| En defensa del neoliberalismo |
MARY ANASTASIA O'GRADY
La escena se desarrolló en una reunión del Comité Inter-Americano Contra el Terrorismo, una agencia de la Organización de Estados Americanos. Fue pocos días antes de la reunión del comité en Bogotá, el 24 de marzo, cuando planeaba emitir una declaración sobre la cooperación hemisférica para luchar contra el terrorismo.
El salón estaba lleno de diplomáticos que estaban tratando de redactar el texto final. Pero, como luego se descubrió, la reunión era cualquier cosa menos diplomática. En realidad, algunos de los presentes dijeron cosas realmente ofensivas.
Venezuela fue la fuente de esas expresiones. Insistió en repetidas ocasiones que las referencias a la Resolución 1540 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -- que trata de limitar la proliferación de armas nucleares -- fueran eliminadas del documento de Bogotá. En tres ocasiones diferentes, una fuente me dijo que Venezuela se oponía al lenguaje de la "no-proliferación".
Eventualmente, esto provocó un acalorado intercambio cuando Colombia fue a un mano-a-mano con su vecino, insistiendo que la 1540 era esencial El resto de la reunión respaldó unánimemente a la posición colombiana. Venezuela quedó aislada.
La izquierda americana está disfrutando echándole la culpa del anti-americanismo latinoamericano a George W. Bush, así como la Guerra de Irak y hasta la Guerra Fría. Pero lo que casi nadie menciona es el temor que el presidente Hugo Chávez está generando en la región. Los gobiernos de la región están tomando conciencia de que si los yanquis realmente se van para su casa, el vacío pudiera ser llenado por el agresivo venezolano. Actualmente está expropiando campos petroleros de propiedad extranjera y utilizando su riqueza petrolera para comprar cazas de combate y miles de AK-47s, lo que difícilmente sugiere intenciones pacíficas. Sus estrechas relaciones con los dictadores de Cuba, Irán y Siria son igualmente preocupantes.
En la reunión de Bogotá, se suponía que la "Declaración de San Carlos sobre Cooperación Hemisférica para Comprensivas Medidas para Luchar contra el Terrorismo" fuera un comunicado multilateral estándar, un pequeño primer paso para mostrar solidaridad regional contra el terrorismo. Pero Venezuela se comportó como un borracho en una fiesta. "No tenía sentido," me dijo un participante. "Parecía como si simplemente estuvieran tratando de hacer fracasar la iniciativa."
Quizás, sin embargo, hubiera un método en la locura. Tomemos, por ejemplo, el reconocimiento del documento de que "las actividades del crimen organizado transnacional pueden ser usadas por grupos terroristas para financiar y facilitar sus actividades criminales."
Todos los países firmaron esa declaración menos Venezuela, que presentó la siguiente observación, en gran medida ininteligible: "La República Bolivariana de Venezuela no puede apoyar esta redacción…dirigida hacia señalar una conexión directa y permanente entre el terrorismo y el crimen organizado transnacional, puesto que implica un repudio a las normas del debido proceso jurídico y la presunción de inocencia, principios universalmente reconocidos en el área de los derechos humanos."
La relevancia de esta objeción a lo que se estaba proponiendo no resultó evidente a los otros delegados. Como lo describiera un participante, los venezolanos “no ayudaron sino que, todo lo contrario, se opusieron a reconocer los vínculos entre el crimen organizado y el terrorismo."
Pero quizás la propuesta de declaración conjunta había tocado un punto sensible. Un congresista venezolano cercano a la maquinaria de Chávez, Luis Velásquez Alvaray, ha sido acusado en un masivo escándalo de corrupción y, según la revista Economist, había respondido que “los narcotraficantes están dirigiendo la inteligencia militar venezolana" y que el Ministro del Interior Jesse Chacón "es un peón del crimen organizado." Es difícil saber cuanto de verdad habrá en esta rencilla interna, pero sugiere razones por las qué el régimen de Chávez pudiera ser alérgico a una condena multilateral del crimen organizado. Esto no fue lo único que suscitó objeciones venezolanas. El comité se comprometió a luchar contra "amenazas terroristas emergentes" tales como el ciber-crimen y el bioterrorismo, así como actos contra el turismo o la infraestructura crítica y el uso de armas de destrucción masiva y materiales relacionados con las mismas. Propuso "desarrollar y adoptar programas cooperativos" para luchar contra estas nuevas potenciales amenazas terroristas.
Venezuela volvió a objetar. "No hay una definición común de amenazas emergentes," insistió su delegación, añadiendo otras quejas sobre "elementos que no son consistentes con las realidades del hemisferio." Una vez más, esto parecía una objeción sin fundamento destinada a descarrilar el proceso. Otros delegados señalaron que la declaración hemisférica de seguridad firmada en Ciudad de México en el 2003 ya había definido las "amenazas emergentes."
Finalmente, el comité declaró su compromiso con la 1540, que, según dijo, "busca prevenir la posibilidad de acceso a, posesión de, o uso de materiales y armas de destrucción masiva y sus medios de transporte por agentes no estatales...” Venezuela se levantó para volver a objetar. Dijo que la agencia de la OEA no era "el foro apropiado" para debatir la 1540. ¿Pudiera ignorar alguien en el salón el hecho de que las guerrillas colombianas de las FARC, que Chávez ha sido descubierto apoyando, son "actores no-estatales"?
Se dice que, en privado, los delegados estaban escandalizados por el comportamiento venezolano. Y con razón. El precio del petróleo sigue subiendo y el gobierno venezolano está usando cada dólar para conseguir más poder nacional e internacionalmente. El hombre que fuera contemplado como un instrumento útil contra los gringos ahora es reconocido como una amenaza regional.
Me dijeron que gobiernos tan políticamente diversos como Argentina, México, Chile y Colombia se alinearon en oposición a los esfuerzos venezolanos por descarrilar la conferencia de Bogotá. Pero una prueba más crítica de la solidaridad latinoamericana se va a producir cuando la región tenga que decidir qué país latinoamericano va a suceder a Argentina como miembro no-permanente del Consejo de Seguridad Naciones Unidas. Los dos candidatos son Venezuela y Guatemala. El embajador Americano, John Bolton, ha dicho que Venezuela es inaceptable, planteando un opción a los gobiernos latinoamericanos entre reasegurar a EEUU o apaciguar a Chávez.
En una ulterior demostración de preocupación americana, el Pentágono anunció esta semana que un portaaviones americano y su grupo de apoyo se van a desplegar en el Mar Caribe. EEUU está tomando a Chávez en serio. Es probable que las otras democracias de la región, que corren un mayor riesgo, también lo estén haciendo. ==================================================== Tomado del Wall Street Journal April 7, 2006 Traducido por AR ==================================================== |