
respetada, propiedad de Rupert Murdoch, llegó a editorializar sobre
“los logros” de Castro.
Entre las figuras históricas, Fidel Castro ha sido,
sin dudas, el mentiroso más efectivo de los tiempos modernos. Su
efectividad fue muy favorecida por una prensa mundial aduladora,
deslumbrada por su posición como el más prominente símbolo del
antiamericanismo. Сon semejante fama, mucho puede ser perdonado,
pasado por alto, ignorado o simplemente falsificado. Si todo lo que
oímos y leemos constantemente sobre Fidel Castro y la Revolución
Cubana en la prensa fueran solamente errores, sería menos
repelente. En realidad, los clichés de la prensa y del mundo
académico usualmente ponen la verdad de cabeza. Recibimos el opuesto
preciso de la verdad. La ignorancia (usualmente voluntaria) d e las
condiciones en la Cuba pre-Castro, de los antecedentes de Fidel
Castro, de las relaciones U.S.-Cuba antes de 1960, todo contribuye a
la leyenda sobre Castro, de frases hechas. Con los medios de
información regodeándose en la orgía de frases hechas sobre Castro,
examinémoslas una a una, sin especial orden de importancia.
Frase hecha no. 1: El valiente Castro triunfó al desafiar a unos
Estados Unidos incansablemente hostiles, que trabajaban sin cesar
para derrocarlo.
Los hechos: “Terminamos
obteniendo exactamente lo que siempre quisimos”, escribió Nikita
Khruhschev sobre la solución de la Crisis de los Misiles.
“Seguridad para el régimen de Fidel Castro y misiles
retirados de Turquía. Hasta hoy Estados Unidos ha cumplido su
promesa de no interferir con Castro y no permitir a nadie que
interfiera con Castro (las itálicas mías). Después de la muerte
de Kennedy, su sucesor Lyndon Jonson nos aseguró que él mantendría
la promesa de no invadir Cuba”.
Henry Kissinger, como Secretario de Estado de Gerald Ford, renovó el
compromiso. Después de la “solución” de la Crisis de los Misiles, el
“desafío” de Castro a Estados Unidos tomó la forma de que la Guardia
Costera Estadounidense y aun la Marina Británica (cuando algunos
intrépidos luchadores por la libertad trasladaron sus operaciones a
las Bahamas) lo protegieron contra ataques de los exilados. Lejos de
“desafiar” a una superpotencia, Castro se escondió bajo las faldas
de dos superpotencias, además del Imperio Británico.
Frase hecha no. 2: La Cuba pre-Castro
era una verdadera colonia estadounidense, codiciosamente explotada
por compañías estadounidenses y sus más notorios delincuentes, que
mantenían a la desafortunada isla como casino sórdido, y burdel.
Castro rectificó esa vergonzosa condición.
Los hechos: En 1958,
solo un 7 por ciento del capital invertido en Cuba era
norteamericano, y menos de un tercio de la producción azucarera de
Cuba (su cosecha más importante) provenía de compañías
estadounidenses. En esa época, Cuba tenía un gran total de tres
casinos de juego (Gulfport Mississippi tiene hoy tres veces ese
número).
Exactamente un hotel pertenecía a las
pandillas (compare eso con Las Vegas y pregúntese quien pide que
Nevada sufra el estalinismo para rectificar esa condición
vergonzosa).
En 1958 Cuba tenía aproximadamente 10,000
prostitutas. Hoy se estima que 150,000, muchas de ellas jóvenes de
14 años, ejercen su oficio en la isla desesperada.
Y para rematarlo todo: En 1950 más cubanos (de una población de seis
millones) pasaban sus vacaciones en Estados Unidos que
norteamericanos (de una población de 200 millones) las pasaban en
Cuba. En esos tiempos, los cubanos no venían a establecerse en
Estados Unidos en cantidades apreciables. De hecho, como porcentaje
de población, Cuba recibía más inmigrantes (principalmente de
Europa) a comienzos del siglo XX que Estados Unidos. En los 1950s,
cuando los cubanos eran completamente libres para emigrar con todas
sus pertenencias, y las visas estadounidenses eran otorgadas con
sólo pedirlas, menos cubanos vivían en
Estados Unidos que norteamericanos en Cuba.
Frase hecha No 3: Fidel Castro derrocó al Batista
“respaldado por EE.UU.”, cuyos protectores y títeres se pusieron
instantáneamente frenéticos ante su derrocamiento.
Tan pronto como Castro entró en La Habana, Estados
Unidos comenzó a golpear con su gran garrote, sin apenas menear una
zanahoria. Eso empujó a Castro hacia los brazos de la madre Rusia.
El pobre hombre no tuvo alternativa ante tales reiteradas
belicosidad y bravuconería, caracterizadas por un embargo vengativo
e inefectivo.
El ex-embajador estadounidense en Cuba, Earl T.
Smith, durante testimonios congresionales en 1960, declaró
abiertamente: “Nosotros pusimos a Castro en el poder”. Se refería a
las actuaciones del Departamento de Estado y la CIA en ayudar,
moral y materialmente a los rebeldes castristas, a su retirar la
alfombra debajo de Batista con un embargo de armamentos y finalmente
con la orden estadounidense de que Batista abandonara Cuba.
El embajador Smith sabía algo sobre estos hechos
porque él personalmente entregó los mensajes a Batista, a quien
después se le negó exilio en Estados Unidos.
”Yo y todo mi personal éramos fidelistas”, alardeaba Robert
Reynolds, el “especialista del Buró del Caribe sobre la Revolución
Cubana” en la CIA desde 1957 a 1960. Estados Unidos dió su bendición
oficial al régimen de Castro con más rapidez que al reconocer a
Batista en 1952, y le prodigó $200 millones en subsidios.
En agosto de 1959, el liberal embajador
estadounidense en Cuba, Philip Bonsal, alertó a Castro sobre una
conspiración de cubanos contra su régimen. Gracias en parte a la
deferencia del embajador Bonsal hacia un régimen que insultaba a su
nación como “un buitre atomizar sobre la humanidad”, y preparado
para robarle $2,000 millones a accionistas estadounidenses, la
conspiración contra Castro fue frustrada, cientos de conjurados
fueron encarcelados o ejecutados, y sobrevivió el régimen que tres
años más tarde estuvo cerca de aniquilar con misiles nucleares
muchas de las mayores ciudades norteamericanas (incluyendo el hogar
de Bonsal),
En 1958, cuando el Departamento de Estado y la CIA
estaban ayudando su movimiento, Castro había escrito en confianza a
un colega “La guerra con EE.UU. es mi verdadero destino”. Castro
había enviado guerrillas para tratar de derrocar violentamente
cuatro países soberanos de América Latina, confiscado 2,000 millones
de dólares en propiedades norteamericanas, invitado miles de agentes
militares y policíacos soviéticos, secuestrado 50 ciudadanos
estadounidenses de la Bahía de Guantánamo, y encarcelado y ejecutado
a varios norteamericanos, antes de que levantáramos un dedo en su
contra.
Frase hecha No. 4: “El embargo cubano no funciona.
Nunca triunfó en derrocar a Castro o tan siquiera en moderar sus
políticas. Permite al régimen culpar al “guapo del norte” por sus
fracasos económicos y logra así traer a su lado al pueblo cubano. Es
tiempo de retirarlo.”
Los hechos: Encuestadores españoles realizaron una encuesta
clandestina en Cuba el año pasado y encontraron que menos de un
tercio de los cubanos culpan el “bloqueo” estadounidense por su
situación económica. El embargo norteamericano fue reactivo, no
activo, y vino sólo después que Castro robó 5,911 negocios valuados
en $2,000 millones, de accionistas norteamericanos. Fue (y sigue
siéndolo) el mayor robo de esa clase en la historia. Castro alardeó
de que nunca pagaría un centavo de lo que robó (la única promesa que
haya cumplido).
Si el embargo “falló” es simplemente porque durante
30 años no ha existido el tal embargo.
En 1974, Henry Kissinger permitió a todas las empresas extranjeras
subsidiarias de compañías estadounidenses que comerciaran con Сuba.
Ya que todos los productos de marcas estadounidenses son accesibles
(y más baratos) en México, las tiendas cubanas para turistas y
“tiendas de dólares” han estado por mucho tiempo bien provistas de
productos estadounidenses.
Pero aún esa avenida es ahora discutible. En los
últimos tres años, las compañías estadounidenses han hecho negocios
directos con Сuba por valor de más de mil millones de dólares.
Actualmente, Estados Unidos es el mayor suministrador de alimentos
de Cuba y su cuarto asociado en importaciones. Desde el año 2000,
Cuba ha podido comprar prácticamente cualquier cosa que quiera de
EE.UU. – aunque sólo en efectivo.
Lo que el régimen de Castro anhela (junto con el
cabildo agrícola y la larga lista cubana de tensos acreedores) es
ventas a crédito estadounidenses a Cuba y garantizadas por el Banco
de Exportación e Importación (i.e. contribuyentes norteamericanos).
Cuba ha dejado de pagar tales créditos siempre que se les ha
ofrecido, más recientemente al propio COFACE -Banco de Exportación e
Importación de Francia. La deuda externa de Cuba, principalmente a
Rusia, Venezuela y Europa, se acerca a los $40,000 millones y su
evaluación de crédito, de acuerdo con Dun & Bradstreet, está por
debajo de Somalia. A través de cabildeo congresional, informes
forzados de la prensa , y votos de Naciones Unidas, todos los
sectores arriba mencionados (por razones obvias) urgen a los
contribuyentes estadounidenses a que acudan a su rescate. Se
refieren a esto como “levantar el embargo cubano”.
El contribuyente norteamericano está entre los pocos
en el mundo que no ha sido penetrado y robado por Castro. Como tal,
el llamado “embargo” ha sido un éxito clamoroso.
Frase hecha no. 5: Antes de Castro, Cuba era un
lugar infeliz. Los débitos del régimen de Castro en libertades
políticas están más que compensados por sus créditos en atención a
la salud, educación, alimentación, etc. El London Times describió a
la Cuba pre-Castro como una “isla caribeña empobrecida”. El New York
Times calificó de llamó “casi feudal” la economía cubana en 1958.
Los hechos: Un informe
de la UNESCO alrededor de 1957 sostenía: “Un rasgo de la estructura
social cubana es una gran clase media. La Guía del Departamento de
Comercio de Estados Unidos para los negocios, afirmaba en 1956:
“Cuba no es un país subdesarrollado”. En 1958, esa “isla
caribeña empobrecida” tenía un ingreso per cápita más alto que
Austria y Japón, y los trabajadores industriales cubanos tenían el
octavo lugar entre los más altos salarios del mundo. Cuba tenía
asimismo la más baja tasa de inflación del hemisferio, y su peso
siempre tenía el mismo valor que el dólar estadounidense.
Cuba tenía asimismo más médicos y dentistas per
cápita que Inglaterra y menor mortalidad infantil que Francia y
Alemania, de hecho el número 13 entre las más bajas del mundo.
Hoy, la tasa de mortalidad infantil es la número 34, a pesar de
tener la más alta tasa de abortos del hemisferio, que
artificialmente hace descender la cifra. De forma que, en relación
con el resto del mundo, el cuidado de la salud en Cuba ha empeorado
bajo Castro, y una nación que tenía un gran influjo de inmigrantes
europeos necesita ahora ametralladoras, cañones de agua y t iburones
para impedir que la gente huya del país. En 1980, el 80 por ciento
de los cubanos sabía leer y escribir y Cuba gastaba más en educación
pública, per cápita, que cualquier otra nación de Latinoamérica. En
1958 los cubanos tenían el tercer más alto lugar en consumo de
proteínas en América Latina, más televisores per cápita que
cualquier nación europea, y más autos per cápita que Japón y la
mitad de Europa.
Desde 1962, las raciones de alimentos impuestas por el gobierno son
más bajas que las que ordenaba el Rey de España para los esclavos
cubanos en 1842. El salario promedio es de $10 al mes, y carros
tirados por bueyes son envidiados como medio de transporte en las
áreas rurales de Cuba. El único pueblo
en el mundo con menos teléfonos celulares per cápita que los cubanos
vive en Papua, Nueva Guinea.
Y todo esto después que los soviéticos
le prodigaron a Castro el equivalente de seis planes Marshall, y no
a un continente de 300 millones de habitantes devastado por la
guerra, sino a una isla de 6.5 millones de habitantes que
anteriormente disfrutaba todo lo que se ha mencionado más arriba.
En cuanto a la Cuba “rural casi feudal”, como la
describió el New York Times:
De acuerdo con la Organización Internacional
del Trabajo, radicada en Ginebra, el salario promedio de un
trabajador agrícola en Сuba, en los 1950s, era más alto que en
Francia, Bélgica, Dinamarca o Alemania Occidental.
También, lejos de haber grandes latifundios que dominaban el
paisaje agrícola, la granja promedio en Cuba en 1958 era más pequeña
que la granja promedio en EE.UU.
Frase hecha no. 6: La Bahía de Cochinos fue
un “fiasco” porque los cubanos en Cuba apoyaban abrumadoramente el
régimen de Castro y no estaban motivados a pelear como lo habían
hecho contra el régimen de Batista.
Los hechos:
Inicialmente, creyendo que el momento de liberación había llegado,
batallones enteros de las milicias de Castro se rindieron en
masa a los invasores. Sólo cuando se hizo obvio que los
invasores habían sido abandonados y ningún apoyo estadounidense
estaba en camino, se cerró el cerco. Aún entonces, un avión de
reconocimiento estadounidense a chorro detuvo la mayor parte del
fuego de las fuerzas de Castro. Después de la batalla, Fidel Castro
mismo estaba irritado por el poco espíritu de combate de sus
tropas.
Más hechos: Una feroz guerra anticomunista de guerrillas
ardió en la Cuba rural desde
1960 hasta 1966, que involucró diez veces el número
de rebeldes que peleó nunca contra Batista. El mismo Raúl Castro
admitió que sus tropas, milicias, y los asesores soviéticos
enfrentaban a 179 diferentes “grupos de bandidos”, como llamaban a
los luchadores por la libertad. Decenas de miles de tropas,
veintenas de asesores soviéticos y escuadrones de tanques,
helicópteros y lanzallamas soviéticos finalmente extinguieron la
solitaria lucha cubana por la libertad. En todo el resto del
planeta, el eje prensa liberal/academia se refiere a acontecimientos
semejantes como “insurgencia” y como una prueba de que “el pueblo”
se opone a sus gobernantes.
“Engáñame una vez”, se dice, “Vergüenza para mí”.
Engáñame dos, vergüenza para ti”.
Ya en el exilio, los refugiados cubanos trataron de
hacer prevalecer la verdad.
Los resultados han sido --para decirlo en forma
delicada—“mixtos”. Los medios de información prevalecientes se
mantienen reverentes ante el Gran y Poderoso Fidel. Los principales
detractores de Castro carecen de adecuado prestigio. Pocos grupos
étnicos han llegado a estas costas llevando un equipaje tan fuera de
moda. No es que traigan mucho. Los más llegan con la ropa que traían
puesta, todas sus otras pertenencias han sido robadas por Castro.
Entonces estas gentes multiplican por diez la maldición mezclándose
con la clase media en una generación y convirtiéndose así en el
grupo étnico más próspero y republicano en la historia de Estados
Unidos. Del 71 al 82 por ciento de los cubano-americanos votan por
los republicanos. De modo que los tabúes usuales referentes a la
discusión de grupos étnicos se desvanecen cuando se discute sobre
norteamericanos de origen cubano. Norman Birnbaum, profesor de
Georgetown y consejero presidencial demócrata se refiere a ellos
como “esos verdaderamente censurables cubanos de Miami”. Durante el
circo sobre Elian González, Bryant Grumbel se refirió a los
manifestantes cubanos como “repugnantes”, y Alexander Coburn,
escritor de The New Republic y Nation, recomendó “bombardeo nuclear”
sobre la Pequeña Habana de Miami
Aun así, no surgió histeria de los lugares acostumbrados. No siguió
ninguna algarabía como la que acosó a John Rocker, Jimmy el Griego y
Mel Gibson. Todos los llorones profesionales en asuntos relativos a
la “sensibilidad étnica” permanecieron ensordecedoramente mudos.
Así que ¿que hay ahora con Cuba? Raúl, el sucesor de
Fidel, fue el que dio la orden de ¡Fuego! para la masacre mencionada
al principio de este artículo. “Les presento al nuevo jefe”,
escribió Pete Townsend, “igual que el viejo jefe”.
Ahí tienen el panorama. Dado el humor de los tiempos,
y dada su personalidad opaca, es improbable que Raúl reúna los
mismos aplausos mediáticos que su hermano. Pero ya está siendo
descrito por la prensa prevaleciente como “pragmático”, “eficiente”,
“administrador hábil”, ”más abierto”, etc.
Y, de acuerdo con sus antecedentes, ¿por qué no
creerlos?”
Humberto Fontova es el autor de “Descubriendo al
verdadero Che Guevara y los idiotas útiles que lo idolatran.
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