En defensa del neoliberalismo

 

Límites a la tolerancia

 

Charles Krauthammer

En 1977, cuando un grupo de neo-nazis decidió desfilar a través de Skokie, un suburbio de Chicago con numerosos sobrevivientes del Holocausto, hubo controversia sobre si debería permitirse. Yo pensé que sí. ¿Por qué? Porque los neo-Nazis eran totalmente impotentes.

Si no lo hubieran sido, si hubieran sido un partido en ascenso, como lo fueron en la Alemania de los años 20, hubiera estado no sólo por prohibir la marcha sino por utilizar contra ellos toda medida de hostigamiento y persecución, desde la deportación hasta la cárcel. Una sociedad tolerante tiene la obligación de ser tolerante. Excepto con los que quieren abolir la tolerancia.
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Llámelo liberalismo situacional. Las libertades deben ser tan ilimitadas como sea posible, a no ser y hasta que surja una verdadera amenaza contra la sociedad abierta. Los neo-nazis son patéticos. ¿Por qué limitar las libertades civiles para detenerlos? Pero cuando surge una verdadera amenaza - como el yihadismo - , una sociedad liberal democrática tiene que desplegar todos sus recursos, incluyendo los poderes represivos del estado, para disuadir y derrotar a lo que quisieran abolir la democracia liberal.

Los libertarios se vuelven locos cuando uno esgrime este argumento. Nos advierten que hay que tener cuidado con la resbaladiza pendiente. Se empieza investigando lo que se lee en una biblioteca y se termina con el Hermano Mayor y con cámaras filmando en nuestros cuartos.
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El problema con ese argumento es que la historia americana lo refuta. No hay pendiente resbaladiza, solo hay una línea cambiante entre la libertad y la seguridad que responde a la situación concreta.

Durante la Guerra Civil,  Abraham Lincoln llegó a suspender el habeas corpus. Cuando la guerra terminó, Estados Unidos regresó a su habitual y escrupuloso respeto por los derechos individuales. Durante la II Guerra Mundial, Franklin Roosevelt mandó a internar a los japoneses. Su política fue rápidamente cancelada (posteriormente se dieron excusas) y poco después EEUU se embarcó en un período de expansión sin precedentes de los derechos civiles. De manera similar, los abusos del poder presidencial cuando la Guerra de Vietnam fueron posteriormente criticados y rectificados por el Congreso.

Nuestra historia es clara. Nunca hemos resbalado hacia una limitación de nuestros derechos individuales independiente de las necesidades y de las amenazas. Y tras el asesinato masivo del 11 de septiembre, EEUU tuvo que tomar consciencia de la necesidad de restringir los derechos civiles, limitada y temporalmente, para impedir que nuestros enemigos utilicen esas mismas  libertades civiles para atacarnos y cometer más atrocidades.
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Ahora Gran Bretaña está despertando, post-7/7. Bueno, al menos su Primer Ministro. Su dramático anuncio de que Gran Bretaña va a restringir su patológica apertura a los que quieren destruirla - poniendo fuera de la ley a los que estimulen el odio y hagan  incitaciones a la violencia, y expulsando a los que participen en esas actividades - no fue bien recibida por todos.

Su propia esposa hizo un discurso una semana después del segundo ataque contra Londres advirtiendo, con increíble arrogancia, contra la restricción de las libertades civiles. "Es muy fácil responder en una forma que socave nuestro compromiso con nuestros más queridos valores y con nuestro derecho a llamarnos una nación civilizada" declaró Cherie Blair. Sólo hay que leer el programa de 12 puntos de Tony Blair para apreciar cuán absurda fue la defensa que hizo su esposa del status quo británico anterior al 7/7.
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Por ejemplo, el punto 3: "Cualquiera que haya participado en actos terroristas, o haya tenido que ver con él en cualquier parte, automáticamente verá rechazada su petición de asilo en nuestro país." ¿Qué país en su sano juicio concedería asilo a terroristas, en primer lugar?

El punto 5, mi favorito, declaró "inaceptable" el hecho que un hombre acusado del atentado terrorista contra el metro de París en 1995 haya resistido exitosamente su extradición a Francia durante 10 años.
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Las proposiciones de Blair representan un progreso, aunque sea partiendo de un nivel muy bajo, tan bajo que el simple anuncio de su intención de reprimir ha tenido un efecto inmediato. A los tres días, el notorio Sheik Omar Bakri Mohammed, un clérigo nacido en Siria que ha estado predicando abiertamente yihad desde hace 19 años, huyó del país y se escondió en Beirut.

A Bakri no solo se le había permitido plena libertad de acción todo el tiempo sino que había recaudado más de 300,000 libras esterlinas en beneficios de asistencia social, más un regalo de 31,000 libras que le habían hecho  algunos infieles contribuyentes: un Ford Galaxy (debido a una lesión que sufrió en la pierna durante su infancia).

Hicieron falta 52 muertos para que el primer ministro abandonara el socialismo suicida y adoptara un liberalismo situacional. O como dijera Blair, "Las reglas del juego están cambiando," declarando así su disposición, de alterar el status quo en nombre de una elemental auto-defensa.
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Antes de partir de Gran Bretaña, Bakri se quejó de lo injusto que sería deportarlo del país que tantas veces había maldecido: "Yo tengo esposas, hijos, yernos, nueras. La deportación sería dura para mi familia."

Esposas, nada menos.  El punto 10 del plan de Blair plantea establecer una comisión para tratar de que los inmigrantes adopten más costumbres locales...

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Agosto 12, 2005
Tomado del Washington Post
Traducido por AR

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