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Brasil: Realidad y Reformas
Brasil regresó a la democracia
en 1985. Se redactó una nueva constitución en 1988 (a favor de
la intervención en la economía, ahora con 53 enmiendas), pero
la vida económica brasileña empezó a cambiar en 1990, cuando
tomó posesión el presidente Fernando Collor de Mello. Fue
encausado dos años después. La noción prevaleciente es que fue
encausado por corrupción, pero un análisis más profundo
muestra que perdió el poder por su inhabilidad para negociar
con el Congreso y especialmente a causa de las profundas
reformas que estaba implementando para abrir la economía. Por
primera vez en la historia de Brasil, el país estaba vendiendo
compañías pertenecientes al estado y reformando el gobierno
federal con la eliminación de viejos e ineficientes
ministerios y secretarías.
No debemos olvidar que Cardoso es un social demócrata y que muchas de sus reformas eran urgentes para la economía, porque el estado no podía permitirse financiar sus propias compañías. Las reformas eran indispensables pero ideológicamente no eran convicciones de un social demócrata brasileño como Cardoso.
Durante los años de Cardoso, el congreso aprobó una reforma de la seguridad social en el sector privado, pero no pudo aprobar la reforma de las pensiones públicas. Al final de su segundo término, el estado gravaba el 36% del Producto Nacional Bruto.
Independencia del Banco Central. Reforma de leyes laborales Reforma de leyes sindicales. Reforma de leyes fiscales (Reducción de impuestos y racionalización de los tres niveles, local, estatal y federal) – Actualmente hay 74 diferentes clases de impuestos en Brasil.
Privatización. Reforma política. Reforma de la seguridad social. Abolición de regulaciones y reducción de la intervención estatal (reducción de la corrupción y burocracia). Reducción del Estado (reducción de la corrupción). Reforma Jurídica (actualmente cualquier proceso puede tomar 15 años, debido a las diferentes clases de apelaciones en los distintos niveles).
Racionalización de las leyes ambientales. (Actualmente ocasionan intervenciones a distintos niveles, locales, estatales y federales, puesto que la obtención de permisos para iniciar negocios puede tomar más de tres años.)
Más independencia para las agencias reguladoras. Desde el regreso a la democracia, de 1985 a 2005, Brasil está creciendo a un promedio de 2.62% anual. A continuación, los promedios desde 1985:
1985-1989: 4,39%
1952-1963: 6,99% (gobierno
democrático)
El mercado de trabajo brasileño tiene serios problemas. Alrededor del 55% del mercado laboral de Brasil es informal. El otro 45% está copado por la CLT (Concolidacao das Leis Trabalhistas), la ley laboral brasileña, escrita en los 1940s e inspirada en la “Carta di Lavoro” (Carta del Trabajo), la ley laboral italiana durante los años de Mussolini. Las regulaciones de la ley laboral brasileña aumentan los costos a un nivel del 103.46%. Así que a cualquier empleador un trabajador le cuesta un 103.46% más que su propia remuneración. Cuando se ocupa una plaza laboral, el estado gana más en ella que el propio trabajador. Como resultado, hoy en día el sector informal es mayor que el formal. A principios de 2006, el desempleo bajó de 9.8% a 9.2%.
Brasil no es atractivo ni para los inversionistas extranjeros ni para los nacionales. La tasa real de interés anunciada por el Banco Central en enero es de 13.19%, una de las más altas del mundo. Algunos dicen que la estabilidad de Brasil está basada en tasas altas de interés que evitan el consumo y controlan la inflación. En tal caso, el país debía efectuar reformas estructurales liberales y abolir regulaciones a fin de crear empleos y promover inversiones foráneas y domésticas y, al mismo tiempo, reducir lentamente las tasas de interés.
Según el Banco Mundial, Brasil esta en el lugar 121 de una lista de 175 en cuanto a la facilidad de hacer negocios. Está detrás de Argentina, México, Uruguay, Perú, Colombia y Paraguay, sus vecinos. Y no sólo eso. Está en el lugar 151 en el pago de impuestos y en el 139 en obtener licencias. Brasil no lo está haciendo muy bien si está en lugar 115 para empezar un negocio y en 135 para poder terminarlo. Está claro que la burocracia sigue siendo el enemigo. En cuanto a protección a los inversionistas (60) luce mejor, pero en lo que concierne a registrar la propiedad (124), está claro que a Br asil le queda un largo trecho por andar.
*Mario C. Coimbra es Director-Ejecutivo de Parlata, y Analista Político Jefe en el Instituto Hayek en Viena, Austria. Envíe sus comentarios a marciocoimbra@gmail.com. Traducido por el Dr. E.A Rivero. |