Fernando Luis
Egaña El túnel del tiempo desfiló en Fuerte Tiuna. Hasta Kim IL Sung fue aplaudido a rabiar en el millardario Festival Mundial de la Juventud. La inauguración del millardario festival fue todo un episodio surrealista. Como si el Muro de Berlín no hubiera sido derribado hace ya casi 16 años. Loas a todos los capitostes del socialismo decrépito, incluyendo, no faltaba más, a esas “cumbres de humanismo” que llaman Kim Il Sung y su retoño sesentón Kim Jong Il. Pyongyang y Miraflores pa’ lo que salga. Este esfuerzo de propaganda, con naftalina y todo, le está costando al Fisco Nacional una buena tajada. Más de 17 mil participantes de más de 100 países con todos los gastos pagos, incluyendo pasajes aéreos y por lo menos 10 días de turismo tropical, no sale por menos de varias decenas de millones de dólares. Se supone que la “nueva Pdvsa” se encarga de las facturas. Estos festivales fueron un invento de la órbita soviética para celebrar las hazañas del socialismo real. Uno de los últimos se celebró en Moscú, en 1985. Un lustro después, la Unión Soviética dejaba de existir y la plata para financiarlos por todo lo alto, también. Ahora la botija petrolera de la “revolución bolivariana” hace posible la resurrección del ensamble, no tanto ya para entonar la “Internacional”, sino para caerle encima a la globalización. En Caracas andan los intelectuales de la “gauche caviar”, los activistas de Porto Alegre, los Manu Chau de la música progre, los nietos de los “pecus”, los funcionarios de la “Juventud Rebelde”, los “revolucionarios” europeos en traje de playa y, en primera fila, los numerosos delegados de un siniestro Estado que se llama oficialmente Choson Minchuchui Inmin Kongwaguk, que traducido al idioma de Fidel Castro significa República Democrática Popular de Corea. Siniestro, entre otras cosas, porque Corea del Norte sufre una persistente hambruna que, según la FAO, afecta al 48% de la población y que en años recientes ha ocasionado más de 3 millones de víctimas. Imagino que el saliente Izarra y el entrante Pimentel alegarán que son embustes de Seoul y de su patrono imperial, Washington. Total, que los miles de festivaleros estarán de lo más atareados rindiéndole culto al nuevo héroe de esos altares, cuyo mensaje de redención social lo ha resumido bastante bien la legionaria Lina Ron: “Con Chávez todo, sin Chávez plomo”. Ajetreo que, como es natural, tendrá su buena dosis de rumba entre tanto despertar de la conciencia. Parece que la cadena inaugural duró varias horas. Pero con sólo dedicarle unos minutos se podía apreciar lo que significa un túnel del tiempo. Aunque, la verdad sea dicha, no hacía falta que la Miraflores “bolivariana” se trajera a los retoños del viejo comunismo internacional para que el anacronismo se hiciera sentir. Y es que, con o sin vítores a Kim Il Sung, ya el conjunto de Venezuela está en un túnel del tiempo. Pero no tanto hacia las edades del socialismo desvencijado, sino hacia la época decimonónica de nuestro caudillismo despótico y militarero ====================================================
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