En defensa del neoliberalismo
 


Nostalgia socialista

 


 
Aníbal Romero

La revolución de Hugo Chávez entró en la etapa de su nostalgia
socialista.

Ello significa la búsqueda de un espejismo en cuyo camino y a cuyo
nombre se pagarán enormes costos, se cometerán irreparables errores y
se ejecutará toda suerte de tropelías, para al final alcanzar el abismo
de todos los proyectos socialistas que han existido y los que faltan
por ser soñados.

En el caso venezolano actual la nostalgia socialista tiene motivaciones
generales, y otras particulares a nuestra condición. En general, esa
nostalgia se sustenta en tres rasgos de la izquierda mundial desde
mediados del siglo XIX. En primer lugar, la verdad inocultable de que
el capitalismo y la democracia representativa no son perfectos, no
niegan que no lo son, y admiten que jamás lo serán. Por lo tanto
siempre habrá espacio para que las tendencias utópicas arraigadas en el
alma humana, y cultivadas por la izquierda, intenten alcanzar la
perfección, destruyendo el capitalismo para sustituirlo por el
inservible pero para algunos atractivo sueño socialista.

El socialismo es también una ilusión anacrónica enraizada en la
herencia tribal de la humanidad, en los desafíos que la vida moderna
impone al individuo, y en las duras exigencias que nos hace una
existencia carente de las presuntas seguridades de los “paraísos”
socialistas como la ex Unión Soviética o la Cuba castrista.

La economía de mercado, la sociedad abierta, el pluralismo ideológico,
la libertad personal y la democracia representativa son conquistas
recientes y precarias, retos permanentes para un ser humano que lleva
grabadas en su espíritu las huellas del legado histórico colectivista.
No es fácil ser libres, y muchas veces los pueblos prefieren la seguridad autocrática a la libertad democrática.

En tercer lugar, los hechos demuestran que la izquierda no aprende. De
nada importan el derrumbe de la URSS, el horror norcoreano, el desastre
maoísta, el patético desencanto de una Cuba tiranizada por décadas, en
fin, las reiteradas muestras de que el socialismo es un rumbo que
desmantela los incentivos para superarse individualmente, y conduce a
las sociedades que lo acogen al autoritarismo político y la ruina
económica. Esto no importa pues ser de izquierda constituye una
actitud, más que una convicción razonada; una postura romántica, más
que una conceptualización ordenada; una bandera emocional, más que un
programa valedero. Ser de izquierda es cómodo pues permite cuestionar
una realidad a todas luces imperfecta, comprometiéndose
irresponsablemente a cambiarla por un sueño, que siempre será un sueño
a pesar de sus constantes transformaciones en pesadilla.

En cuanto a las peculiaridades de la nostalgia socialista en Venezuela, son las siguientes.

Primero, con Hugo Chávez llegó al poder una gruesa parte de la
izquierda venezolana que jamás aceptó la autocrítica. Esa izquierda,
ahora en control parcial del Estado, cerró sus ojos y tapó sus oídos a
la realidad e implicaciones del colapso del comunismo, y no quiso
cuestionar las certidumbres de su pasado.

Se trata de fósiles intelectuales extraviados en un mundo al que rechazan.

En segundo lugar el bolivarianismo, que da para todo, ya es
insuficiente como empeño de dimensiones continentales. La revolución
chavista requiere una visión y un programa con otra entidad teórica,
ahora designados como socialistas tanto por el lastre ideológico de la
izquierda como por las consecuencias derivadas de la definición del
enemigo, es decir, Estados Unidos, la oligarquía doméstica, la
democracia representativa, y la economía de mercado, que es
incompatible con el igualitarismo forzado y el culto a la pobreza. A
ello se suma que los recursos financieros del Estado venezolano
posibilitan subvencionar cualquier disparate de quienes le controlan.
Un socialismo con petróleo puede temporalmente prescindir de la sangre
y el fuego.

Por último, la nostalgia socialista de la revolución chavista asume un
modelo acorde con el fortalecimiento de su control interno,
asegurándose en paralelo una audiencia internacional a toda prueba. El
socialismo es una desgracia anunciada en lo económico, pero
proporcionará los mecanismos de dominio político que garanticen la
perdurabilidad del régimen. Recuérdese que todo socialismo deviene en
dictadura. De paso, la izquierda internacional, en especial la europea
y estadounidense, estará dispuesta a respaldar cualquier insensatez
tercermundista en tanto se vincule con el sueño socialista. Fidel
Castro sobrevive como prueba palpable de ello.

De modo que la revolución venezolana seguirá su ruta hacia algún tipo
de caos socialista, hasta que su fracaso nos arrastre a todos.